Tomada del blog de Eterna Cadencia, la que sigue es una entrevista, publicada el pasado 19 de septiembre, con Jacobo Zanella y Mauricio Sánchez, los editores de Gris Tormenta, interesante editorial mexicana con sede en la ciudad de Querétaro.
lunes, 26 de septiembre de 2022
Hablan los editores de Gris Tormenta
“Publicamos ensayo que no busca respuestas, sino convivencia con la duda”
La Feria de Editores, en Buenos Aires, fue todo un éxito en esta nueva edición con sede renovada, y recibió numerosos sellos extranjeros, algunos de ellos visitantes por primera vez. Entre esos estuvo Gris Tormenta, al mando de Jacobo Zanella y Mauricio Sánchez, la única mexicana de esta edición, proveniente de Querétaro.
Continuando con nuestra serie de entrevistas a editores, y hoy toca el turno a esta casa que publica pensamiento literario a través del ensayo y la memoria.
"Gris Tormenta es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneos. Títulos que amplían y profundizan la curiosidad del lector, estructurados alrededor de la idea del libro mismo. La filosofía editorial de Gris Tormenta se desprende de una filosofía de la lectura, de la atención a lo que nos habla y del placer de la imaginación: más que descubrir nuevos autores, se proponen nuevas discusiones sobre dudas inquietantes y nuevas perspectivas y lecturas de textos existentes", explican sus editores, y sostienen que cada título es la respuesta a una pregunta, a una idea o a un debate originado por la misma editorial.
"Nos interesa transmitirlo con una voz propia", advierten sobre sus libros de diseño sobrio y elegante que se reparten en dos colecciones: Disertaciones (colección de antologías alrededor de un tema debatido por un grupo heterogéneo de voces o alrededor de una pregunta que sugiere una disertación colectiva: migración y exilio, viajes espaciales o navegaciones del mundo de Georges Perec, por caso) y Editor (narraciones en primera persona que revelan los distintos procesos, largos e inesperados, que existen antes de que un libro sea abierto por un lector).
En esta segunda colección de memorias y ensayos dedicados a los múltiples oficios de la edición acaba de salir el argentino Alan Pauls con Fallar otra vez, compartiendo catálogo con Mario Muchnik, Thomas Bernhard, Jhumpa Lahiri, Emily Gould o Pablo Duarte e Ilegible. Crítica, retórica y filosofía literaria; creación, composición, traducción y edición. "Raros hallazgos e historias originales sobre las grandes ideas que suceden en el backstage de la literatura y el libro en el mundo", dicen. De eso se trata.
–¿Cómo nació Gris Tormenta?
–Nació por iniciativa de uno de los editores, después de haber estudiado el Máster en Cultura Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid y haber estado en contacto, como parte de su tesis, con varios editores locales. Ese fue el último empuje, digamos, porque antes de eso ya tenía una larga vida como lector, sobre todo de editoriales independientes latinoamericanas. Para el nombre hubo varios candidatos, pero nos gustaba Gris Tormenta por sugerir una atmósfera de lectura y porque refleja el anhelo de algo que no tenemos. Querétaro, la ciudad donde vivimos, es muy luminosa, calurosa y seca: tiene un promedio anual de 330 días de cielo azul y poquísimos milímetros de lluvia. Más que vender libros, al principio nos preocupaba ser una editorial que se identificara, y quizá por eso fuimos cuidadosos con las colecciones y los títulos. Los primeros libros ya reflejaban esa búsqueda a través de una estructura clara de la editorial en colecciones: la colección Disertaciones, con Lo infraordinario, y la colección Editor, con Perder el Nobel.
–¿Cómo es editar desde Querétaro en México, cómo es editar sin hacer base en el DF?
–Es un país excesivamente centralizado, por lo que editar en cualquier ciudad que no sea la Ciudad de México es una hazaña. La hazaña no es editar, sino que la editorial encuentre el lugar que le corresponde en el panorama de la lengua. Cuando los libros salen de México eso deja de interesar: al lector le importa la propuesta editorial y literaria, no si la ciudad es mediana, pequeña o grande. En México, sin embargo, hay muchos prejuicios, y eso significa dificultades, lentitud.
–¿Cómo es el sistema de editoriales mexicanas independientes, en qué mundo se inscriben?
–Tal vez el sistema sea el mismo que rige en otras partes de América Latina, un sistema basado en lo que les da origen: hay editoriales conformadas por autores, otras más que fueron fundadas por personas que alguna vez ejercieron un cargo en la industria del libro; después están las editoriales de corte académico, fundadas a partir de una propuesta universitaria y hay otras fundadas por entusiastas de los libros, la edición y la lectura. Seguramente este último sea nuestro caso.
–¿Cómo diseñaron sus colecciones Disertaciones y Editor? ¿Qué modelos tuvieron y qué objetivos se propusieron en cada caso?
