viernes, 25 de julio de 2014

Esto dicen los del Cervantes

“Según un estudio del Instituto Cervantes, lo hablan 548 millones.”. La nota sin firma se refiere al castellano, al que el diario Clarín también insiste en tildar de “español”, y fue publicada en el día de ayer.

El español, la segunda lengua más hablada

El idioma español continúa su imparable ascenso en el mundo y –según un estudio realizado por el Instituto Cervantes– es hablado o estudiado por unas 548 millones de personas en todo el planeta, entre las que 470 millones lo dominan plenamente, más de 50 millones lo habla con alguna limitación y cerca de 20 millones están en proceso de aprendizaje. Según el citado informe, la lengua de Cervantes reina detrás del mandarín y por primera vez, por delante del inglés, alcanzando así el rango de segunda lengua franca en el mundo: el 67% de la población mundial es ya hispanohablante.

Estados Unidos es el país que más ha visto crecer el uso del español en los últimos años, empujado por el crecimiento de la población hispana en el país. El estudio calcula que, en el año 2050, Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo y tendrá, al menos, 133 millones de hispano parlantes (ya hay 52 millones). Pero no es el único país en el que nuestra lengua avanza: en Brasil, son 30 millones de personas las que tienen el español como segunda lengua. Este crecimiento viene de la mano de los intercambios comerciales de Brasil con sus vecinos de habla hispana y también con España. Algunos estudios indican que el uso del español en el país latinoamericano favorece las relaciones comerciales en un 290%, mientras que el inglés lo hace en un 240%.

Si hablamos de los estudiantes, cabe destacar que el Instituto que lleva el nombre de Cervantes y que tiene 86 centros en 42 países de todo el mundo, duplicó, en cinco años, la entrega de sus Diplomas de Español como Lengua Extranjera y, España es el país que más estudiantes de español acoge. A la cabeza en este sentido siguen los Estados Unidos, que hoy cuentan con 7.82 millones de estudiantes de castellano, detrás viene Brasil, con 6,2 millones, seguido de Francia, país en que el estudio registra 2,33 millones de estudiantes. Por detrás quedan Italia y Reino Unido y Alemania, con 0,5 millones cada uno, seguidos de Suecia (0,3), Costa de Marfil (0,2), España (0,1) y Senegal (0,1). En total, hay en el mundo 19,7 millones de estudiantes de español.

Si hablamos de redes, el español es la tercera lengua más hablada en Internet, con 7,8 millones de internautas de todas partes del mundo, por detrás del inglés, que ocupa el primer puesto con 26,8 millones y del chino, que se queda en el segundo lugar con 24,2 millones. En cuanto a las redes sociales, cabe destacar que la lengua española es la segunda que más twits publica, después del inglés, y la tercera más usada en Facebook, tras el inglés y el chino. Según concluye el estudio, el futuro del español es prometedor: está entre las cinco primeras lenguas del mundo en cuanto a número de hablantes y en cuanto a número de países donde es oficial: México, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina, Venezuela, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana y, claro, España.

Pero mientras los idiomas que hoy se encuentran por delante, como el chino –gracias a la enorme población de China– o el inglés –por la universalización alcanzada en los últimos siglos– van a experimentar un descenso por motivos demográficos, el español seguirá creciendo. Se calcula que para el año 2030, el 7,5% de la población mundial hablará español.

El idioma español es, además, el segundo más hablado en el trabajo a nivel mundial, siendo el que más se usa en los ambientes laborales de los Estados Unidos, Reino Unido o Brasil según una encuesta realizada por IPSOS, la tercera compañía global de investigación de mercados, en 24 países de todo el mundo.


jueves, 24 de julio de 2014

El libro en que Coleman Hawkins se hizo trompetista

Geoff Dyer (1958) es uno de los más interesantes escritores británicos del presente. Se maneja perfectamente bien en la ficción como en la no ficción (acaso su fuerte) y es sinónimo de seriedad a prueba de modas (tal vez por eso no publique en Anagrama…). Entre los muchos libros que publicó, los amantes del jazz destacan But Beautiful. A book about jazz (1991), que en 1992 se hizo acreedor del Somerset Maugham Prize. 

