Segundo día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:
1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?
2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?
3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?
Ediciones B
Jonio González
Cargo: jefe de Departamento de Traducción
Experiencia profesional: trece años en la editorial; seis en el cargo.
1) Por lo general se intenta que sean traductores especializados en el género de la obra a traducir, y por lo tanto familiarizados con jergas, estructuras, etc. Dicha especialización viene dada, a menudo, por la preferencia o afición del propio profesional. Este es el caso, por ejemplo, de los traductores de ciencia ficción o novela romántica, con muchos de los cuales hemos contactado a través de blogs del género. Asimismo, procuramos, en la medida de lo posible, que el traductor de ciertos autores sea siempre el mismo, básicamente por una cuestión de tono.
2) Nuestras tarifas están en la media del mercado, lo que no significa que sean las apropiadas. Un problema añadido es que no suele hacerse diferenciación a partir de la dificultad de la obra, o cuando se hace la diferencia de tarifa es mínima. En nuestro caso, las obras literarias se pagan, por promedio, un veinte por ciento más que las llamadas comerciales (thriller, romántica, autoayuda, histórica). En cuanto a las tarifas de literatura infantil y juvenil, suelen ser ligeramente inferiores, lo que desde luego no es justo, pues se da por supuesto que la dificultad de los textos es menor, cuando de hecho no lo es dar con el tono apropiado para un segmento del mercado muy específico
3) La medida está dada por el volumen de mercado. Si de un título se espera que venda 50.000 ejemplares en España y 2.000 en toda Sudamérica (como de hecho ha ocurrido, y ocurre, a menudo), tal vez sea lógico que se primen las características del castellano del público mayoritario. Cuando Argentina era uno de los principales centros de edición del ámbito del español, el castellano de las traducciones no tenía en cuenta las características locales de países como Ecuador, por poner un ejemplo (al respecto, basta con echar un vistazo a las versiones de la serie de novela negra publicada en su día por Tiempo Contemporáneo), y eso era así porque se trataba de mercados menores o aun residuales. Personalmente no veo el modo de llegar a un consenso, toda vez que el así llamado “castellano neutro” se ha mostrado tan ineficaz como utópico.
Ícono Editorial
Gustavo García
Cargo: Propietario, director, gerente
Antigüedad en el cargo: seis años
1) Elijo a los traductores de acuerdo con su hoja de vida y con una muestra del trabajo realizado. Es fundamental que el texto traducido se lea como si originalmente hubiera sido escrito en español.
2) Se paga según las tarifas del mercado que, por lo demás, no son muy homogéneas, el menos en Colombia. Y puede que no sean las mejores tarifas, pero el mercado del libro no aguanta un pago mayor, que terminaría por aumentarle el precio de venta al público.
3) Sólo si se tiene en ciernes una venta internacional importante son tenidos en cuenta.
Libros del Zorzal
Leopoldo Kulesz
Cargo: propietario y director editorial.
Antigüedad: 10 años.
1) Elijo en base a recomendación de colegas u otros traductores. A un traductor nuevo le hago traducir 5 páginas de prueba.
2) No creo que "justa" sea un calificativo adecuado. Las remuneraciones en el mercado editorial son bajas para todos, para los traductores también. Mi cálculo es preguntarme "¿Cuánto paga el que mejor paga?" y yo pago un 10% más que eso.
3) Tenemos una hoja de estilo para traductores que orienta al traductor a pensar en todos los lectores del mundo hispano, siempre que sea posible
jueves, 20 de mayo de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010
Una encuesta para editores (I) Djament/ Slachevsky/ Sesé
Entre el 24 de marzo y el 5 de abril de presente año, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires realizó una encuesta entre 29 escritores de lengua castellana procedentes de la Argentina, Colombia, Chile, España, México, Perú, Venezuela y Uruguay, preguntándoles por sus puntos de vista a la hora de juzgar una traducción.
Con el mismo espíritu, pero tratando en esta oportunidad de que los traductores puedan leer y acaso comprender las razones de los editores para poder discutirlas, comienza hoy otra encuesta. Se trata de tres preguntas, formuladas a editores de editoriales que traducen y que, en consecuencia, tratan con traductores y traducciones. Quienes responden son propietarios de sellos, editores generales, editores rasos y responsables del departamento de traducción. Se ha buscado representar el mayor espectro posible para cada país, por lo que la encuesta les fue enviada tanto a las grandes empresas multinacionales como a las medianas y pequeñas editoriales. Por muy diversas razones –algunas confesadas y otras no–, el porcentaje de quienes respondieron es relativamente bajo. Alcanza, no obstante, para fijar tendencias, conocer usos y costumbres, y saber en algunos casos cuánto se paga y por qué. Es esperable, entonces, que esos datos ayuden a fomentar un diálogo y, llegado el caso, a acercar posiciones.
El Administrador de este blog quiere dejar constancia de la ayuda prestada para la realización de este trabajo por Gabriela Adamo (Argentina), Ramón Cote (Colombia), Juan Gabriel López Guix y Andrés Ehrenhaus (España), Pedro Serrano (México) y Gustavo Valle (Venezuela)
1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?
2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?
3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?
Eterna Cadencia
Leonora Djament
Cargo que ocupa: directora editorial desde 2007.
Experiencia profesional: 15 años en el sector; previamente trabajo en Alfaguara y fue directora editorial de la filial argentina de Norma.
1) Intentamos elegir un traductor particular para cada libro. No es lo mismo traducir los libros de ensayo de nuestra colección de música (pronta a salir) que un libro de literatura alemana reciente o un libro de filosofía analítica. El traductor debe poder nadar más o menos cómodamente en las aguas que le toque y, ojalá, tener cierta afinidad o interés en el tema. Muchas veces, son los propios traductores los que proponen libros a ser traducidos y, en ese caso, el entusiasmo por el libro está casi asegurado.
2) La remuneración de los traductores no es justa como no es del todo justa la paga de ninguno de las personas involucradas en el hacer de un libro (por no hablar de otras actividades). Las tarifas de traducción se calculan en base a un tarifario calculado por millar de palabras, que se actualiza cuando es necesario, que es más o menos el que se usa en el sector editorial en este momento, y que varía dependiendo de la dificultad, extensión y otros aspectos de cada libro.
3) Los lectores de ambos lados del Atlántico son tenidos en cuenta en todo momento: desde la compra de los derechos del libro, en el momento de la traducción y en el momento de la edición posterior. Se trata en cada caso, siempre pensado de manera absolutamente particular, de encontrar un tono, un ritmo, un vocabulario, que imite, que mime, al del original y que a su vez contemple las posibilidades de comprensión -o de extrañamiento- en cada uno de los países de habla hispana. Esto siempre recordando que lo que se traduce está traducido, es lengua traducida y eso no debe olvidarse. Hay como un resto que tiene que quedar siempre como resto.
LOM Ediciones
Paulo Slachevsky
Cargo que ocupa: director editorial desde 1990.
1) Como criterios de selecciones buscamos que maneje la disciplina o temática, o mejor aún, que conozca la obra del autor que ha de traducir..Los mecanismos de contacto han sido fundamentalmente la selección de a- personas cercana al equipo editorial, b- traductor que se ha acercado a la editorial, c) recomendación del autor para la traducción de su texto.
2) Nos parece que la traducción es una labor que no se paga correctamente, sobre todo considerando la dedicación y capacidades necesarias para realizarlo correctamente. Pero ello se vincula con la realidad del mundo del libro, el país en que traduce, el contexto. Si uno considera que por la traducción en general se reserva el 3 o 4% de los derechos de autor, y las ventas de parte importante de los libros traducidos por editoriales independientes está por debajo de los mil ejemplares, el traductor recibe mucho mas de ese porcentaje y muchas veces más que el mismo autor. En ese sentido, es muy difícil encontrar por la vía de la publicación del libro el financiamiento al trabajo el traductor, limitando las posibilidades de traducciones y el justo pago. La base de calculo que hemos usado nosotros se construyo a través de consultas a editoriales similares en otros países de cuánto y cómo pagan ( México, Argentina, Uruguay y España) y se llego a una valor por carácter. También usamos como referencia una escala de valores que acordaron traductores y editores en Alemania.