–La editorial, en general, buscaba desde el principio distinguirse por el catálogo. No buscábamos que fuera un catálogo raro, pero sí distinto a lo que normalmente se publica (narrativa, tendencias, poesía). Eso nos llevó al ensayo y a la antología, dos géneros (uno literario, otro editorial) que se exploran poco, por lo menos acá. Y así nació la colección Disertaciones: antologías multiculturales, con relevancia contemporánea, alrededor de un concepto que elude la definición. Unos meses después nos encontramos con un texto que nos gustó mucho, en donde un autor habla de la larga e intrincada relación con su editor, y pensamos que si lográbamos encontrar más textos así, con esa calidad en la voz, podíamos formar una colección que hablara de eso que nosotros vivíamos todos los días, que expresara nuestra curiosidad como editores, y así apareció la colección Editor. No conseguimos los derechos para publicar ese texto, pero su espíritu (que tenemos muy presente) da origen a una colección improbable y bellísima que hoy cuenta ya con ocho títulos, y que se ha convertido en nuestra colección más reconocida. Ahora estamos trabajando en la definición de una tercera colección que aparecería en 2023.
–¿Cómo trabajan los libros por encargo? ¿Por qué se proponen no sólo elegir textos sino también producir textos?
–Veíamos que muchas editoriales se esforzaban por «descubrir» autores, con resultados regulares. Así que no quisimos ir por ahí. Por otro lado, ninguno de nosotros tenía experiencia editando textos literarios. Esto da origen a uno de los valores de la editorial, que es publicar textos breves, de autores —en su mayoría— ya conocidos. Siempre decimos que imaginamos los libros terminados y leídos antes de que existan. Y luego nuestro trabajo consiste en imaginar y producir un libro que se parezca a esa experiencia editorial y de lectura que imaginamos antes de siquiera saber quién lo iba a escribir. Lo mismo podemos decir de nuestras colecciones, pero en otra escala. En ambas colecciones hacemos híbridos: textos seleccionados (muchos traducidos al español por primera vez) mezclados con textos comisionados. Y en esa mezcla se puede lograr rareza y profundidad. Con los textos seleccionados hay más certeza: compras lo que te gusta. Con los comisionados hay más apuesta: quizá resulta que la voz que te gustaba produce (quién sabe por qué) un texto que no te encanta. O al revés. Y ahí es donde hay que empezar a negociar, editar y decidir. Hemos recibido textos que al final decidimos no incluir en los libros.
–Gris Tormenta se propone como una editorial de pensamiento literario, algo bien específico que sin embargo no encaran de modo académico. ¿Cómo trabajaron esta marca identitaria, cómo la van explorando?
–Nos interesa alejarnos lo más posible de lo teórico y lo académico, pero nos gusta mucho el concepto de pensamiento literario, porque creemos que hay algo muy cálido ahí, algo con lo que el lector podría identificarse —aunque de pronto podría leerse casi como una contradicción. Lo que nos interesa publicar son ensayos literarios y memorias que se originan o que están contados desde la experiencia, desde la vivencia, o incluso —parcialmente— desde la imaginación, sin llegar a ser ficción —aunque sí usando algunas de sus herramientas. Es decir, que publicamos el ensayo que no busca respuestas, sino la convivencia con la duda. El ensayo que explora los rasgos más humanos del escritor. Es el ensayo-tentativa, que inicia sin un punto de llegada fijo; que se interesa más bien por recorrer un camino, por recorrer con la mirada un paisaje. Cinco años y diecisiete títulos después, sentimos que la voz distintiva de la editorial comienza a ser evidente y reconocible. Parte de ese pensamiento literario se puede ver también en cómo a Gris Tormenta le interesa reflexionar sobre la labor editorial misma dentro de sus libros: la edición, la escritura, la lectura. La colección Editor lo muestra en palabras, la colección Disertaciones lo muestra «en la práctica».
–En su catálogo cruzan firmas como las de Thomas Bernhard o Alan Pauls con
las de autores y autoras noveles: ¿qué pueden decirnos de estos equilibrios y
contrapesos?
–Gris Tormenta es una editorial de dos editores con personalidades muy distintas, con lecturas que raramente coinciden. Creo que hay reflejos de eso en el catálogo, si bien son indirectos, no siempre obvios. Pero también hay algo intencional en la «mezcla»: hacer evidente que la voz es mucho más importante que el nombre. Por otro lado, editorialmente, nos gusta saber que hay autores de distintas escalas conviviendo, y no me refiero a los jóvenes y los experimentados, sino a la convivencia de espectros y contextos desde donde muy distintos autores piensan y escriben: la mayoría de nuestras antologías tienen escritores de tres o cuatro continentes, de amplios rangos de edad, de distintas ideologías y memorias: esa mezcla es apreciada por el lector en la lectura —no por la mezcla misma, sino por el efecto que logra: el efecto de los matices de la voz humana. Otra cosa que nos interesa es proponer temas, o tratamientos de temas, que no existen en español, que vienen de otras lenguas, no importa qué autores hagan esa exploración. Eso crea un contrapeso con lo que estamos acostumbrados a leer y a ver en las mesas de novedades, y va forjando el carácter de la editorial. La antología En tierra de nadie, por ejemplo: habla de un tema en exceso repetitivo: la migración, pero ¿desde dónde lo hace? No desde la masa y la estadística, no desde la política y la sociedad, como siempre vemos esos temas tratados, sino desde la individualidad, desde la memoria, desde la incompatibilidad entre lo que el migrante busca y lo que el exiliado obtiene, es decir, desde el interior. Y eso es muy literario, para nada periodístico.