Acaso por ello, en 1997 fue publicado por Amaranto, de Madrid, traducido por María Luisa Capella y Ceferino Caro López, con el título Pero hermoso. Un libro de jazz. Hasta aquí, nada más que datos.

Ahora bien, en la página 8 del original se habla de Lester Young y de Coleman Hawkins. Se lee: “… Hawk walked off the stand, threw his horn in back of his car, and gunned it all the way to St Louis for that night’s gig”. Lo cual Capella y Caro López traducen en la página 22 de su versión: “…Hawk se bajaba del escenario, arrojaba la trompeta en el asiento trasero del coche y salía disparado hacia Saint Louis al espectáculo de esa noche”.

Hawk es el apodo de Coleman Hawkins. El fragmento en cuestión trata sobre él y sobre Lester Young. No hace falta ser una autoridad ni un erudito en jazz para saber que ambos fueron los dos saxos tenores más importantes de la primera mitad del siglo XX. Cada uno definió un estilo del que luego saldrían prácticamente todos los saxofonistas posteriores. Pero hasta esta traducción nadie sabía que tocaban trompeta.

Podría decirse que el error viene de haber considerado la palabra inglesa horn por lo que dice el diccionario (“corno”, “trompeta”, “trompa”, “trombón”, “claxon”, “cuerno” entre muchos otros significados) y no por la manera de hablar de los músicos. De hecho, en varios diccionarios de slang se define horn como a musical instrument through which air is blown, horn being a term commonly used amongst jazz musicians (“un instrumento musicar a través del cual se sopla aire, siendo un término comúnmente utilizado entre músicos de jazz”). En síntesis, cualquier instrumento de la familia de los bronces o de las cañas puede ser un horn para un músico de jazz. Y si la duda persistía, se hubiera disipado fácilmente acudiendo a la entrada correspondiente en cualquier diccionario o enciclopedia sobre el jazz. No se hizo.

Supongamos ahora que los dos traductores fueron ineptos por desconocimiento o simplemente porque tenían que entregar el trabajo rápido para cobrarlo sin más. ¿No hubo en la editorial Amaranto, de Madrid, ningún corrector que haya advertido el error, a esta altura, de cultura general? Y el que compró los derechos de autor, cuando vio el libro publicado, ¿no pensó ni por un momento la burrada que le hacían decir en castellano a Geoff Dyer, quien publicaba “un libro sobre jazz”?

Todo esto viene a cuento porque seguramente los derechos que se compraron de este libro plagado de errores de traducción y malentendidos como el que acabamos de apuntar debieron ser exclusivos para la lengua. O sea, ésa es la versión que desde 1997 hasta el año pasado se leyó del libro. Así, un par de malos traductores y un mal editor no sólo le infligieron un daño importante a un autor talentoso y francamente interesante, sino también a todos los posibles lectores de ambas márgenes del océano. Y así es como funcionan las cosas en el mundo editorial.

Ahora hay una nueva versión española de Pero hermoso, debida a Cruz Rodríguez Juiz. Acaba de distribuirla Random House-Mondadori, con recomendación explícita en la tapa, con firma del pianista Keith Jarrett. Justamente, en la cubierta está Lester Young que, como puede apreciarse, no toca una trompeta. Tampoco Coleman Hawkins. Ojalá lo haya advertido el nuevo traductor.

miércoles, 23 de julio de 2014

El SPET, en agosto, subtitula

En el próximo encuentro del SPET, que tendrá lugar el lunes 4 de agosto a las 18:30 en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas (Carlos Pellegrini 1515), la doctora Mariana Salgado hablará sobre “Subtitulado de Aficionados en Finlandia. Resultados Preliminares”

Mariana Salgado es diseñadora e investigadora. Trabaja en el grupo de investigación Arki  (Cotidianeidad), en el departamento de Media, Laboratorio de Medios, de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad de Aalto, en Helsinki.

Del 2011 al 2013 trabajó como directora de la maestría en Administración de Empresas con orientación en Diseño Centrado en el Usuario, en la Laurea University of Applied Sciences.