3) Se busca que sea un español lo más universal posible; es decir, hay estar muy consciente de los localismos y evitarlos.
Ediciones Destino
Silvia Sesé
Cargo que ocupa: editora a cargo del programa de ficción de Ediciones Destino desde marzo de 2007.
Experiencia profesional: anteriormente había sido responsable editorial de Círculo de Lectores.
1) Normalmente, los que elegimos son traductores con los que llevamos un tiempo trabajando, así que conocemos bien metodología y nivel. En el caso de nuevos traductores, solemos pedir una prueba de traducción de unas diez páginas, y por supuesto, valoramos los trabajos anteriores.
2) Tenemos tarifas que varían levemente dependiendo de las lenguas, por un tema de oferta. La tarifa habitual va de 10 a 12 euros la página de 2100 espacios. Desde mi punto de vista, el trabajo del traductor literario es esencial y decisivo, y lamentablemente, en muchísimos casos, el esfuerzo y la formación que exige una buena traducción no puede pagarse.
3) Intentamos evitar los términos que pueden generar confusión en Latinoamérica. De todos modos, nuestros colegas en México, Argentina, Chile, Colombia, etc., hacen una revisión del texto ya que imprimen allí
Con el mismo espíritu, pero tratando en esta oportunidad de que los traductores puedan leer y acaso comprender las razones de los editores para poder discutirlas, comienza hoy otra encuesta. Se trata de tres preguntas, formuladas a editores de editoriales que traducen y que, en consecuencia, tratan con traductores y traducciones. Quienes responden son propietarios de sellos, editores generales, editores rasos y responsables del departamento de traducción. Se ha buscado representar el mayor espectro posible para cada país, por lo que la encuesta les fue enviada tanto a las grandes empresas multinacionales como a las medianas y pequeñas editoriales. Por muy diversas razones –algunas confesadas y otras no–, el porcentaje de quienes respondieron es relativamente bajo. Alcanza, no obstante, para fijar tendencias, conocer usos y costumbres, y saber en algunos casos cuánto se paga y por qué. Es esperable, entonces, que esos datos ayuden a fomentar un diálogo y, llegado el caso, a acercar posiciones.
El Administrador de este blog quiere dejar constancia de la ayuda prestada para la realización de este trabajo por Gabriela Adamo (Argentina), Ramón Cote (Colombia), Juan Gabriel López Guix y Andrés Ehrenhaus (España), Pedro Serrano (México) y Gustavo Valle (Venezuela)
Tres preguntas para una encuesta
2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?
3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?
Eterna Cadencia
Leonora Djament
Cargo que ocupa: directora editorial desde 2007.
Experiencia profesional: 15 años en el sector; previamente trabajo en Alfaguara y fue directora editorial de la filial argentina de Norma.
1) Intentamos elegir un traductor particular para cada libro. No es lo mismo traducir los libros de ensayo de nuestra colección de música (pronta a salir) que un libro de literatura alemana reciente o un libro de filosofía analítica. El traductor debe poder nadar más o menos cómodamente en las aguas que le toque y, ojalá, tener cierta afinidad o interés en el tema. Muchas veces, son los propios traductores los que proponen libros a ser traducidos y, en ese caso, el entusiasmo por el libro está casi asegurado.
2) La remuneración de los traductores no es justa como no es del todo justa la paga de ninguno de las personas involucradas en el hacer de un libro (por no hablar de otras actividades). Las tarifas de traducción se calculan en base a un tarifario calculado por millar de palabras, que se actualiza cuando es necesario, que es más o menos el que se usa en el sector editorial en este momento, y que varía dependiendo de la dificultad, extensión y otros aspectos de cada libro.
3) Los lectores de ambos lados del Atlántico son tenidos en cuenta en todo momento: desde la compra de los derechos del libro, en el momento de la traducción y en el momento de la edición posterior. Se trata en cada caso, siempre pensado de manera absolutamente particular, de encontrar un tono, un ritmo, un vocabulario, que imite, que mime, al del original y que a su vez contemple las posibilidades de comprensión -o de extrañamiento- en cada uno de los países de habla hispana. Esto siempre recordando que lo que se traduce está traducido, es lengua traducida y eso no debe olvidarse. Hay como un resto que tiene que quedar siempre como resto.
LOM Ediciones
Paulo Slachevsky
Cargo que ocupa: director editorial desde 1990.
1) Como criterios de selecciones buscamos que maneje la disciplina o temática, o mejor aún, que conozca la obra del autor que ha de traducir..Los mecanismos de contacto han sido fundamentalmente la selección de a- personas cercana al equipo editorial, b- traductor que se ha acercado a la editorial, c) recomendación del autor para la traducción de su texto.
2) Nos parece que la traducción es una labor que no se paga correctamente, sobre todo considerando la dedicación y capacidades necesarias para realizarlo correctamente. Pero ello se vincula con la realidad del mundo del libro, el país en que traduce, el contexto. Si uno considera que por la traducción en general se reserva el 3 o 4% de los derechos de autor, y las ventas de parte importante de los libros traducidos por editoriales independientes está por debajo de los mil ejemplares, el traductor recibe mucho mas de ese porcentaje y muchas veces más que el mismo autor. En ese sentido, es muy difícil encontrar por la vía de la publicación del libro el financiamiento al trabajo el traductor, limitando las posibilidades de traducciones y el justo pago. La base de calculo que hemos usado nosotros se construyo a través de consultas a editoriales similares en otros países de cuánto y cómo pagan ( México, Argentina, Uruguay y España) y se llego a una valor por carácter. También usamos como referencia una escala de valores que acordaron traductores y editores en Alemania.
3) Se busca que sea un español lo más universal posible; es decir, hay estar muy consciente de los localismos y evitarlos.
Ediciones Destino
Silvia Sesé
Cargo que ocupa: editora a cargo del programa de ficción de Ediciones Destino desde marzo de 2007.
Experiencia profesional: anteriormente había sido responsable editorial de Círculo de Lectores.
1) Normalmente, los que elegimos son traductores con los que llevamos un tiempo trabajando, así que conocemos bien metodología y nivel. En el caso de nuevos traductores, solemos pedir una prueba de traducción de unas diez páginas, y por supuesto, valoramos los trabajos anteriores.
2) Tenemos tarifas que varían levemente dependiendo de las lenguas, por un tema de oferta. La tarifa habitual va de 10 a 12 euros la página de 2100 espacios. Desde mi punto de vista, el trabajo del traductor literario es esencial y decisivo, y lamentablemente, en muchísimos casos, el esfuerzo y la formación que exige una buena traducción no puede pagarse.
3) Intentamos evitar los términos que pueden generar confusión en Latinoamérica. De todos modos, nuestros colegas en México, Argentina, Chile, Colombia, etc., hacen una revisión del texto ya que imprimen allí
martes, 18 de mayo de 2010
Descifrar jeróglíficos en la calle Paraná
A un año y dos días de comenzadas las actividades del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, ayer hubo reunión para escuchar a Jorge Salvetti (fotos: Guido BonFiglio), quien presentó los problemas que planteó el desciframiento de los jeróglificos egipcios y su traspaso a la escritura alfabética. Quien desee verlo y escucharlo puede hacerlo en http://www.ustream.tv/recorded/7004843
Jorge Salvetti ha traducido Fragmentos Coptos (contiene fragmentos de “La vida del Appa Onofrios”, “La muerte de José narrada por su hijo Jesús”, “El Descenso del Apóstol Pablo a los Infiernos”, “Pistis Sophia”, etc.; conjuntamente con Alejandro Roig), Koptische Grammatik, de Walter C. Till. (gramática copta), Lehrbuch des Akkadischen, de Dr. Kaspar Riemschneider. (manual de acadio [lengua semítica de Babilonia y Asiria]), Brahma-bindu-upanishad, una de las célebres 108 Upanishads, directamente del sánscrito, acompañado de un prólogo y un extenso aparato crítico, diez canciones de la obra del trovador Arnaut Daniel (traducción directa del original occitano), Diario del primer amor y otros relatos, de Leopardi, Tres Cuentos Egipcios de los Reinos Medio y Nuevo (“El cuento del Náufrago”, “La historia de Sinuhe”, “La contienda entre Horus y Seth”, traducción directa del egipcio jeroglífico, conjuntamente con el Dr. Marcelo Campaño), Letters to Hi Simmons de Wallace Stevens (conjuntamente con Dario Rojo), Cuarenta y Cuatro cartas de Pier Paolo Passolini (conjuntamente con la psicoanalista Beatriz Castillo), Guía de perplejos de Gilad Atzmon (del hebreo, conjuntamente con Clara Feigelbaum), La historia del chofer que quería ser Dios de Etgar Keret (del hebreo, en colaboración con Clara Feigelbaum), El Cuaderno Rojo y Diario íntimo, de Benjamin Constant, entre otros muchos textos.