–¿Por qué seguir haciendo libros en un mundo como este?
–Porque el libro da forma a la escritura, es su representación. Los editores seguirán editando porque los escritores seguirán escribiendo: no encuentro un acto que más dialogue con las interrogantes que la vida plantea. Y porque me temo que lo que sugieres al decir «un mundo como este» aplica también al de hace doscientos años y al de hace dos mil. A cualquier mundo. Esa es parte de la historia de la literatura: hablar de un mundo que colapsa sobre sí.
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viernes, 23 de septiembre de 2022
Lenguas originarias: lo que no se puede traducir
La siguiente nota, publicada sin firma, apareció a principios de septiembre en el sitio de BBC Mundo y se refiere a aquellos términos intraducibles que existen en las lenguas originarias de México. “Sólo 7,3 millones de personas, apenas el 6% del país, hablan alguna de estas lenguas; se trata del segundo país de América Latina con más variantes, luego de Brasil”.
10 fascinantes palabras de lenguas originarias de México que difícilmente pueden traducirse al español
En México, hay 69 formas diferentes de referirse a una misma realidad. 69 formas diferentes de ver el mundo. No es una exageración. En un país tan grande y con una diversidad cultural aún mayor, existen —además del español— 68 lenguas indígenas, de las que se hablan 364 variantes agrupadas en 11 familias lingüísticas. Esto hace que este país esté entre los 10 del mundo con más lenguas originarias y el segundo de América Latina, solo por detrás de Brasil.
Pero esta impresionante riqueza no solo permite llamar a una misma cosa de muchas maneras gracias a estas lenguas, sino que algunos de sus conceptos son tan especiales y reflejan una manera tan particular de comprender lo que nos rodea, que no tienen una traducción directa al español.
“Son auténticos tesoros lingüísticos que regalan los hablantes de México y que expresan desde sentimientos hasta formas de comer o de observación de la naturaleza”, resumió Gabriela Lavalle, coordinadora del libro “Intraducibles”, que recopiló algunas de estas palabras que necesitan de varias frases de descripción para conocer su significado en español.
Tributo a la “resistencia”
El resultado de esta publicación fue un bello compendio de palabras de pueblos originarios mexicanos con las que comparten una pequeña muestra de su cosmogonía, costumbres, momentos de la vida cotidiana y gastronomía. Pero mantenerlas vivas y que no caigan en el olvido requieren, por supuesto, que estas lenguas continúen hablándose.
En México, sin embargo, solo 7,3 millones de personas hablan alguna de sus lenguas originarias. Es decir, apenas el 6% de la población total del país, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística mexicano (INEGI).
Y, pese a la omnipresencia del idioma español en México y su difusión mayoritariamente aplastante frente a las lenguas originarias, otro dato reflejó la importancia de apostar por su conservación: el 12% de quienes hablan alguna lengua indígena no dominan el español.
Por eso, Lavalle destacó que el proyecto de “Intraducibles” es una especie de homenaje a todos estos hablantes originarios que lucharon, mediante sus palabras, por conservar su identidad frente al idioma que le impusieron en sus territorios. “Tienen 500 años de resistencia, de apostar por sus orígenes y su manera de comunicarse. Es un tributo a toda esa gente que defendió su riqueza y que merece que le demos trascendencia y valoración”, aseguró en entrevista con BBC Mundo.
“Pero sobre todo, nuestro proyecto quiere reconectar a la gente, especialmente a niños y jóvenes, con esta parte de la multiculturalidad de México, para que tampoco pierdan esas raíces y que comprendan que, entre más conozcamos de todas las culturas, mucho mayor es nuestra riqueza”, agregó.
La dificultad de traducir
A cualquier hablante de al menos dos idiomas le ocurrió alguna vez que no fue capaz de encontrar una traducción exacta para una palabra, por lo que se vio obligado a expresar esa idea mediante una definición más larga. Lo mismo ocurrió con la tarea de trasladar al español estas palabras originarias únicas, con tanta riqueza que no se pueden traducir de manera directa, y aún menos sin alterar su significado original.
“Ese fue un trabajo complicado, pero en el que nos fijamos desde un principio: en intentar tener una especie de traducción, pero sin intervenir en el origen de las palabras y respetando lo que el hablante quería transmitir”, reconoció Lavalle. “Porque, al final del día, no podemos ‘castellanizar’ una palabra que no es nuestra ni pertenece a nuestra lengua. Pertenece a ellos”, apuntó.
De unas 250 propuestas enviadas por hablantes de lenguas originarias de todo el país, se seleccionaron finalmente 68 palabras para “Intraducibles”, que en el libro están acompañadas por sus ilustraciones y por poemas de la escritora zapoteca Irma Pineda que ayudan a su comprensión.
A continuación, presentamos 10 de estas palabras intraducibles al español, que suponen auténticas donaciones de los pueblos originarios mexicanos al mundo. Para conocer el resto, podés leer el libro completo en la web intraducibles.org.