Del 2002 al 2009 colaboró con el grupo de investigación Sistemas de Representación en la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad de Aalto. Le interesan las metodologías de investigación en diseño, en especial las prácticas relacionadas con la participación. Su investigación de doctorado (Designing for an Open Museum, Helsinki, Aalto ARTS Books, 2009) se centró en temas relacionados con las nuevas tecnologías en museos y está especialmente dirigida a diseñadores de interacción y profesionales de los museos. Más información sobre su investigación, en el blog Piñatas digitales, que publica junto con Andrea Botero.

En el último año estuvo estudiando prácticas de subtitulado hecho por aficionados en relación con la traducción de material audiovisual. 
  
Lectura sugerida:
Jorge Díaz Cintas y Pablo Muñoz Sánchez: “Fansubs: Audiovisual Translation in an Amateur Environment”. En: The Journal of Specialised Translation, núm. 6 , julio de 2006, pp. 37-52. (Disponible en línea.)

Por favor, no se olviden: Esta vez nos reuniremos un lunes.


martes, 22 de julio de 2014

¿Para qué necesitamos leyes claras y justas?









La semana pasada el Administrador de este blog se encontró casualmente, al cabo de una conferencia, con una señora que lo felicitó por su defensa pública de la traducción y de los traductores. La paradoja quiso que esa mujer trabajara en una de las editoriales que les exigen a los traductores que con ella firman, la cesión definitiva de sus derechos de autor. El Administrador le señaló a la mujer la ilegalidad de su práctica y ella, súbitamente ofendida, dijo pagar mejor que otras editoriales y obrar legalmente y de buena fe. Lo sucedido, entonces, llevó al Administrador a buscar esta noticia que, aunque antigua, tiene actualidad. En la misma se lee una bajada que dice: “Las relaciones entre editoriales y traductores siempre podrían ser mejores: en algunos casos rozan la ilegalidad”. La nota fue oportunamente publicada el 26 de julio de 2009, por Jesús Rocamora en Público.es. Su lectura, pese al tiempo transcurrido, ayudará sin duda a entender que a veces los editores son unos rufianes que mucho se parecen a Montgomery Burns.

¿Quién se comió el queso del traductor?

"Obviamente, bombazos como El señor de los anillos, Harry Potter o Ken Follett hay muy pocos. Y hay que tener en cuenta que para llegar a cobrar derechos de autor, un libro tiene que superar, más o menos, los 60.000 ejemplares vendidos; lo cual son muchos ejemplares si tenemos en cuenta que la tirada media de un libro está entre los 4.000 o 5.000 ejemplares", reconoce Robert Falcó, del estudio de traductores Anuvela.
Según la Ley de Propiedad Intelectual, los traductores son autores y, como tal, reciben un porcentaje de la explotación de derechos. Sin embargo, "aún hay editoriales que no hacen contratos de traducción o que no especifican el porcentaje de derechos de autor que nos corresponde", avisa Falcó.

Un pelotazo no esperado
¿Quien se ha llevado mi queso?

El caso de Montserrat Gurguí ha sido uno de los más sonados, aunque no se considera traductora de best sellers porque de los 120 libros aproximadamente que ha traducido en 23 años de carrera, sólo el 5% le ha dado derechos. Su mala experiencia viene precisamente de uno de esos superventas por los que nadie parecía apostar: ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson (Ediciones Urano). "Lo hice sin contrato, gracias a una modalidad que contempla la LPI que se llama a tanto alzado y por la que el traductor cobra lo estipulado (por página) y el editor sólo puede sacar una única edición. Si quiere sacar más, debe hacer contrato".

El libro se publicó por primera vez en febrero de 2000. En otoño de este año, Guiguí vio que iba por la octava edición y que empezaba a aparecer en la lista de más vendidos. "En  La Vanguardia se decía que se habían vendido 100.000 ejemplares. Me puse en contacto con el editor, le dije que la edición estaba fuera de la ley y le invité a que regularizáramos la situación. Me aseguró que él no creía en los contratos, como si fuera una cuestión de fe".

Después de un tira y afloja, pactaron un 0,50% de royalties y firmaron un contrato en noviembre de 2000. Pero en Navidades del mismo año, había otra edición en la calle con el nombre de otro traductor. "Era prácticamente igual que la mía. Se habían dedicado a cambiar cuento por relato, luego por después, etc. El autor de la nueva traducción era un colaborador de la casa, amigo personal del editor. Se había saltado el contrato en función de una cláusula que llevan todos los contratos y estaba explotando otra traducción. Lo rompió y tuvo que indemnizarme".