Jorge Salvetti ha traducido Fragmentos Coptos (contiene fragmentos de “La vida del Appa Onofrios”, “La muerte de José narrada por su hijo Jesús”, “El Descenso del Apóstol Pablo a los Infiernos”, “Pistis Sophia”, etc.; conjuntamente con Alejandro Roig), Koptische Grammatik, de Walter C. Till. (gramática copta), Lehrbuch des Akkadischen, de Dr. Kaspar Riemschneider. (manual de acadio [lengua semítica de Babilonia y Asiria]), Brahma-bindu-upanishad, una de las célebres 108 Upanishads, directamente del sánscrito, acompañado de un prólogo y un extenso aparato crítico, diez canciones de la obra del trovador Arnaut Daniel (traducción directa del original occitano), Diario del primer amor y otros relatos, de Leopardi, Tres Cuentos Egipcios de los Reinos Medio y Nuevo (“El cuento del Náufrago”, “La historia de Sinuhe”, “La contienda entre Horus y Seth”, traducción directa del egipcio jeroglífico, conjuntamente con el Dr. Marcelo Campaño), Letters to Hi Simmons de Wallace Stevens (conjuntamente con Dario Rojo), Cuarenta y Cuatro cartas de Pier Paolo Passolini (conjuntamente con la psicoanalista Beatriz Castillo), Guía de perplejos de Gilad Atzmon (del hebreo, conjuntamente con Clara Feigelbaum), La historia del chofer que quería ser Dios de Etgar Keret (del hebreo, en colaboración con Clara Feigelbaum), El Cuaderno Rojo y Diario íntimo, de Benjamin Constant, entre otros muchos textos.
lunes, 17 de mayo de 2010
Literatura y traducción son inseparables
El pasado 8 de abril, el prestigioso poeta, crítico literario, ensayista y traductor del francés al inglés Richard Howard (Cleveland, Ohio, 1929) reseñó para el New York Times el volumen Why Translation Matters, último ensayo sobre la traducción, publicado por la traductora estadounidense Edith Grossman (ver la entrada del 19 de abril en este blog). Silvia Camerotto tuvo la amabilidad de traducir el artículo que se reproduce a continuación.
¿Tiene importancia la traducción? Ya desde el título, el nuevo libro de Edith Grossman, sostiene que sí y ella debe saber. Why Translation Matters (Por qué es importante la traducción) –en realidad, un largo ensayo– es uno de los primeros textos de las nuevas y prometedoras series "Por qué es importante X", que publica Yale. Cada volumen presenta «un argumento a favor de la relevancia vigente de una persona o idea importantes». Por cierto, cuando la "X" se refiere a la traducción, no se me ocurre pensar en defensora más calificada –o, como terminó siendo, más quejosa– que Grossman, cuya versión del Quijote, publicada unos años atrás, causara agitación en el difuso reino de los clásicos recientemente traducidos, y cuyo trato posterior del esplendor hispánico, antiguo y moderno, ha provocado que incluso alguien tan amable a la hora de evaluar los logros culturales como Harold Bloom la proclamara, inquietantemente, la Glenn Gould de los traductores.
La coyuntura a la que se refiere Grossman, una vez que deja de lado la banalidades de la cortesía profesional, es la drástica ineptitud del tratamiento generalmente ofrecido a las traducciones literarias en este país. Según los editores, «nuestro mundo como lectores devotos depende de la disponibilidad de obras traducidas, clásicas y contemporáneas, aunque en los países angloparlantes, la mayoría de las grandes editoriales, extrañamente, se resisten a publicarlas».
Según los críticos, «muy pocas de ellas han creado una forma inteligente que permita examinar tanto el original como su traducción, dentro a los límites de espacio impuestos por la edición… Su incapacidad de hacerlo es producto de un diletantismo intransigente y de un amateurismo obstinado, el amenazante monstruo de dos cabezas que avanza rampante por el territorio inhóspito poblado por aquellos que escriben reseñas».
Y según los académicos, «los traductores “parecen ser una parte más del paisaje que, de tan familiares y comunes, corremos el riesgo de volvernos invisibles. Esa puede ser la razón por la que muchos departamentos de lengua universitarios a menudo ejercen el monopolio en la enseñanza de lo que ellos deciden llamar literatura universal o humanidades…
No puedo oponerme a la inclusión de traducciones en cualquier lista de lectura, aunque en el proceso, los departamentos de lenguas extranjeras y los profesores de literatura menosprecian claramente a los únicos con verdadero conocimiento de las obras estudiadas. Nunca pude encontrar coherencia en esto. ¿Acaso hay alguien en el comité curricular que ignora o no puede notar la diferencia entre obras en inglés y obras traducidas? Lo mejor que puedo decir es que la ironía de esa desconexión sea posiblemente un rasgo académico”».
Y también según los lectores, tanto comunes como otro tipo, «resulta fascinante y desconcertante ver que, de todas las artes vinculadas a la interpretación, la traducción es la única que debe defenderse de la insidiosa y dañina pregunta de si es, puede ser, o debería ser o no posible».
Pero una vez que dejamos atrás esos obstáculos, mucho más hondo en el amargo brebaje en el que los traductores están ineludiblemente destinados a impregnarse, se encuentra el conocimiento redentor de que, a pesar de las ofensas e imposiciones a la que es sometida la traducción en nuestra cultura, es crucial para nuestra percepción de nosotros mismos como humanos. Grossman es más elocuente, no cuando reclama quejosa y resentida, que los "presumidos grupos internacionales" dueños de las principales editoriales, estén a la altura de su responsabilidad de fomentar la traducción literaria, sino cuando deja ver el goce que su trabajo le causa y lo que verdaderamente la inspira:
«Allí donde hay literatura, hay traducción. Sustancialmente unidas, son absolutamente inseparables, y a la larga, lo que le ocurre a una le ocurre a la otra. A pesar de todas las dificultades que ambas han padecido, a veces por separado aunque, en general, juntas, se necesitan y se alimentan una a la otra, y su relación a largo plazo, a menudo compleja, pero siempre iluminadora, seguramente continuará así mientras ambas existan».
Creo –como pienso que también cree Grossman, según surge de sus últimos capítulos– que el público apropiado para sus incisivas declaraciones sobre la traducción y sus avatares comerciales es, en realidad, el lector-oyente en ocasiones resistente, en ocasiones cínico, que quizá desea convertirse, tarde o temprano, en la próxima Edith Grossman. El destino de la traducción se decide en esos oídos y en esas mentes, y no en los oficinas de muchas instituciones y editoriales; de ahí su ensayo.
Por lo tanto, es alentador y también reconfortante enterarse de que Grossman, cuando no está traduciendo, pasa su tiempo en arduas, aunque a menudo apasionadas, clases universitarias, en las que puede exponer y aclarar la naturaleza de su arte. Sus claves sobre cómo crear, perfeccionar y corregir una traducción como una obra legítima en otro idioma (ella se crispa ante la metáfora de “lengua blanco”), diseminadas a lo largo de su ensayo, son precisamente lo que el lector, en especial el lector que no es traductor, necesita.