1. Ndúyuu
Esta palabra en zapoteco se refiere a la acción de colocarse en posición fetal, con las rodillas en el suelo, el trasero levantado y las manos pegadas a la cabeza o torso. Por lo general, no está asociada a ningún rito ni celebración, sino que es una acción cotidiana y se hace para relajar el cuerpo, por dolor de panza o por diversión.
2. Ndumui
¿Sentiste una tristeza profunda? ¿Cómo la llamarías? Al dolor emocional devastador se le nombra en lengua otomí con la palabra ndumui, un sentir que se manifiesta desde el estómago hasta el corazón.
Para quienes hablan esta lengua, corazón y estómago son lo mismo y representan el centro de energía de las personas.
3. Ch’uuk’
Palabra maya que entraña la compañía, la generosidad, la voluntad de compartir, y además, su significado tiene relación con el sabor de la comida.
De forma general, con esta palabra se invita a hacer un taco con todo lo dispuesto en la mesa; sin embargo, su sentido más profundo hace referencia a sujetar la tortilla y frotarla con otro elemento para que quede impregnada de ese sabor.
4. Esom
Esta palabra en lengua tsotsil hace referencia a las cosas que aparecen y desaparecen sin motivo aparente. Cuando esto sucede, no se culpa a ninguna persona, pues eso no se trata de un ser, sino de una noción del tiempo y del espacio, acaso una dimensión donde fue lo extraviado.
5. Makiepë
Para saludar durante las asambleas, en ceremonias familiares o con la comunidad mixe, se dice makiepë. Se trata de un saludo universal que trata de decir “el creador de la vida te cuide…, te guíe y te acompañe”.
6. B’etsja
En mazahua, se utiliza para referirse a una persona que al mismo tiempo es trabajadora, ligera y rápida para hacer sus tareas.
7. Pandamojmi
En mazahua, en la comunidad de Santiago Coachochitlán, Estado de México, si por casualidad tocás pandamojmi, te recomendarían alejarte de las cazuelas, pues es una planta que torna resbaladizas las manos que la tocan.
Esta planta no pasa de los 80 cm de altura, sus flores son color naranja rojizo y, para ser apreciada, se le ve únicamente en tiempo de lluvias. Desafortunadamente, en su nombre porta su falta: páná significa tirar y ndamojmï, cazuela; es decir, “tiracazuela”.
8. Ta’kjuii
Existen formas de manifestar el respeto y la alegría que guardamos amorosamente para nuestros viejos sabios: los abuelos.
En mazahua, se dice ta’kjuii para saludar respetuosamente y rendir tributo a quienes, guardianes de la memoria, tejen la trenza de la historia y guían con sus pasos a las generaciones jóvenes. Al visitar una casa, ta’kjuii manifiesta la alegría de quien llega y el agradecimiento de quien recibe.
9. Uila
Del náhuatl. Las abuelas y abuelos de Xochitlán, pueblo en la Sierra Norte de Puebla, son los únicos de entre sus habitantes que pueden dar algunos detalles sobre la apariencia del ser llamado uila. Dicen que es un mal aire, un monstruo, un ser sobrenatural que arrastra una cadena y que solo tiene la mitad de su cuerpo.
Cuentan que mirarlo, provoca adormecimientos en las extremidades y que solo se le puede ahuyentar con tabaco, sauco, rezos o imágenes benditas. Aunque nadie conoce su naturaleza, todos tienen certeza de su maldad.
10. Ya bialash
Una profunda expresión en zapoteco que significa “entiendo que no se puede, hice todo lo que pude, pero veo que es imposible y me retiro con tranquilidad y paz”.
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jueves, 22 de septiembre de 2022
"Un mundo distópico que hoy parece posible"
La poeta, narradora y dramaturga colombiana Piedad Bonnet, el pasado 17 de septiembre publicó la siguiente columna de opinión en el diario ABC, de Madrid. En ella habla de la generación de la cancelación cultural y ofrece diversos ejemplos.
Los nuevos inquisidores
Una de mis exalumnas, profesora de literatura en una Universidad norteamericana, me cuenta del tacto que debe tener para no ofender la hipersensibilidad de sus estudiantes. Tiene que cuidar, por ejemplo, el uso de los pronombres y de los adjetivos, en aras de ser inclusiva y de no equivocarse en cuestiones de género. Y ha tenido que pasar malos ratos, como cuando un estudiante afro se quejó de que le pusieran a leer Poeta en Nueva York, de Lorca, por considerar que es una obra racista. Las directivas del departamento no supieron muy bien qué hacer con esa papa caliente, pero la queja podría haberle costado un disgusto mayor a la joven profesora si el conflicto lo dirime alguien descriteriado (o simplemente cobarde).
El riesgo para un maestro de sufrir represalias institucionales porque un desprevenido comentario suyo cause indignación moral en un estudiante predispuesto a encontrar en su discurso racismo, misógina u otros prejuicios, fue mostrado ya por Philip Roth en su nove- la La mancha humana, publicada en 2000. Roth narra en ella cómo Coleman Silk, un profesor, es expulsado de la universidad donde trabaja, acusado de racismo, por usar una palabra ambigua en tiempos en que ya estaban bastante agitadas las aguas, a veces necesarias, a veces fundamentalistas, de lo políticamente correcto. El giro que da la historia de Roth nos va a permitir ver las verdaderas culpas de Coleman, y de paso, con lúcida ironía, comprender lo obtuso de su expulsión.
