jueves, 10 de marzo de 2016

En la muerte de Jean-Pierre Carasso

Jean-Pierre Carasso en 1986
Florence Noiville firma en Le Monde del 10 de febrero pasado la siguiente necrológica dedicada al traductor francés Jean-Pierre Carasso. Se reproduce parcialmente aquí en traducción de J.F.

Jean-Pierre Carasso. Traductor

Le debemos cientos de traducciones. Sobre todo, le debemos haber “pasado” al francés a numerosos autores estadounidenses, entre los cuales se cuentan Raymond Carver o Howard Buten. El traductor Jean-Pierre Carasso ha muerto el 2 de febrero, en Qumper. Tenía 73 años.

Nacido el 25 de julio de 1942 en Marsella, Jean-Pierre Carasso estudia letras en las clases preparatorias para las grandes escuelas. Alumno talentoso, renuncia sin embargo, a las escuelas y se orienta a la traducción. Va a traducir o retraducir algunos de los textos más importante de la literatura estadounidense del siglo XX: La conjura de los necios, de John Kennedy Toole (Laffont, 1981), Last Exit to Brooklyn, de Hubert Selby Jr. (Albin Michel, 1964, retraducido en 2014) o Treinta años de polvo, de Jay McInerney (L’Olivier, 1993).

Estrechamente ligado a las ediciones de l’Olivier desde su creación en 1991, Jean-Pierre Carasso se había convertido en uno de los pilares de esa casa. Para L’Olivier, habría traducido a los grandes anflófonos: Raymond Carver, Jay McInerney, Jonathan Safran Foer, Jamaica Kincaid, Alice Munro, Cynthia Ozick, Ethan Coenm, E.L. Doctorow, Sapphire… la mayoría de las veces en colaboración con Jacqueline Huet.

Un cuentista antes que nada
“Su competencia no tenía límites, como sus accesos de ira contra un medio al que fustigaba a veces por su mediocridad”, observa Olivier Cohen, director des las ediciones de L’Olivier.”Pero Jean-Pierre era antes que nada un cuentista. Su repertorio parecía infinito, desde el relato de las desventuras que, al escucharlo, parecían no cesar de pesar sobre lo cotidiano, hastala saga de sus orígenes orientales, a los cuales no dejaba de agregar oralmente capítulos inéditos”. Con otros editores, Jean-Pierre Carasso había traducido textos de Stanley Elkin, Ian McEwan, etc.

Divertido y escandaloso, Jean-Pierre Carasso sabía demostrar humidald ante las voces de los autores. En “Cómo traduje Last Exit to Brooklyn”, publicado en La République des libres, el blog de Pierre Assouline, decía: “A riesgo de caer en el cliché que pretende que toda obra literaria es una traducción, que se me permita pensar que, modestamente, hemos logrado borrarnos estilísticamente hablando ante Selby, para dejar que el lector acceda a todas las emociones que este sobreviviente de la tuberculosis, privado de diez costillas, respirando con un único pulmón, alcohólico, drogado y, por confesión propia, un tanto desequilibrado (“whacky”) se puso genialmente a evocar”.


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