martes, 20 de diciembre de 2016

Otra de discursos, pero de un traductor alemán

Nacido en 1937 en Berlín, el traductor alemán Peter Schultze-Kraft  ha dado a conocer en su país a 109 autores colombianos a lo largo de más de medio siglo. Por esa razón, en nombre del gobierno colombiano, el embajador Juan Mayr Maldonado, le entregó el pasado 1 de julio, la Orden de San Carlos, en la categoría Caballero. La ceremonia tuvo lugar en Stuttgart. Lo que se ofrece a continuación es la reproducción del discurso de agradecimiento, tal como fue publicada por el diario El Espectador, de Colombia.

El caballero alemán de la literatura colombiana

El 8 de abril temprano por la mañana me llamó el embajador Juan Mayr Maldonado para comunicarme, en tono solemne, que el Gobierno colombiano había decidido otorgarme la Orden que ahora llevo encima de mi corazón. Confieso que la noticia me abrumó. Corrí al espejo y me pregunté: ¿Ese setentón decrépito, cano, desgreñado y sin afeitar quiere ser un Caballero de San Carlos? La verdad es que yo nunca aspiraba recibir ninguna orden u otra distinción, sino que he hecho mi trabajo de divulgación de la literatura colombiana por puro gusto, por amistad con los autores y por solidaridad con sus compromisos y luchas.

Mi nexo con Colombia data de 1956 cuando conocí en Heidelberg a Mario Laserna, quien despertó mi interés en su país. Como fruto de este contacto viajé a finales de 1958, a la edad de 21 años, por primera vez a Colombia y me quedé dos años. En los primeros meses me matriculé en la Universidad de los Andes en Bogotá para aprender español, después recibí la oferta de supervisar la construcción de un molino de arroz en Fundación, departamento del Magdalena. Ese molino quedaba a tres kilómetros de Aracataca, centro de la zona bananera, donde nació Gabriel García Márquez y donde una de las fincas se llamaba Macondo, el nombre que García Márquez dio a su imperio literario. En esa época yo no sabía de García Márquez y su literatura, pero fui profundamente marcado por su mundo, la luz, la sonoridad, la tristeza y la magia de la Costa.

Años después comencé a leer autores colombianos: García Márquez, Eduardo Caballero Calderón, Manuel Mejía Vallejo, y los jóvenes cuyos cuentos salieron en las meritorias revistas ECO y Letras Nacionales: Darío Ruiz, Germán Espinosa, Nicolás Suescún, Luis Fayad, Policarpo Varón, Fanny Buitrago ... El comienzo de mi labor en serio con la literatura colombiana también tiene una fecha y como prueba tengo un artículo del periódico El Mundo de San Salvador, El Salvador, fechado 3 de abril de 1967.

En esa época yo trabajaba con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Centroamérica y Manuel Zapata Olivella, el director de Letras Nacionales, quien estuvo de visita en San Salvador y hospedado en mi casa, se ofreció a ponerme en contacto con los narradores colombianos para que yo pudiera realizar mi proyecto de una antología del cuento colombiano. De hecho, esta antología salió dos años después en Alemania. Policarpo Varón me contó más tarde que él, al recibir su ejemplar de rigor, se puso tan feliz que regaló el libro al cartero.

Sí, señor, cuando uno se dedica al oficio de hacer libros le ocurren cosas a veces fantásticas. En un caso, por ejemplo, mientras estaba trabajando en una antología de cuentos, un escritor menos conocido de Barranquilla me envió su libro y me escribió que si escogiese uno de sus textos esto sería la prueba de la existencia de Dios. Admito que me sentí un tanto incómodo en el papel del Supremo. Más incómodo aún me sentía cuando una mujer que, obviamente había leído un libro mío en cuya contraportada apareció una foto de mí rodeado por mis tres hijos, me llamó por teléfono y me dijo: “Pienso terminar mi vida dentro de poco tiempo y como a Ud. le gustan los niños quiero que se encargue de mi hijo”.

No sé exactamente cuántos libros de la literatura latinoamericana, y en particular de la colombiana, he hecho, creo que son más de cuarenta títulos, entre antologías y traducciones de novelas. Pero sí he hecho la cuenta del número de narradores colombianos que entre 1969 y 2016 he dado a conocer al público de los países de habla alemana: En total son 109 y la mayoría de ellos, como por ejemplo Álvaro Mutis, Álvaro Cepeda Samudio, Juan Gabriel Vásquez y Tomás González, tuvieron su primera traducción a una lengua extranjera a través de un libro mío.

Así que al recibir, con humildad, gratitud y orgullo, la Orden de Caballero de San Carlos siento este honor como el abrazo colectivo de estos 109 autores colombianos multiplicado por los abrazos de miles de lectores alemanes, austríacos y suizos a quienes he abierto el camino a gozar de la literatura colombiana.

Lo que me alegra particularmente es que reciba la distinción de un Gobierno cuyo presidente es, para mi, un héroe de la paz y que lo reciba de manos de Juan Mayr Maldonado (embajador de Colombia en Alemania), a quien admiro profundamente por su defensa de las naciones indígenas colombianas.

Gracias, embajador. Gracias, Colombia.

Peter Schultze-Kraft 


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