Mi colega francesa Florence Thomas, una pionera feminista radicada en Colombia, aguerrida como ninguna, confiesa en reciente artículo que siente alivio de no enseñar ya en una universidad, pues muchos docentes le han confesado tener “miedo casi enfermizo, temor de ser denunciados, pánico de las redes sociales o físico terror de ser investigados administrativamente por una queja de algún alumno o alumna. Mejor dicho: un estado permanente de zozobra”. Otro colega, también de una universidad norteamericana, me habla de la desconfianza que ha visto ir ‘in crescendo’: cualquier reunión entre profesor y alumno debe hacerse con la puerta de la oficina abierta, y el profesor debe evitar mirarlo (o mirarla) a los ojos, so pena de ser acusado de intento de seducción o abuso. A eso hemos llegado en el camino del radicalismo moralista que nació en los años 80 en las universidades de Estados Unidos y que se ha ido extendiendo hasta convertirse en una amenaza inquisitorial.
Miguel Yusti, filósofo peruano, alerta, a propósito, sobre una curiosa contradicción: que mientras se vota cada vez más por regímenes autoritarios populistas, con sesgos fascistas y machismo y racismo declarado (como el de Donald Trump, digo yo) se juzgan con una severidad incomprensible “los rasgos de incorrección ética” de autores de otras épocas a los que se intenta vetar sin tener en cuenta el contexto en que crearon. El exabrupto de los nuevos inquisidores –que tendrían que censurar, entre otros, a Shakespeare y a Nabokov– podría llevarnos, en un mundo distópico que hoy parece posible, a privarnos de la complejidad con la que esos mismos autores plantean grandes dilemas morales. Qué paradoja.
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Piedad Bonnett
miércoles, 21 de septiembre de 2022
Poder pensar precede a poder escribir, ¿vistes?
Las dotes de Jorge Aulicino como poeta se condicen con su capacidad de reflexión sobre el lenguaje, algo que, en numerosas ocasiones ha puesto en evidencia con su labor como traductor y ensayista. Aquí, una muestra de ello publicada previamente en su Facebook y amablemente cedida para este blog.
Manuscrito hallado al pie de la bañera (¿o bañadera?)
Siguiendo el decálogo del buen cuentista, de Horacio Quiroga, un periodista, un escritor, un ciudadano que se expresara por escrito escribiría hace diez o veinte años: "Necesito un bote para cruzar el río", o bien, en una variante un poco más cachuza: "Para cruzar el río, necesito un bote". Hoy, quizá un 60 o 70 por ciento de los periodistas, escritores (¡escritores!) y ciudadanos que se expresan por escrito escribirían: "Para poder cruzar el río necesito un bote".
Hay una obsesión con el verbo "poder", del que deviene el sustantivo del mismo nombre. Aparece con increíble frecuencia donde no hace falta. Casi siempre junto a otro, formando doble infinitivo. Decíamos ayer, ante una serie de comentarios en esta red social, que no se trata de corrección o incorrección, puesto que el infrascrito no cree en esos términos, y mucho menos si los promueve la Real Academia Española. El lenguaje se modifica y crea no solo palabras sino reglas nuevas. Si esas reglas guardan entre sí una lógica estructural, avanzan. Porque los códigos demandan lógica gramatical, prosodia y necesidad, de otro modo no se generalizan. Y el hablante percibe cuando no la hay. Sin embargo, lo que tratamos es un problema de estilo, por lo tanto, ideológico, cuando no mental. Pues se generaliza sin que los hablantes mediten sobre su lógica, prosodia o necesidad.
Pero una razón ha de haber. Al principio, el infrascrito pensó que se trataba o bien de inconsciente vacilación ante el poder, o bien de inconsciente veneración por él. O ambas cosas. Ahora piensa que no tiene importancia si es una referencia temerosa o ambiciosa. Importa que el poder se mete por el medio, se pone en juego en cada frase que más o menos se refiera a una acción sustantivada: "Necesito un cepillo para poder cepillar la ropa". El argumento que se esgrimió ante estas observaciones mías es que cuando el hablante antepone el infinitivo "poder" expresa correctamente un campo de probabilidades: si tiene un cepillo, puede cepillar; si no lo tiene, no. En lo cual lo único que se advierte es una puerilidad. Si el hablante dice derechamente que para tal fin necesita de tal cosa, las probabilidades de hacer lo que se propone se cifran en ese único verbo: "necesitar", que no requiere de acompañante, pues significa, sólo y por sí mismo, sine qua non.