Un clásico sin derechos
Tolkien y su versión española

Falcó recuerda también "uno de los casos más sangrantes", el de Matilde Horne, traductora de Las dos torres y El regreso del rey, de la trilogía El señor de los anillos. Horne que murió a mediados del año pasado recibió tan sólo el pago de 6.000 euros en concepto de derechos de autor por sus traducciones cuando el editor Franciso Porrúa vendió Minotauro al gigante editorial Planeta. "Y cuando reclamó a Planeta, le ofrecieron 1.200 euros al año", recuerda Falcó, que propone jugar con los números: "Imaginemos que en 2001 [tras el boom de la primera película] se vendieron 500.000 ejemplares y que cada uno podía costar unos 20 euros. Eso equivale a 10.000.000 de facturación". Si le hubieran pagado "un simple 0,5%, el total asciende a 50.000 euros en concepto de derechos de autor. Y eso sólo teniendo en cuenta lo que debería haber cobrado en el año 2001".

Posteriormente, y gracias a la intervención de las asociaciones de traductores, Planeta acabó liquidándole los derechos que le correspondían desde la compra de Minotauro.

Inglés en las alpujarras
Chris Stewart, el escritor que fue batería de Genesis

Gurguí subraya un caso reciente y "muy flagrante de impagos y malos tratos": el de Chris Stewart, batería del grupo Genesis, británico enamorado del paisaje de Las Alpujarras al más puro estilo de Gerald Brenan. Stewart publicó en 1999 Driving among lemons. An optimistic in Andalucía, un best seller en Reino Unido y EEUU que en España ha sido editado por Almuzara bajo el título Entre limones.

Según denunciaba el propio autor a El diario de Córdoba en febrero, no ha cobrado "nada" por el libro, que en España ha vendido 250.000 ejemplares. Es la cabeza visible de una situación con el grupo Almuzara que, según ACEtt asociación fundada en 1983 para defender los intereses y derechos de los traductores de libros afecta a nueve de sus afiliados.


lunes, 21 de julio de 2014

De cómo el rumbero se convierte en explorador...


El artículo, mal titulado, comienza con un par de lugares comunes más que remanidos, pero después tiene lo suyo. Publicado por la revista colombiana Arcadia el 4 de marzo pasado, con las firmas de Margaret S. de Oliveira Castro y Conrado Zuluaga,  trata sobre errores detectados en distintas traducciones de Gabriel García Márquez a diversas lenguas. En la bajada se lee: “Las traducciones de García Márquez han dado pie a un sinnúmero de disparates. Aquí algunos de los más extravagantes”.

Elogio a una traición

Hay un viejo dicho italiano que dice, Traduttore, traditore, es decir, “Traductor, traidor”. ¡Pobres traductores! De seguro preferirían que se dijera: “Traduttore, trasformatore”.

En árabe, difieren en algunos aspectos las versiones, se le llamaba turyuman o torjoman a quien se dedicaba al complejo arte de “interpretar” lenguas, es decir, al traductor. Con el paso de los años la expresión en español se convirtió en truchimán o trujimán. Y de significar “intérprete” pasó a designar a la “persona sagaz y astuta, poco escrupulosa en su proceder”.

Y mientras en México ser un trucha es ser muy listo y taimado, y en Argentina y Uruguay significa falso, fraudulento, en Colombia el trucho es un tipo astuto, pícaro. En El general en su laberinto García Márquez pone en boca de Bolívar la siguiente expresión: “Claro que todos son unos santos varones al lado del truchimán de Santander”. Los traductores de la obra al inglés, francés y alemán, tradujeron este truchimán como “bastardo escurridizo” en inglés; como “crápula” en francés –o sea, según la academia española, ‘hombre de vida licenciosa’– y, por último, como “tramposo” o “tunante”, en alemán. Aquí ya puede el lector hacerse una idea más precisa de las trampas insidiosas de la traducción. Ahora bien, a la luz de este ejemplo, ¿los traductores al inglés y al francés en la cuestión de “el truchiman de Santander”, traicionaron a García Márquez? Si bien es cierto que no le atinan con la precisión del traductor alemán, logran reflejar la carga negativa que encierra el término.