Mientras tanto, a pesar del cruel e inusual castigo que la traducción enfrenta, en términos generales, en la cultura, Grossman y otros como ella, continúan brindando esclarecimiento. Gradual y trabajosamente, en la última década ha florecido, o al menos brotado un genuino logro contemporáneo de la enseñanza y la consiguiente producción de traducciones de literatura europea clásica, particularmente, de poesía. Las traducciones del griego de Guy Davenport y Anne Carson; media docena de versiones de La divina Comedia, incluyendo las traducciones de W.S. Merwin, Robert Pinsky y Mary Jo Bang; las inspiradas versiones de Rika Lesser del los poetas suecos Ekelof y Sonnevi; las traducciones de Richard Pevear y Larissa Volokhonsky de casi todo el corpus de los grandes escritores rusos del siglo XIX, que corrigen con mucho tacto el extraño desbalance del peculiar esfuerzo de Constance Garnett para hacer que todos los autores rusos suenen parecidos; y muy recientemente la sorprendente restauración de Thomas Mann por John Woods (quien capta el humor endémico de Mann, transformando cada tomo en una joya de la ironía). A pesar de todas las dificultades, en estos últimos años hemos recibido todos estos obsequios. También hemos salvaguardado una enorme y desconocida biblioteca de la poesía portuguesa y española ( desde el Pessoa de Richard Zenith hasta el Neruda de John Felstiner), lo que me remite a la poesía del siglo de oro de Edith Grossman, cuyo último capítulo se titula, sin una sombra de disculpa, “Traduciendo poesía”. Allí, Grossman triunfa sobre su resentimiento respecto del escandaloso abuso de la traducción en nuestra cultura. El relato de lo que ella llama “el interminable dilema de escribir y de escribir como traductor” es tratado con pasión y explicado con paciencia.
Sobre el final del ensayo, Grossman, cálidamente (al fin y al cabo) y agradecida, intenta la respuesta doble a la pregunta del título: la traducción es importante porque es una expresión y una extensión de nuestra condición humana, la metáfora secreta de toda comunicación literaria; y porque la creación de cualquier traducción literaria es (o al menos, debe ser) una escritura original, no una patética sombra o vestigio del inaccesible original, sino la creación, sin duda, de una segunda —y según hemos visto una tercera y una novena—, pero siempre una obra nueva, en otro idioma.
Allí donde hay literatura, hay traducción
¿Tiene importancia la traducción? Ya desde el título, el nuevo libro de Edith Grossman, sostiene que sí y ella debe saber. Why Translation Matters (Por qué es importante la traducción) –en realidad, un largo ensayo– es uno de los primeros textos de las nuevas y prometedoras series "Por qué es importante X", que publica Yale. Cada volumen presenta «un argumento a favor de la relevancia vigente de una persona o idea importantes». Por cierto, cuando la "X" se refiere a la traducción, no se me ocurre pensar en defensora más calificada –o, como terminó siendo, más quejosa– que Grossman, cuya versión del Quijote, publicada unos años atrás, causara agitación en el difuso reino de los clásicos recientemente traducidos, y cuyo trato posterior del esplendor hispánico, antiguo y moderno, ha provocado que incluso alguien tan amable a la hora de evaluar los logros culturales como Harold Bloom la proclamara, inquietantemente, la Glenn Gould de los traductores.
La coyuntura a la que se refiere Grossman, una vez que deja de lado la banalidades de la cortesía profesional, es la drástica ineptitud del tratamiento generalmente ofrecido a las traducciones literarias en este país. Según los editores, «nuestro mundo como lectores devotos depende de la disponibilidad de obras traducidas, clásicas y contemporáneas, aunque en los países angloparlantes, la mayoría de las grandes editoriales, extrañamente, se resisten a publicarlas».
Según los críticos, «muy pocas de ellas han creado una forma inteligente que permita examinar tanto el original como su traducción, dentro a los límites de espacio impuestos por la edición… Su incapacidad de hacerlo es producto de un diletantismo intransigente y de un amateurismo obstinado, el amenazante monstruo de dos cabezas que avanza rampante por el territorio inhóspito poblado por aquellos que escriben reseñas».
Y según los académicos, «los traductores “parecen ser una parte más del paisaje que, de tan familiares y comunes, corremos el riesgo de volvernos invisibles. Esa puede ser la razón por la que muchos departamentos de lengua universitarios a menudo ejercen el monopolio en la enseñanza de lo que ellos deciden llamar literatura universal o humanidades…
No puedo oponerme a la inclusión de traducciones en cualquier lista de lectura, aunque en el proceso, los departamentos de lenguas extranjeras y los profesores de literatura menosprecian claramente a los únicos con verdadero conocimiento de las obras estudiadas. Nunca pude encontrar coherencia en esto. ¿Acaso hay alguien en el comité curricular que ignora o no puede notar la diferencia entre obras en inglés y obras traducidas? Lo mejor que puedo decir es que la ironía de esa desconexión sea posiblemente un rasgo académico”».
Y también según los lectores, tanto comunes como otro tipo, «resulta fascinante y desconcertante ver que, de todas las artes vinculadas a la interpretación, la traducción es la única que debe defenderse de la insidiosa y dañina pregunta de si es, puede ser, o debería ser o no posible».
Pero una vez que dejamos atrás esos obstáculos, mucho más hondo en el amargo brebaje en el que los traductores están ineludiblemente destinados a impregnarse, se encuentra el conocimiento redentor de que, a pesar de las ofensas e imposiciones a la que es sometida la traducción en nuestra cultura, es crucial para nuestra percepción de nosotros mismos como humanos. Grossman es más elocuente, no cuando reclama quejosa y resentida, que los "presumidos grupos internacionales" dueños de las principales editoriales, estén a la altura de su responsabilidad de fomentar la traducción literaria, sino cuando deja ver el goce que su trabajo le causa y lo que verdaderamente la inspira:
«Allí donde hay literatura, hay traducción. Sustancialmente unidas, son absolutamente inseparables, y a la larga, lo que le ocurre a una le ocurre a la otra. A pesar de todas las dificultades que ambas han padecido, a veces por separado aunque, en general, juntas, se necesitan y se alimentan una a la otra, y su relación a largo plazo, a menudo compleja, pero siempre iluminadora, seguramente continuará así mientras ambas existan».
Creo –como pienso que también cree Grossman, según surge de sus últimos capítulos– que el público apropiado para sus incisivas declaraciones sobre la traducción y sus avatares comerciales es, en realidad, el lector-oyente en ocasiones resistente, en ocasiones cínico, que quizá desea convertirse, tarde o temprano, en la próxima Edith Grossman. El destino de la traducción se decide en esos oídos y en esas mentes, y no en los oficinas de muchas instituciones y editoriales; de ahí su ensayo.
Por lo tanto, es alentador y también reconfortante enterarse de que Grossman, cuando no está traduciendo, pasa su tiempo en arduas, aunque a menudo apasionadas, clases universitarias, en las que puede exponer y aclarar la naturaleza de su arte. Sus claves sobre cómo crear, perfeccionar y corregir una traducción como una obra legítima en otro idioma (ella se crispa ante la metáfora de “lengua blanco”), diseminadas a lo largo de su ensayo, son precisamente lo que el lector, en especial el lector que no es traductor, necesita.
Mientras tanto, a pesar del cruel e inusual castigo que la traducción enfrenta, en términos generales, en la cultura, Grossman y otros como ella, continúan brindando esclarecimiento. Gradual y trabajosamente, en la última década ha florecido, o al menos brotado un genuino logro contemporáneo de la enseñanza y la consiguiente producción de traducciones de literatura europea clásica, particularmente, de poesía. Las traducciones del griego de Guy Davenport y Anne Carson; media docena de versiones de La divina Comedia, incluyendo las traducciones de W.S. Merwin, Robert Pinsky y Mary Jo Bang; las inspiradas versiones de Rika Lesser del los poetas suecos Ekelof y Sonnevi; las traducciones de Richard Pevear y Larissa Volokhonsky de casi todo el corpus de los grandes escritores rusos del siglo XIX, que corrigen con mucho tacto el extraño desbalance del peculiar esfuerzo de Constance Garnett para hacer que todos los autores rusos suenen parecidos; y muy recientemente la sorprendente restauración de Thomas Mann por John Woods (quien capta el humor endémico de Mann, transformando cada tomo en una joya de la ironía). A pesar de todas las dificultades, en estos últimos años hemos recibido todos estos obsequios. También hemos salvaguardado una enorme y desconocida biblioteca de la poesía portuguesa y española ( desde el Pessoa de Richard Zenith hasta el Neruda de John Felstiner), lo que me remite a la poesía del siglo de oro de Edith Grossman, cuyo último capítulo se titula, sin una sombra de disculpa, “Traduciendo poesía”. Allí, Grossman triunfa sobre su resentimiento respecto del escandaloso abuso de la traducción en nuestra cultura. El relato de lo que ella llama “el interminable dilema de escribir y de escribir como traductor” es tratado con pasión y explicado con paciencia.