El duro problema a enfrentar es que estas y otras malsonancias –cuestión de estilo, insistimos, y no de una normativa– son el verdadero resultado de un "clima de época" en el que la cuestión del poder es carne y moneda cotidiana. En forma paralela a la difusión del verbo "poder", que lleva al sustantivo homónimo, se generalizó el uso de palabras como "sarasa", "discurso", etc. Todas ellas parecen referir a una suerte de cáscara de las cosas, tras la cual se esconde el deseo, que es instinto: de control, de poder. Tal instinto, como todos ellos –algunos abordados por el psicoanálisis– son vitales y por lo tanto están legitimados. Mantener el control de nuestras vidas e incluso aspirar a manejar ciertos aspectos de las ajenas; tener deseos sexuales, hambre y sed; tendencia a responder o a replegarnos si nos atacan, son acciones pre-escritas en nuestros "cerebro animal", que vendría siendo el más profundo e irreductible. Una delgada capa de neuronas nos protege de los excesos de estos impulsos primitivos. Esa capa se llama conciencia, intelecto, razón, y se supone que nos ha hecho seres civilizados que optan por delegar el poder de represión a una institución, el Estado, para no comerse unos a otros. Hay especies que llevan inscrito no atacar a sus congéneres, salvo que les disputen territorio, la zona que consideran propia, que vendría siendo su morada y coto. Aún así, los grandes felinos, por ejemplo, si luchan por ese poder lo hacen procurando desalentar y poner en fuga al enemigo, como si hubiesen leído al venerable prusiano Carl von Clausewitz, quien predicó que el objetivo de la guerra no es el exterminio, sino la inmovilización militar del adversario. ¿Hubiese dicho Von Clausewitz que "para poder vencer hay que quitar al enemigo la voluntad de lucha"? No lo creo. Hubiera o hubiese usado un solo verbo.
La diferencia entre nosotros y los felinos y cánidos es que estos no necesitan escribir un libro para manejar su instinto.
El lenguaje no es un magma, sino un sistema plástico que se modifica por razones de economía y también de significación. Es un problema si ciertos módulos verbales atraviesan la capa de neuronas pensantes y fijan una norma que ni siquiera intuitivamente sabemos a qué razón responde.
martes, 20 de septiembre de 2022
Los 37 hombres y 7 mujeres de la Real Academia no paran de pensar y les hierve la cabeza
El 18 de septiembre, con firma de Aura Ramírez, el portal Enséñame de Ciencia, publicó el siguiente artículo, donde se da cuenta de los fébriles logros de los incansables miembros de la Real Academia. Consciente de que los lectores de este blog (“bitácora” dirían los académicos, con ibérico gracejo) no pueden vivir sin estas informaciones, las transcribimos para su inmediato olvido.
Las cuatro preposiciones nuevas que la RAE agregó a la lista tradicional
¿Cuáles son las preposiciones que conoces?
Es probable que la mayoría de nosotros nos sepamos las preposiciones a la perfección, durante nuestra preparación académica básica este era un tema en el cual no podíamos fallar. Incluso es posible que muchos recordemos que su memorización tenía una entonación y orden en particular que nos facilitó aprendérnoslas.
Pese a esto, tal como sucede en cuestiones ortográficas y otras situaciones gramaticales, esto ha cambiado y la Real Academia Española (RAE) ha añadido cuatro preposiciones a la lista tradicional que nosotros conocíamos muy bien.
La lista tradicional, que probablemente recuerdes, contenía las siguientes preposiciones: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre y tras. Pero esta lista con el tiempo ha sufrido algunos cambios que quizás no conozcas.
En la actualidad la RAE nos específica que suele entenderse que las preposiciones del español son las siguientes: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, tras, versus, vía.
Como puedes observar subrayado en negritas, cuatro preposiciones se añadieron a la lista: durante, mediante, versus y vía, dando un total de 23 preposiciones.
«‘Durante’, ‘mediante’, ‘versus’ y ‘vía’ son preposiciones añadidas a la lista tradicional porque como tales se comportan hoy estas palabras», según nos indica la RAE. Veamos su uso a continuación.
Versus
Se indica en la Nueva gramática de la lengua española que «versus» proviene del inglés y se ha incorporado al español con el significado de ‘contra’ en algunos contextos y ‘frente a’ en otros. Siendo adecuado decir:
«Banana “versus” plátano, ¿sabes cuál es más saludable?»
«Minuto a minuto del Panamá vs. (abreviatura) Inglaterra».
Aunque es aceptado, la RAE destaca que es preferible usar ‘frente a’ o ‘contra’, según sea el caso.
Vía
Nos indica la RAE que cuando «vía» precede a un sustantivo, funciona como preposición con el sentido de ‘pasando por (lugar) o utilizando el medio que se indica para pasar o viajar’. Ejemplos:
«Voló de Texas hasta Australia, vía Londres»
Por otra parte, se específica que para indicar el modo o medio por el cual se realiza un traslado o comunicación, «vía» va seguida de un adjetivo, debe anteponerse la preposición «por»: «Hoy conversará por vía telefónica con su colega mexicano», sería incorrecto «conversará vía telefónica».
Durante
Se indica que en un principio era el participio del verbo «durar», pero ahora es aceptado y adecuado utilizarlo como preposición que denota ‘simultaneidad de un acontecimiento con otro’. Ejemplo:
Sucedió durante los días de invierno.
Mediante
Al igual que sucede con durante, esta palabra anteriormente era el participio del verbo «mediar» que significa ‘Por medio de’, ‘con’, ‘con la ayuda de’. Ejemplo:
Resolvió el problema mediante los datos que le di.
¿Qué pasa con «cabe» (junto a) y «so» (bajo)?