Y con ese consuelo se tendrán que conformar los lectores de García Márquez en Australia, Uganda y la Conchinchina. Y, claro está, todos los lectores monolingües. Porque sin la traducción no tendríamos acceso a gran parte del patrimonio literario mundial. Sólo a través de los aciertos y de las aproximaciones –que en muchas ocasiones son errores crasos de los traductores- es la única forma de acercarse a laa literaturas de otros idiomas, sin tener que aprender, al menos, una docena de idiomas. Es la única posibilidad de que aquellos talentos maravillosos que fueron capaces de recrear una atmósfera y penetrar una intimidad puedan ser leídos por lectores de otras latitudes, ansiosos por alcanzar, así sea desde la distancia insoslayable de la lectura, las alturas alcanzadas por esos creadores.

Así como los conductores cuentan con la Virgen del Carmen para que los libre de las acechanzas de la carretera y las imprudencias de los demás conductores, los traductores también cuentan con un santo patrón, San Jerónimo, para que los ponga a salvo de la exuberancia lingüística de un autor o de la proliferación de expresiones de un idioma. San Jerónimo sostenía que bastaba con captar el sentido de la palabra en un idioma para poder traspasarla a otro. Para él todo era traducible. Por su parte, Gregory Rabassa, traductor al inglés de García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Asturias y otros más –y del cual el Nobel colombiano ha dicho con una de sus frases pontificales que su versión de Cien años de soledad es mejor que el original en español– afirma que la traducción perfecta es imposible, que la gente pretende tener una reproducción exacta, pero lo más que el traductor puede lograr es apenas una aproximación. Sin embargo, se dice que fue gracias a las traducciones al inglés de Gregory Rabassa que fue posible la selección de García Márquez para el premio Nobel.

En cuanto a errores, hasta el traductor más experimentado puede cometer uno o varios desaciertos. El mismo San Jerónimo es responsable de uno de los más célebres en la historia. Al traducir el Antiguo Testamento del hebreo al latín, en el pasaje cuando Moisés desciende del Monte Sinaí con las tablas de la ley en sus manos, el libro de El Éxodo dice que el rostro de Moisés ‘brillaba’, ‘resplandecía’. Pero resulta que la palabra hebrea para brillo, resplandor, karán, tiene un gran parecido fonético con keren, que significa cuerno (recordemos que en hebreo se escribía sin vocales). El santo optó por la opción alterna y el pobre Moisés pasó de iluminado a cornudo. De ahí los dos pequeños cuernos que adornan la frente de Moisés en la prodigiosa escultura de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro Encadenado en Roma. Sin duda, se trata de uno de los pocos errores de traducción inmortalizados en mármol, tal vez el único.

Después de eso hay que perdonar disparates como los siguientes:

•    En La mala hora, el empresario del circo declara “compramos a peso todo gato que nos lleven sin preguntar de dónde salió, para alimentar a las fieras”. Los traductores al inglés y al alemán tradujeron respectivamente: “compramos por libra”, el primero; “compramos según el peso”, el segundo. Aquí también, en la versión francesa el bollo limpio se transforma en tostada de pan blanco, las cananas en armas y un mosquitero de punto en mosquitero de encaje. En inglés será bordado.

•    Cuando en El otoño del patriarca se describe a los indios nativos, repitiendo el texto una frase de Colón: “son de la color de los canarios, ni blancos ni negros”, en inglés serán “canarios” como los pájaros. Eso sí, ni blancos ni negros. De la misma forma la burundanga se convierte en fruta (inglés), el coralibe en pescador de corales (alemán), la marimonda en homosexual (inglés), el rumbero en explorador (alemán), las tiendas en cantinas (francés) o carpas (alemán), las trinitarias no son buganvilias sino pensamientos (inglés y alemán), las cantinas de vereda son cafés con terraza (inglés), los labios yertos son delgados (francés y alemán) un zambapalo no es un riña o gresca sino una danza (francés e inglés) y las zapatillas no son zapatos de calle sino pantuflas (francés y alemán)

•    En Crónica de una muerte anunciada, el hermano del narrador “no olvidó nunca el trago mortal que le ofreció Pedro Vicario: “‘Era candela pura’, me dijo”. En la traducción francesa esa candela pura se convierte en cera hirviendo y el café cerrero en café de los cerros.