Sobre el final del ensayo, Grossman, cálidamente (al fin y al cabo) y agradecida, intenta la respuesta doble a la pregunta del título: la traducción es importante porque es una expresión y una extensión de nuestra condición humana, la metáfora secreta de toda comunicación literaria; y porque la creación de cualquier traducción literaria es (o al menos, debe ser) una escritura original, no una patética sombra o vestigio del inaccesible original, sino la creación, sin duda, de una segunda —y según hemos visto una tercera y una novena—, pero siempre una obra nueva, en otro idioma.
domingo, 16 de mayo de 2010
Un archivo recuperado
La noticia apareció en Ñ digital el martes 11 de mayo y según el copete con que se publicó, "se trata de la base documental –libros, hemeroteca y archivos históricos– de la Fundación del Instituto Científico Judío (IWO), un acervo que resultó gravemente afectado por el ataque terrorista a la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires, en julio de 1994".
Digitalizarán mayor biblioteca
de la comunidad judía en Argentina
La biblioteca del IWO en el edificio destruido de la AMIA constituía una de las mayores en su género en el idioma yidish, además de reunir muchísimos volúmenes en español y en lenguas eslavas.
Los miles de documentos que integran la mayor biblioteca de la comunidad judía en Argentina serán digitalizados para su preservación y su acceso a través de internet, anunciaron hoy los responsables del proyecto.
Tras el hecho, que provocó la muerte de 85 personas, un grupo de voluntarios trabajó en el rescate de los documentos afectados, que ahora serán digitalizados.
El director ejecutivo de la Fundación IWO, Abraham Lichtenbaum, indicó a la prensa que este proyecto nació "pensando en el futuro" pues "el futuro está en el acceso inmediato a la información".
El IWO fue fundado en 1925 en la ciudad lituana de Vilna y más tarde se crearon filiales en otras partes del mundo, una de las cuales surgió en Buenos Aires.
La biblioteca del IWO en el edificio destruido de la AMIA constituía una de las mayores en su género en el idioma yidish, además de reunir muchísimos volúmenes en español y en lenguas eslavas.
El lugar estaba ornamentado con la colección Minkowski, una serie de pinturas de un artista judeo-polaco, especialmente valorado por la colectividad judía.
En el IWO funcionaba también el Museo del Holocausto, en el que se acumulaban materiales de la Segunda Guerra mundial y maquetas de los campos de concentración edificados por el régimen nazi, además de grabaciones y discos con valor histórico, considerados únicos.
Lichtenbaum explicó que antes del atentado la biblioteca atesoraba 60.000 libros, 3.000 cajas con documentos, obras de arte, una hemeroteca y archivos de audio y vídeo.
"Se ha rescatado un 80 por ciento de esos materiales. Lamentablemente se han perdido las grabaciones, que estaban en la parte cercana al frente del edificio", precisó el director ejecutivo de la Fundación IWO.
Los archivos digitalizados estarán disponibles a través del sitio web del IWO, donde además habrá un traductor de textos en yidish y hebreo.
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sábado, 15 de mayo de 2010
Cuando el destino nos alcance
No es capricho del Administrador que las últimas dos entradas de este blog tengan que ver con algo que, a priori, parecería alejado de los intereses de sus lectores. Sucede que estamos ante una nueva realidad inminente y conviene entonces que los autores y traductores vean de la manera más clara lo que se les viene encima y estén preparados para defenderse de los seguros abusos de las editoriales y comercializadoras de contenidos digitales. El 12 de mayo, Daniel González escribió en 20minutos.es a propósito de cómo se perfila el negocio del libro digital y señala que 1) la era de Internet llega al sector del libro mucho más tarde que a las industrias del cine, la música o los videojuegos, 2) los editores dicen que el problema no es de oferta, sino de demanda, 3) los autores y editores aún miran con cierto recelo al ebook. De los traductores nada se dice. Desde aquí se recomienda por las dudas que no acepten galletitas que digan Soylent Green.
El sector de los videojuegos se ha adaptado de una manera más o menos natural a la era de Internet. Las industrias del cine y de la música, sin embargo, se han visto arrastradas por ella: la red de redes ha generado, en muy poco tiempo, una serie de grandes cambios que están dejando obsoletos los modelos tradicionales del ocio audiovisual. Internet ha iniciado una guerra entre el inmovilismo deseado por algunos y la transformación necesaria que exige el progreso.
La batalla ha llegado ahora, con mucho más retraso, al sector del libro. La digitalización, el paso del soporte papel al e-reader, está siendo lento y, aun así, nadie parecía preparado para ello: a día de hoy, el catálogo en castellano es escaso, muchos editores muestran reticencias, multitud de escritores siguen apostando por el papel, existe un gran temor a los efectos de la piratería en el negocio, el marco jurídico aún no está bien definido...
La transición parece inminente e inevitable. El último estudio elaborado por el Ministerio de Cultura sobre el sector de los libros electrónicos desvela que en 2009 se registró un aumento en este mercado del 48% respecto al año anterior. Aunque el e-book apenas ha iniciado su andadura en España, editores, libreros y profesionales relacionados con la industria del libro y las nuevas tecnologías prevén que el libro electrónico representará el 50% del negocio de los editores en 2015.
El problema es de demanda
A raíz de ese informe del Ministerio de Cultura, que revela un aumento del negocio de casi un 50%, la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) ha hecho públicas unas cifras escandalosas sobre la piratería. Según el presidente de la federación, Antonio María Ávila, la piratería digital causa ya en España, en el mundo del libro, pérdidas cercanas a los 150 millones de euros. La piratería afecta sobre todo a los libros científicos y académicos y viene a ser la evolución de la fotocopia ilegal, una práctica que genera una pérdidas estimadas de 100 millones de euros.
Para los editores existe un gran temor a que esto sea un preludio de una situación similar a la que se ha vivido en las industrias musical y cinematográfica en los últimos años, que aún hoy buscan formas de hacer frente a las descargas de discos y películas a través de programas P2P.
Antonio María Ávila ha explicado a 20minutos.es los detalles de la situación. "En realidad sólo sabemos que las pérdidas del sector se sitúan entre los 130 y los 200 millones de euros, por eso dije que estarían en torno a los 150 millones. Actualmente se escanean los libros, se suben a Internet y se permite que se bajen sin autorización ninguna. Hay que mejorar mucho en materia de defensa de la propiedad intelectual", comenta Ávila.
El presidente de la federación opina que hay mucha desinformación sobre el tema y que es falso que exista un problema de oferta y una acomodación en las subvenciones. "Es un error criticar al sector arguyendo que no hay oferta de libros electrónicos cuando el problema en realidad es de demanda. Se requieren inversiones muy fuertes para llevar a cabo la digitalización de catálogos antiguos. En los sectores en los que hay demanda, como el jurídico o el médico, hace años que se ofrecen fondos digitalizados", explica.
"La digitalización presenta una serie de dificultades físicas y jurídicas que exigen mucho esfuerzo, un esfuerzo que luego no se ve recompensado ya que no se hace negocio. La facturación del libro electrónico en Estados Unidos, que es el mercado más fuerte, es del 1% dentro del sector editorial. En España es aún peor, ya que existen unas 20 variedades de lectores de ebooks y ni siquiera se comercializan todos en nuestro país", afirma Antonio María.