La RAE nos indica que ambas preposiciones se sienten ya desusadas en el español actual y solo aparecen esporádicamente en los textos literarios. Aun así, siguen formando parte de la lista actualmente.
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lunes, 19 de septiembre de 2022
Javier Marías reflexiona sobre los traductores
Ha muerto el narrador, ensayista y traductor español Javier Marías (1951-2022), y, considerando la calidad de su trabajo, resulta oportuno reproducir a continuación lo último que escribió para “La Zona Fantasma”, su columna del diario madrileño El País.
Nostalgia de mis años de traductor
Si hay una actividad que echo de menos, esa es la traducción. La abandoné hace ya décadas, con pequeñas excepciones (un poema, un cuento, las citas de autores ingleses y franceses que aparecen en mis novelas), y nada me impediría regresar a ella, salvo mis propios libros y lo mal pagada que sigue estando esa labor esencial, sin duda una de las más importantes del mundo, no sólo para la literatura; también para las noticias que llegan, los descuidados subtítulos de películas y series, el bastardo doblaje de hoy, los avances médicos, las investigaciones científicas, las conversaciones entre los gobernantes… Pero la que yo añoro es la literaria, a la que dediqué casi todos mis esfuerzos. Siempre he sostenido que se parece tantísimo a la escritura que es agotador compaginarlas. La “única” diferencia es la presencia de un texto original al que uno ha de ser fiel —pero no esclavo de él—. Ese original ofrece inconvenientes y ventajas. Entre los primeros, que uno nunca es muy libre —pero sí bastante— porque debe reproducir lo mejor posible, en su lengua, lo que en las suyas escribieron Conrad o James, Proust o Flaubert, Bernhard o Rilke; es decir, uno no puede inventar. En una novela sí, de la primera a la última línea, hasta el punto de que a veces uno no sabe cómo continuar, y es entonces cuando desearía disponer de un original que lo guiara y le dictara siempre lo que le toca poner. El texto original, como la partitura musical, está ahí y es inamovible, aunque tanto el traductor como el pianista tengan amplio margen de elección. La dicción, la preferencia por un vocablo o su descarte, el tempo, el ritmo, las pausas, son responsabilidad de ellos. Y pueden destrozar una obra maestra, eso también.
A menudo recuerdo, a la vez con sudores fríos y enorme placer, mis meses o años empleados en traducir los tres textos más difíciles de mi vida: El espejo del mar, escrito en el fantástico pero extraño inglés de un polaco; Tristram Shandy, obra monumental del siglo XVIII no menos laberíntica que el sobadísimo Ulysses de Joyce; La religión de un médico y El enterramiento en urnas, de Sir Thomas Browne, sabio inglés del XVII con una prosa tan majestuosa como sublime como alambicada, que suscitó la admiración incondicional de Borges y Bioy. Ante ella me rendí: no me sentía capaz de proseguir. Al cabo de unos meses, pensé que era una lástima que los lectores de lengua española se quedaran sin conocerla y, con renovado brío, reanudé y concluí la tarea. ¿Por qué me importaba tanto el conocimiento de esos lectores, que en ningún caso iban a ser cuantiosos? Ni yo lo sé. Sencillamente juzgué que esa maravilla merecía existir en mi idioma, aunque fuera para disfrute y provecho de unos pocos curiosos.
Algunos traductores no viven de la traducción —los que sí, pobres, se ven obligados a empalmar trabajos malos, regulares y buenos, y a acabarlos todos a gran velocidad—. Los primeros poseen un superfluo y desinteresado sentido del deber para con sus compatriotas. Si pensamos en la primera traducción del Quijote, del dublinés Thomas Shelton y de 1612, sólo siete años después de su publicación en español, ¿qué tuvo que impulsar a aquel hombre para embarcarse en una novela española, larga y nada fácil, de un completo desconocido? Lo ignoro, pero cabe imaginar que Shelton fue tan generoso como para no querer privar a los demás irlandeses ni a los ingleses del placer que él habría experimentado durante su lectura en castellano. Si alguna vez fue adecuada la expresión “trabajar por amor al arte”, es para la labor de esos traductores. Al fin y al cabo, un escritor alberga la esperanza, por remota que sea, de vender mucho y triunfar. Al traductor nunca lo aguardan tales glorias, y aún hoy bastantes editoriales se permiten no poner su nombre en la cubierta, como si Ali Smith o Zadie Smith no hubieran necesitado de un concurso. Y si hablamos de emolumentos, es para echarse a llorar. ¿Cómo va a pagarse igual una versión de Dickens que una del enésimo chisgarabís americano actual? Y sin embargo así sucede. Hay editores que se han hecho de oro merced al trabajo de un traductor, al que retribuyeron con una rácana tarifa por página y se acabó, mientras el título en cuestión vendía cientos de miles de ejemplares en español.