•    En El amor en los tiempos del cólera el lector se entera de que las mujeres de la clase de Fermina Daza “solían encerrarse en grupos a hablar de hombres y a fumar, y aun a beber aguardiente de a dos cuartillos hasta quedar tiradas por los suelos como una marimonda de albañil”.  No lo pondrán en duda ni un instante los lectores de la versión en inglés, en donde resultan bebiéndose hasta dos litros de aguardiente. Y las mujeres salen a la calle y soportan el sol abrasador del Caribe “sin más protección contra el sol que los paraguas de diario”. En la versión francesa dice literalmente “paraguas de papel periódico”.

•    En La mala hora “el camellón” donde los hombres se reunían a conversar, se convierte en la versión alemana en el abrevadero o bebedero de los animales.

•    En el cuento Blacamán el bueno, vendedor de milagros el narrador tiene “camisas de gusano legítimo”. Bien se sabe que eso significa que son de seda pura. Pero como en Cuba un “gusano” es un contrarrevolucionario, en la traducción alemana, Blacamán habla de sus “elegantes camisas de reaccionario”.

•    En El otoño del patriarca un “macaco” se convierte en la versión alemana en un “papagayo”, es decir que de mico se transforma en loro. Al viejo dictador “se le pasó la ventolera de preguntar si lo querían o no lo querían”. En inglés al patriarca se le pasó “la pedorrera”. Y la pava no es la mala suerte sino la hembra del pavo (francés y alemán).

•    En El general en su laberinto las “callecitas yertas” se convierten en la versión al inglés en “calles tiesas y angostas”. Y la mestiza en mulata (inglés), los zamarros son abrigos de lana de cordero (francés) y el huevo tibio no es ni frío ni caliente (francés y alemán).

•    En Los funerales de la mamá grande un personaje está tan peludo que parece un capuchino, pero ningún traductor lo asocia con el mono capuchino y lo traducen como religioso de la orden de san Francisco. Y los mamadores de gallo de la Cueva son criadores de gallos (inglés) o cebadores de gallos (alemán). Una franela no es una camiseta sino una camisa hecha de la tela de ese nombre (francés, inglés, alemán).

Esta relación podría eternizarse a la manera del cuento del gallo capón –una de las entretenciones en Macondo durante la peste del insomnio– pero como no se trata de elevar contra nadie un pliego de cargos, sino apenas de mostrar las dificultades insalvables que afrontan los traductores, es bueno recordar, aunque sea brevemente, otras desventuras de este oficio tantas veces vilipendiado.

Vera Székács, la traductora oficial al húngaro de toda la obra de García Márquez cuenta cómo tuvo que hacer grandes esfuerzos e intercambiar con el autor una nutridísima correspondencia para logar con éxito la traducción de Cien años de soledad, cuando todos los traductores del español de la editorial en donde trabajaba se negaron a hacerlo y debió ser ella quien afrontó el desafío y pasó de ser lectora en español a traductora oficial.

Los autores son conscientes de esos escollos que se les presentan a los traductores. A veces su opiniones ayudan, aunque a veces también confunden. En la edición brasileña de Cien años de soledad hay dos episodios que ilustran esta circunstancia mejor que nada. En el último capítulo, cuando el sabio catalán pretende llevar consigo los baúles con sus cuadernos manuscritos, “se soltó en improperios cartagineses contra los inspectores del ferrocarril que trataban de mandarlos como carga,…” En la nota de pie de página dice: “Explicación del autor a la traductora: ‘Es una arbitrariedad mía: supongo que la lengua catalana es la misma que se usaba en Cartago, lengua fenicia de mercaderes malcriados. La traducción debe ser literal’”.

Unas páginas atrás, en el penúltimo capítulo la primera frase dice “Amaranta Úrsula regresó con los primeros ángeles de diciembre…” En la edición brasileña hay una maravillosa nota aclaratoria: “Explicación del autor a la traductora: ‘La traducción debe ser literal, porque todo el mundo sabe que los ángeles llegan en diciembre. ¿Acaso usted no los ha visto nunca?’”.