El presidente de la Federación de Gremios de Editores asegura que "ya hay pruebas empíricas de que no se compran ebooks. No hay demanda. Es cierto que, tal y como dice el informe, el sector ha avanzado un 48% en el último año, pero el 48% sobre un 1% no es nada. Con el Proyecto Enclave estamos consiguiendo aumentar los fondos digitalizados para la Biblioteca Nacional, pero si nos atenemos al número de descargas, de compras de libros electrónicos... hay poca mejoría.
También afirma que "España no va lenta en el negocio del libro electrónico. Depende de con quien lo compares. Si comparas con Estados Unidos, evidentemente estamos algo por detrás, pero la realidad es que nuestro país es uno de los que mayor catálogo digital ofrece".
Ávila considera que la solución al problema del ebook debería ir centrada en cuatro puntos: "El Gobierno tiene que crear un clima de respeto a la propiedad intelectual y contra la piratería, que viene en su mayor parte de los centros públicos, también hay que luchar por conseguir unas fórmulas de tributación justas para el libro electrónico, fortalecer a las bibliotecas públicas y, en último lugar, ofrecer ayudas de carácter temporal –en Francia ya se da un gran apoyo– para digitalizar los fondos antiguos".
En este punto, el directivo señala que existe una percepción errónea en cuanto al ámbito editorial y las subvenciones. "El conjunto de ayudas que se da al sector no llega al 2% de la facturación del mismo. El editorial es unos de los tres sectores menos subvencionados, pero tenemos colgado el sambenito, cuando en realidad nos mantenemos porque tenemos una estructura competitiva", señala. "Las ayudas serían coyunturales y sólo se utilizarían para agilizar la digitalización de los catálogos. Aun así, insisto en que lo verdaderamente importante no son los apoyos económicos sino la mejora en el respeto a la propiedad intelectual.
El problema es de oferta
Entre los usuarios, en cambio, impera la idea contraria a la de los editores: la opinión generalizada es que no hay oferta. Albert Cuesta, periodista especializado en tecnología y editor de CanalPDA, afirma en declaraciones para 20minutos.es que "pese a lo que sostienen las editoriales de aquí, sí existe demanda de libros digitales en español no satisfecha comercialmente. Basta con buscar cualquier título popular en los lugares adecuados de la red para comprobar que alguien se ha molestado en convertirlo y subirlo a algún servidor de descargas".
"Yo mismo hace más de cinco años que no compro libros de narrativa, ensayo ni negocios en papel. He comprado religiosamente los que estaban a la venta en formato digital –desgraciadamente, la mayoría en inglés–, y he conseguido por otros medios los que nadie ha querido venderme. Suelo explicarlo en público, y una vez un editor me echó en cara que yo 'estaba incitando a la piratería'. Le respondí que era él quien no me estaba atendiendo como cliente", explica Cuesta a modo de anécdota.
Por otro lado, el periodista cree que "afortunadamente hay ya en marcha varias iniciativas de conversión de fondos editoriales (edi.cat, 36Lbooks.com). Una de las claves para la popularidad está en que las novedades aparezcan al mismo tiempo en papel y en e-libro, y que el precio de éste sea sensiblemente más bajo, reflejando la diferencia de costes. Quienes deben temer al libro son las librerías, las imprentas y los fabricantes de papel. Los buenos editores tienen campo por delante como buscadores y financieros del talento literario".
José Antonio Pérez, colaborador del diario Público y autor de Mi mesa cojea (bitácora varias veces finalista en los Premios 20Blogs), también opina que "demanda hay. Sin duda es pequeña pero la hay". Él lo ejemplifica con su caso particular: "Estaba buscando una serie de libros que me interesaba y no había manera de encontrarlos". Eso le llevó a escribir en su blog un post titulado ebooks gratis, donde puede leerse: "En estos momentos, en mi Kindle hay 10 libros en castellano. No he pagado por ninguno de ellos, aunque lo he intentado".
"Poco después me enteré de que la editorial Modadori estaba preparando una plataforma de libros digitales, pero en su momento no encontré nada ni me escribió nadie", comenta.
La cuestión del IVA
Uno de los posibles atenuantes del miedo de autores y editores a la piratería es la reducción del precio del libro electrónico respecto al libro en formato físico, algo que haría que el producto fuese más competitivo. El problema es que, actualmente, pese al ahorro en los costes de impresión, distribución y almacenaje (en torno a un 30%), los e-books son más caros que los libros tradicionales. ¿El principal problema? El IVA.
El pasado mes de diciembre, Ángeles González-Sinde anunció que tenía la intención de equiparar los libros electrónicos a los impresos rebajando el 16% de tributación hasta sólo un 4%. Este mismo mes se ha sabido que dicha reducción no será posible, puesto que la normativa europea impide aplicar reducciones fiscales a los libros electrónicos, ya que a este tipo de transacciones se las considera comercio electrónico y por tanto no se les puede aplicar un tipo superreducido.
Incluso dentro del ebook existe un tipo de discriminación, ya que la reducción al 4% no es aplicable a los libros descargables de la Red pero sí a quellos que se distribuyan en soportes físicos tales como CDs o memorias USB.
Los editores españoles han manifestado su intención de defender la reducción del IVA ante la UE, una postura que Sinde considera lógica. "Me parecen razonables esas peticiones porque siempre hablamos que la difusión de la cultura por Internet es el presente y el libro no debería ser muy distinto si es en papel o si es electrónico", dijo.
El complicado negocio del libro electrónico
El sector de los videojuegos se ha adaptado de una manera más o menos natural a la era de Internet. Las industrias del cine y de la música, sin embargo, se han visto arrastradas por ella: la red de redes ha generado, en muy poco tiempo, una serie de grandes cambios que están dejando obsoletos los modelos tradicionales del ocio audiovisual. Internet ha iniciado una guerra entre el inmovilismo deseado por algunos y la transformación necesaria que exige el progreso.
La batalla ha llegado ahora, con mucho más retraso, al sector del libro. La digitalización, el paso del soporte papel al e-reader, está siendo lento y, aun así, nadie parecía preparado para ello: a día de hoy, el catálogo en castellano es escaso, muchos editores muestran reticencias, multitud de escritores siguen apostando por el papel, existe un gran temor a los efectos de la piratería en el negocio, el marco jurídico aún no está bien definido...
La transición parece inminente e inevitable. El último estudio elaborado por el Ministerio de Cultura sobre el sector de los libros electrónicos desvela que en 2009 se registró un aumento en este mercado del 48% respecto al año anterior. Aunque el e-book apenas ha iniciado su andadura en España, editores, libreros y profesionales relacionados con la industria del libro y las nuevas tecnologías prevén que el libro electrónico representará el 50% del negocio de los editores en 2015.
El problema es de demanda
A raíz de ese informe del Ministerio de Cultura, que revela un aumento del negocio de casi un 50%, la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) ha hecho públicas unas cifras escandalosas sobre la piratería. Según el presidente de la federación, Antonio María Ávila, la piratería digital causa ya en España, en el mundo del libro, pérdidas cercanas a los 150 millones de euros. La piratería afecta sobre todo a los libros científicos y académicos y viene a ser la evolución de la fotocopia ilegal, una práctica que genera una pérdidas estimadas de 100 millones de euros.
Para los editores existe un gran temor a que esto sea un preludio de una situación similar a la que se ha vivido en las industrias musical y cinematográfica en los últimos años, que aún hoy buscan formas de hacer frente a las descargas de discos y películas a través de programas P2P.
Antonio María Ávila ha explicado a 20minutos.es los detalles de la situación. "En realidad sólo sabemos que las pérdidas del sector se sitúan entre los 130 y los 200 millones de euros, por eso dije que estarían en torno a los 150 millones. Actualmente se escanean los libros, se suben a Internet y se permite que se bajen sin autorización ninguna. Hay que mejorar mucho en materia de defensa de la propiedad intelectual", comenta Ávila.
El presidente de la federación opina que hay mucha desinformación sobre el tema y que es falso que exista un problema de oferta y una acomodación en las subvenciones. "Es un error criticar al sector arguyendo que no hay oferta de libros electrónicos cuando el problema en realidad es de demanda. Se requieren inversiones muy fuertes para llevar a cabo la digitalización de catálogos antiguos. En los sectores en los que hay demanda, como el jurídico o el médico, hace años que se ofrecen fondos digitalizados", explica.