No sé, sí: también una hija puede cuidar a su madre por el amor que le profesa, pero eso no obsta para que su ímproba dedicación se vea remunerada, sólo sea para que no se muera de hambre mientras renuncia a ganarse el sustento con un empleo. Desde ese punto de vista no puedo sentir nostalgia de mis años de traductor. Me ha ido mucho mejor con mis novelas. He gozado de una inmensa suerte que poco tiene que ver con el mérito ni con el talento. Y aun así, aun así… Recuerdo cómo me satisfacía y emocionaba “reescribir” en mi lengua un texto mejor que ninguno que yo pudiera alumbrar, como fue el caso de mis tres traducciones mencionadas. Leer, corregir y releer cada página y pensar (siempre sujeto a equivocación, uno es mal juez de lo que hace): “Sí, sí, así lo habrían escrito Conrad, Sterne o Browne de haberse expresado en español”.
viernes, 16 de septiembre de 2022
Una editorial absolutamente notable
Entre las muchas editoriales independientes argentinas que han surgido en los últimos años, algunas, por la calidad de lo que publican, se destacan sobre el conjunto .Poeta y editor, Ariel Pérez Guzmán es el factótum detrás de Duino, una pequeña editorial que, lentamente, ha ido publicando libros que son verdaderas joyas de buen gusto . Lo que sigue es una breve entrevista con él.
“Descubrir y visitar lares poco caminados”
–¿Hace cuánto existe Duino? ¿A qué se dedica?
–Desde 2018. Es una editorial de poesía y poética, y está enfocada especialmente a autores clásicos y poco conocidos más allá de su ámbito, poetas escondidos y grandes al mismo tiempo. También, a textos desconocidos o relegados de poetas célebres. La idea es siempre presentarlos de la manera más bella y fiel posible; las ediciones tienen textos introductorios, notas (en caso de ser necesarias) y, si podemos dar con ellos, manuscritos. En el caso de los poetas traducidos, siempre en ediciones bilingües. El arte de tapa busca acercarse, directa o indirectamente, al alma del autor elegido.
–Hemos publicado 7 libros hasta ahora: Sonetos del amor oscuro y otros textos recobrados, de Federico García Lorca (selección, prólogo, edición y notas míos); Cantos de dioses ainu, de Chiri Yukie (edición bilingüe, con traducción, estudio preliminar y notas de Gustavo Beade); El ángel que corre por los campos, antología poética bilingüe, de René-Guy Cadou (traducción, prólogo y notas míos); Libro de la cántiga de pasión, de Jacobo Fijman (acompañado de dibujos y pinturas del poeta, presentación de María Teresa Dondo y prólogo y edición míos); Estoy vivo y escribo sol, antología poética bilingüe
–¿Por qué esos títulos?
–Intentamos descubrir y visitar lares poco caminados. Algunos poetas, como Cadou, Ramos Rosa, Hagiwara Sakurarō o Chiri Yukie, son reconocidos en sus literaturas (francesa, portuguesa, japonesa y ainu-japonesa, respectivamente) pero no han tenido la presencia que merecen en versiones españolas (en algunos casos con difusión nula y, en otros, con algunas ediciones). Además, en el catálogo hay libros escondidos, o textos recopilados y editados por primera vez en español, de poetas célebres como Akutagawa, Fijman o García Lorca.
–¿Cuáles son los criterios de traducción?
–Los poetas publicados por Duino pueden ser de lengua española o de otras lenguas. En caso de ser traducciones, buscan ser “poéticas” (apuntando a la esencia poética, rítmica y de sentido) más que “académicas”. Los poetas siempre han necesitado traducir a otros poetas. Duino agradece esa pulsión. Creemos que un poema traducido sólo puede revivir en una nueva lengua cuando el traductor ha podido, de alguna extraña y mágica forma, ver lo que vio el poeta al escribir los versos originales. Y para eso es necesario tiempo y, sobre todo, amor.
–¿Cómo financiás los libros que publicás?
–Los libros se han financiado, en parte, unos a otros. La venta de unos ha financiado, en parte, los costos de los siguientes. La parte restante ha sido financiada por mí. Es un proyecto poder comenzar a recibir apoyo de instituciones y embajadas, especialmente para la edición de poetas traducidos.
–¿Qué títulos tenés en mente para el futuro?
–Hay varios libros en distintos estadios, algunos ya casi terminados: Pequeño pueblo, antología poética bilingüe, del suizo Charles-Ferdinand Ramuz, El país de la primavera triste, antología poética bilingüe, de Wakayama Bokusui, En lo profundo de la montaña, antología poética bilingüe, del monje budista japonés del siglo XII Saigyō, Esbozos y fragmentos, poemas franceses dispersos, de Rainer Maria Rilke, Hacia la poesía china, de Ernest Fenollosa y Ezra Pound, Poemas y relatos para niños, de Niimi Nankichi, Antología del verso único, del poeta libanés Georges Schehadé, y Antología poética bilingüe, de Takuboku Ishikawa.
Los libros de Duino se consiguen en las librerías:
-Guadalquivir (Av. Callao 1012)
-Arcadia (Marcelo Torcuato de Alvear 1548)
-Philopannyx (Av. Corrientes 753, Local 37)
-Librería Norte (Av. Gral. Las Heras 2225)
-Céspedes Libros (Av. Álvarez Thomas 853)
-Medio pan y un libro (Virrey Avilés 3700)
-Mandragora Libros y Cultura (Vera 1096)
-Librería Mendel (Paraguay 5163)
-Oliva Libros (Entre Ríos 579, Rosario, Santa Fe)
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