En el libro de Umberto Eco Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción, el autor italiano empieza por hacerse la pregunta ¿qué significa traducir?, para responderse él mismo: ‘Quisiéramos dar esta primera respuesta que tranquiliza: dccir lo mismo en otra lengua. Sin embargo, para comenzar –continúa Eco– nos cuesta definir lo que significa ‘decir lo mismo’ (…) Luego, frente al texto por traducir, no sabemos qué es la ‘cosa’. Por último, en ciertos casos, dudamos hasta de lo que significa ‘decir’”. Trescientas páginas más adelante, en las conclusiones, anota: “La ‘fidelidad’ evidente de las traducciones es más bien la convicción de que la traducción siempre es posible, cuando el texto original se interpreta con una complicidad apasionada, en el empeño de identificar lo que representa el sentido del texto, y capacidad de negociar a cada instante la solución que parece más exacta”.

Sería muy ilustrativo que un día los propios traductores contaran sus desvelos y pesadillas mientras intentan, solícitos, el traspaso de una lengua, una forma de mirar y de contar, de una cultura a otra. Los lectores –entre tanto– debemos dar gracias de su existencia, incluso los que despotricamos contra ese oficio, el de los intérpretes, pues sin ellos nos habríamos perdido muchos buenos libros aunque en el empeño terminen por traicionar a los autores.


viernes, 18 de julio de 2014

"La renuncia de la autoría de una traducción no sólo no es legal, sino que es ontológicamente imposible"

El viernes 11 de julio pasado, mientras millones de personas se comían las uñas tratando de adivinar si Alemania o la Argentina iban a ser campeones, Andrés Ehrenhaus, ocioso como siempre y a espaldas de sus connacionales, mientras en una esquina de Barcelona se dedicaba a vender las últimas banderitas argentinas (y alemanas) que les había obligado a pintar de apuro a sus hijos, se dedicaba a publicar el siguiente texto en El Trujamán. Hoy, porque se nos da la gana, lo reproducimos.

Como lluvia que cae. Un decálogo de cajón

1-Decir traducción literaria es incurrir en pleonasmo. Toda traducción es intrínsecamente literaria, del mismo modo que todo texto lo es, al menos para una de las tres patas que componen el hecho textual: la poética, la estética y la catártica. Un texto que no ha sido producido por nadie, que no es recibido por nadie y que no comunica nada sencillamente no es un texto.

2-No hay traducción sin autor, del mismo modo que no hay texto sin alguien o algo que lo hayan generado. Ni siquiera una máquina, virtual, analógica o mecánica (verbigracia, su creador u operador), está exenta de responsabilidades y derechos autorales.

3-La comunicación de toda traducción en el sistema ultramercadista genera una plusvalía que no es percibida por su o sus autores, como si éstos cesaran de existir a partir de la poiésis o, incluso, como si la traducción no ocurriese en un tiempo y un espacio reales y, por tanto, careciera a efectos prácticos de autoría.

4-La renuncia de la autoría de una traducción es, pues, un acto de birlibirloque económico, de ventriloquía o de enajenación ideológica. No sólo no es legal sino que es ontológicamente imposible. Así, el texto parececarecer de autor pero, de hecho, jamás dejará de tenerlo.

5-Toda traducción es un acto de violencia sanguinaria. El paradigma del traductor es Macbeth, que tras su victoriosa asonada vive con las manos manchadas de sangre. Ni siquiera su alter ego Pierre Menard ha conseguido no manchárselas. Ergo, la necesidad exime al traductor de la culpa, pero no de la responsabilidad de la sangría.

6-Toda traducción implica una voluntad cultural y, por consiguiente, política. Asimismo la edición, distribución y venta de toda traducción, responsabilidad que deberían asumir con todas sus consecuencias quienes, al emprenderlas, retienen la plusvalía que estas acciones generan.

7-La traducción fija la lengua de su ámbito de influencia cultural en mayor medida que la producción original de esa misma lengua. La responsabilidad lingüística de quien traduce y quienes difunden esa traducción es, por tanto, crucial e irrenunciable. En este terreno, hacerse el sueco es ser literalmente un zoquete.