"La digitalización presenta una serie de dificultades físicas y jurídicas que exigen mucho esfuerzo, un esfuerzo que luego no se ve recompensado ya que no se hace negocio. La facturación del libro electrónico en Estados Unidos, que es el mercado más fuerte, es del 1% dentro del sector editorial. En España es aún peor, ya que existen unas 20 variedades de lectores de ebooks y ni siquiera se comercializan todos en nuestro país", afirma Antonio María.
El presidente de la Federación de Gremios de Editores asegura que "ya hay pruebas empíricas de que no se compran ebooks. No hay demanda. Es cierto que, tal y como dice el informe, el sector ha avanzado un 48% en el último año, pero el 48% sobre un 1% no es nada. Con el Proyecto Enclave estamos consiguiendo aumentar los fondos digitalizados para la Biblioteca Nacional, pero si nos atenemos al número de descargas, de compras de libros electrónicos... hay poca mejoría.
También afirma que "España no va lenta en el negocio del libro electrónico. Depende de con quien lo compares. Si comparas con Estados Unidos, evidentemente estamos algo por detrás, pero la realidad es que nuestro país es uno de los que mayor catálogo digital ofrece".
Ávila considera que la solución al problema del ebook debería ir centrada en cuatro puntos: "El Gobierno tiene que crear un clima de respeto a la propiedad intelectual y contra la piratería, que viene en su mayor parte de los centros públicos, también hay que luchar por conseguir unas fórmulas de tributación justas para el libro electrónico, fortalecer a las bibliotecas públicas y, en último lugar, ofrecer ayudas de carácter temporal –en Francia ya se da un gran apoyo– para digitalizar los fondos antiguos".
En este punto, el directivo señala que existe una percepción errónea en cuanto al ámbito editorial y las subvenciones. "El conjunto de ayudas que se da al sector no llega al 2% de la facturación del mismo. El editorial es unos de los tres sectores menos subvencionados, pero tenemos colgado el sambenito, cuando en realidad nos mantenemos porque tenemos una estructura competitiva", señala. "Las ayudas serían coyunturales y sólo se utilizarían para agilizar la digitalización de los catálogos. Aun así, insisto en que lo verdaderamente importante no son los apoyos económicos sino la mejora en el respeto a la propiedad intelectual.
El problema es de oferta
Entre los usuarios, en cambio, impera la idea contraria a la de los editores: la opinión generalizada es que no hay oferta. Albert Cuesta, periodista especializado en tecnología y editor de CanalPDA, afirma en declaraciones para 20minutos.es que "pese a lo que sostienen las editoriales de aquí, sí existe demanda de libros digitales en español no satisfecha comercialmente. Basta con buscar cualquier título popular en los lugares adecuados de la red para comprobar que alguien se ha molestado en convertirlo y subirlo a algún servidor de descargas".
"Yo mismo hace más de cinco años que no compro libros de narrativa, ensayo ni negocios en papel. He comprado religiosamente los que estaban a la venta en formato digital –desgraciadamente, la mayoría en inglés–, y he conseguido por otros medios los que nadie ha querido venderme. Suelo explicarlo en público, y una vez un editor me echó en cara que yo 'estaba incitando a la piratería'. Le respondí que era él quien no me estaba atendiendo como cliente", explica Cuesta a modo de anécdota.
Por otro lado, el periodista cree que "afortunadamente hay ya en marcha varias iniciativas de conversión de fondos editoriales (edi.cat, 36Lbooks.com). Una de las claves para la popularidad está en que las novedades aparezcan al mismo tiempo en papel y en e-libro, y que el precio de éste sea sensiblemente más bajo, reflejando la diferencia de costes. Quienes deben temer al libro son las librerías, las imprentas y los fabricantes de papel. Los buenos editores tienen campo por delante como buscadores y financieros del talento literario".
José Antonio Pérez, colaborador del diario Público y autor de Mi mesa cojea (bitácora varias veces finalista en los Premios 20Blogs), también opina que "demanda hay. Sin duda es pequeña pero la hay". Él lo ejemplifica con su caso particular: "Estaba buscando una serie de libros que me interesaba y no había manera de encontrarlos". Eso le llevó a escribir en su blog un post titulado ebooks gratis, donde puede leerse: "En estos momentos, en mi Kindle hay 10 libros en castellano. No he pagado por ninguno de ellos, aunque lo he intentado".
"Poco después me enteré de que la editorial Modadori estaba preparando una plataforma de libros digitales, pero en su momento no encontré nada ni me escribió nadie", comenta.
La cuestión del IVA
Uno de los posibles atenuantes del miedo de autores y editores a la piratería es la reducción del precio del libro electrónico respecto al libro en formato físico, algo que haría que el producto fuese más competitivo. El problema es que, actualmente, pese al ahorro en los costes de impresión, distribución y almacenaje (en torno a un 30%), los e-books son más caros que los libros tradicionales. ¿El principal problema? El IVA.
El pasado mes de diciembre, Ángeles González-Sinde anunció que tenía la intención de equiparar los libros electrónicos a los impresos rebajando el 16% de tributación hasta sólo un 4%. Este mismo mes se ha sabido que dicha reducción no será posible, puesto que la normativa europea impide aplicar reducciones fiscales a los libros electrónicos, ya que a este tipo de transacciones se las considera comercio electrónico y por tanto no se les puede aplicar un tipo superreducido.
Incluso dentro del ebook existe un tipo de discriminación, ya que la reducción al 4% no es aplicable a los libros descargables de la Red pero sí a quellos que se distribuyan en soportes físicos tales como CDs o memorias USB.
Los editores españoles han manifestado su intención de defender la reducción del IVA ante la UE, una postura que Sinde considera lógica. "Me parecen razonables esas peticiones porque siempre hablamos que la difusión de la cultura por Internet es el presente y el libro no debería ser muy distinto si es en papel o si es electrónico", dijo.
viernes, 14 de mayo de 2010
Alí Babá y sus secuaces se preparan
La noticia nos llega a través de Celia Filipetto y corresponde a la edición del 5 de mayo del diario español El Mundo. Como se podrá ver, nada se dice del hipotético beneficio para los autores. Mucho menos de lo que les corresponderá a los traductores. Entonces, unos y otros deben ser prudentes y no firmar nada referido a digitalizaciones futuras en sus contratos sin haber hablado con algún experto en derechos antes porque después puede ser muy tarde. Los escritores y traductores españoles ya están abocados a negociar con las editoriales (cfr. Lo que vendrá, nota del 19 de febrero de este año, colgada en este blog). En la Argentina no existe todavía ni la sombra de un principio de discusión. Sin embargo, el Apocalipsis ya comenzó.
¿Qué es Libranda? En principio, se trata de una gran plataforma de distribución de contenidos digitales. Según una fuente anónima relacionada con una de las editoriales involucradas, "se trata de ofrecer contenidos al canal de distribución, de manera que el librero o el minorista pueda acceder al catálogo y negociar con la editorial las condiciones de venta".
¿Podemos hablar de un Amazon.com a la española? La respuesta es no, al menos de momento. "Es una plataforma B2B de contenidos, muy ambiciosa y compleja, pensada como punto intermedio entre editoriales y libreros", aseguró dicha fuente.
Es decir, que estas editoriales podrán a disposición de los vendedores las obras y éstos podrán negociar (con las mismas editoriales o con la plataforma) asuntos tales como posibles descuentos de incluso un 25% en las obras digitales, según algunas filtraciones no confirmadas.
Según la convocatoria a la reunión en Madrid con los libreros, los socios de esta plataforma son Grupo Planeta, Grupo Santillana, Grupo Random House Mondadori, Grupo SM, Grupo Wolters Kluwer, Grup Edicions 62 y Roca Editorial.
Fuentes del sector editorial confirmaron que su lanzamiento está previsto para junio, y que aún se están cerrando acuerdos con otras editoriales, vendedores, grandes superficies y librerías, aunque rehusaron dar más detalles.
Este proyecto supondría un empuje a la implantación, a gran escala, del libro electrónico en nuestro país, que por el momento distribuyen pequeñas empresas con un catálogo reducido.
Libranda se sumaría a iniciativas como leqtor, que arrancó en diciembre de 2009 como librería digital con 500 libros de salida en castellano y catalán, informa Eva Belmonte. Esta iniciativa estuvo impusada por grupos como Cultura 03 o Vicens Vives, entre otros.
Notas del Administrador:
1) Plataforma B29: Según la Wikipedia son las siglas de business to business o empresa a empresa, a través de la cual las empresas pueden comprar, vender y en general realizar cualquier tipo de transacciones online. Hay diversos tipos de mercados electrónicos según permitan el acceso a los mismos a todas las empresas o sólo a unas determinadas (abiertos o cerrados), según estén orientados a los compradores o a los vendedores, según se dirijan a todo tipo de empresas o sólo a las de un sector (horizontales o verticales) y sobre todo en función de las funciones comerciales que faciliten, donde podemos encontrar:
- Directorios de empresas: sirven para localizar posibles proveedores y conseguir así oportunidades de negocio
- Anuncios clasificados: actúan a la manera de los anuncios de un periódico, dando oportunidad a compradores y vendedores de hacer saber lo que necesitan
- Servicios de licitaciones: encaminados sobre todo a las ofertas gubernamentales, muestran los concursos abiertos para conseguir contratos para un proyecto o servicio concreto.
- Subastas: páginas web donde se realizan este tipo de operaciones encaminadas a conseguir el precio más alto por un producto o servicio, es decir, se buscan compradores.
- Las subastas inversas: en estas páginas se realizan subastas, pero al revés que en las anteriores, no se busca un comrpador para un objeto o servicio, se busca el proveedor más económico para surtir a un comprador, es decir, se buscan vendedores.
2) Las filtraciones no confirmadas pueden leerse en el blog Noticias, de Ramón Acín, donde se reproduce una información de Eva Orúe que se transcribe a continuación:
"LIBRANDA: Ése es el nombre elegido para la plataforma que Planeta, Santillana, Random House Mondadori, SM, Wolters Kluwer, Edicions 62 y Roca Editorial, ponen en marcha para distribuir contenidos digitales, el mayor catálogo de libros digitales en lengua castellana y lengua catalana a nivel mundial.
La plataforma, a la que también se suman (pero no como socios) Anagrama, Salamandra y Maeva, ha sido presentada esta mañana (día 11 de mayo) en Madrid a los libreros, convocados en la sede de CEGAL; los de Barcelona recibirán la información la próxima semana, día 18. Ha sido presentada, digo, aunque sus impulsores ya han alcanzado acuerdos con algunas librerías (Cervantes de Oviedo, Antonio Machado de Madrid, Laie, La Central...) que serán las primeras en incorporarse a la aventura.
Me cuentan que asistentes tenían curiosidad por saber si LIBRANDA vendrá a las bibliotecas (no hay respuesta), y qué pasará con los libros de texto (de momento, tampoco se sabe mucho). En cuanto a las condiciones: algunos editores de la plataforma negociarán los descuentos directamente con los libreros, pero otros dejarán la negociación en manos de la plataforma. Se habla de descuentos que pueden rondar el 25%..."
El sector editorial prepara el mayor catálogo
de libros digitales en español
Un grupo de importantes editoriales, entre las cuales se encuentran Planeta, Random House Mondadori y Santillana, se han unido para crear la mayor plataforma de libros digitales en castellano del mundo.
El proyecto, llamado Libranda, ha sido presentado en Madrid a los libreros en la sede de CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) y es, "a día de hoy, el mayor catálogo de libros digitales en lengua castellana y lengua catalana a nivel mundial".
¿Qué es Libranda? En principio, se trata de una gran plataforma de distribución de contenidos digitales. Según una fuente anónima relacionada con una de las editoriales involucradas, "se trata de ofrecer contenidos al canal de distribución, de manera que el librero o el minorista pueda acceder al catálogo y negociar con la editorial las condiciones de venta".
¿Podemos hablar de un Amazon.com a la española? La respuesta es no, al menos de momento. "Es una plataforma B2B de contenidos, muy ambiciosa y compleja, pensada como punto intermedio entre editoriales y libreros", aseguró dicha fuente.
Es decir, que estas editoriales podrán a disposición de los vendedores las obras y éstos podrán negociar (con las mismas editoriales o con la plataforma) asuntos tales como posibles descuentos de incluso un 25% en las obras digitales, según algunas filtraciones no confirmadas.
Según la convocatoria a la reunión en Madrid con los libreros, los socios de esta plataforma son Grupo Planeta, Grupo Santillana, Grupo Random House Mondadori, Grupo SM, Grupo Wolters Kluwer, Grup Edicions 62 y Roca Editorial.
Fuentes del sector editorial confirmaron que su lanzamiento está previsto para junio, y que aún se están cerrando acuerdos con otras editoriales, vendedores, grandes superficies y librerías, aunque rehusaron dar más detalles.
Este proyecto supondría un empuje a la implantación, a gran escala, del libro electrónico en nuestro país, que por el momento distribuyen pequeñas empresas con un catálogo reducido.
Libranda se sumaría a iniciativas como leqtor, que arrancó en diciembre de 2009 como librería digital con 500 libros de salida en castellano y catalán, informa Eva Belmonte. Esta iniciativa estuvo impusada por grupos como Cultura 03 o Vicens Vives, entre otros.
Notas del Administrador:
1) Plataforma B29: Según la Wikipedia son las siglas de business to business o empresa a empresa, a través de la cual las empresas pueden comprar, vender y en general realizar cualquier tipo de transacciones online. Hay diversos tipos de mercados electrónicos según permitan el acceso a los mismos a todas las empresas o sólo a unas determinadas (abiertos o cerrados), según estén orientados a los compradores o a los vendedores, según se dirijan a todo tipo de empresas o sólo a las de un sector (horizontales o verticales) y sobre todo en función de las funciones comerciales que faciliten, donde podemos encontrar:
- Directorios de empresas: sirven para localizar posibles proveedores y conseguir así oportunidades de negocio
- Anuncios clasificados: actúan a la manera de los anuncios de un periódico, dando oportunidad a compradores y vendedores de hacer saber lo que necesitan
- Servicios de licitaciones: encaminados sobre todo a las ofertas gubernamentales, muestran los concursos abiertos para conseguir contratos para un proyecto o servicio concreto.
- Subastas: páginas web donde se realizan este tipo de operaciones encaminadas a conseguir el precio más alto por un producto o servicio, es decir, se buscan compradores.
- Las subastas inversas: en estas páginas se realizan subastas, pero al revés que en las anteriores, no se busca un comrpador para un objeto o servicio, se busca el proveedor más económico para surtir a un comprador, es decir, se buscan vendedores.
2) Las filtraciones no confirmadas pueden leerse en el blog Noticias, de Ramón Acín, donde se reproduce una información de Eva Orúe que se transcribe a continuación:
"LIBRANDA: Ése es el nombre elegido para la plataforma que Planeta, Santillana, Random House Mondadori, SM, Wolters Kluwer, Edicions 62 y Roca Editorial, ponen en marcha para distribuir contenidos digitales, el mayor catálogo de libros digitales en lengua castellana y lengua catalana a nivel mundial.
La plataforma, a la que también se suman (pero no como socios) Anagrama, Salamandra y Maeva, ha sido presentada esta mañana (día 11 de mayo) en Madrid a los libreros, convocados en la sede de CEGAL; los de Barcelona recibirán la información la próxima semana, día 18. Ha sido presentada, digo, aunque sus impulsores ya han alcanzado acuerdos con algunas librerías (Cervantes de Oviedo, Antonio Machado de Madrid, Laie, La Central...) que serán las primeras en incorporarse a la aventura.
Me cuentan que asistentes tenían curiosidad por saber si LIBRANDA vendrá a las bibliotecas (no hay respuesta), y qué pasará con los libros de texto (de momento, tampoco se sabe mucho). En cuanto a las condiciones: algunos editores de la plataforma negociarán los descuentos directamente con los libreros, pero otros dejarán la negociación en manos de la plataforma. Se habla de descuentos que pueden rondar el 25%..."
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