8-En tanto no sean los propios traductores —ni siquiera los traductólogos— quienes ejerzan la crítica de la traducción, ésta estará librada a los caprichos de la peor de las ignorancias, cual es la que se siente autorizada para ejercerla impúdica y libremente. La falta de una crítica rigurosa y honesta deja el terreno abonado para la comida basura.

9-La traducción es una profesión particular que se aprende con el estudio y la práctica constantes; por tanto, ningún título garantiza la excelencia del traductor, puesto que traducir bien no es acertar sino errar con oficio y arte. Quien se maree ante un miembro amputado, que ni se le ocurra comprarse el delantal ni hojear catálogos de serruchos.

10-El traductor no debe preocuparse por hacerse visible sino, en todo caso, digno de una modesta cuota de respeto. No por ser traductor se es héroe o mártir; tan sólo se es autor de una traducción. Y eso no es motivo de premio.


jueves, 17 de julio de 2014

Mohsen Emadi: "El exilio es un problema existencial"

FOTO: Claudia Aréchiga
Juan Carlos Talavera conversó con el escritor y traductor iraní Mohsen Emadi, actualmente exiliado en México, y publicó su entrevista en Excelsior, el 13 de julio pasado.

Gorostiza, en persa

El escritor iraní Mohsen Emadi, quien vive exiliado en México, expresa en entrevista sus conceptos sobre poesía, y anuncia que trabaja ya en traducir a Juan Gelman y a José Emilio Pacheco

CIUDAD DE MÉXICO, 13 de julio.- Cuando el escritor iraní Mohsen Emadi tradujo al persa el poema Muerte sin fin, de José Gorostiza, conoció el verdadero significado de la vida mexicana. Fue después de ese acto cuando volvió a blandir el lápiz y retomó su propia poesía, luego de permanecer en silencio desde 2012, tras su exilio en la Casa Refugio Citlaltépetl de la Ciudad de México.

Ahora prepara dos poemarios, uno sobre su visión de la guerra entre Irán e Irak y otro sobre su concepción filosófica del mundo. También continúa la traducción al persa de la poesía de César Vallejo, Antonio Gamoneda, Juan Gelman, José Emilio Pacheco y Cristina Peri Rosi, porque “la traducción también es un acto de amor”, dice a  Excelsior.

–¿Podría hablar sobre sus traducciones?
–Hay bastantes poetas que en Irán no se conocían. De la poesía latinoamericana se sabía de Octavio Paz, y de la española únicamente de Federico García Lorca. Entonces he ido traduciendo bastantes poetas del castellano al persa, como César Vallejo, Antonio Gamoneda, Ángel González, Juan Gelman, José Emilio Pacheco y Cristina Peri Rosi, entre otros. Incluso no conocían la poesía de Luis Cernuda, aunque ahora estoy revisando una traducción del poeta checo Vladimir Holan.

–¿Qué significado tiene la traducción en su producción literaria?
–La traducción es un acto de amor, es tocar la visión y la experiencia de la poesía dentro de cada poema… y cuando consigue tocarlo, entonces es posible traducirlo y transformarlo.

–¿Prefiere una traducción más interpretativa?
–Sería imposible una traducción literal de la poesía. Lo que quiero es traducir fielmente, como te digo, la sensación de cada poema. Pero no me refiero a fidelidad de las palabras, porque como dice Vladimir Holan, las traducciones de palabra a palabra matan la poesía. Por eso el traducir es un acto peligroso, pues es un viaje que nos lleva a tocar la visión y experiencia de la poesía dentro de un poema.

–¿Podría hablar sobrelos poemarios queestá preparando?
–Son dos poemarios en español. Uno se llamará Contra el lector, que inicia cuando yo estaba en el servicio militar, en Irán, y del tiempo de la guerra entre Irán e Irak. Aunque también estoy haciendo traducción de mi propia poesía al español.Y el segundo incluirá poemas más de concepción filosófica, éste tendrá un título en finés, sobre el viaje que hice desde Finlandia a México. Su título no lo traduciré al español, pero la idea será bordear el exilio desde diferentes lugares, incluyendo la vida cotidiana, será un tipo de amplificación del exilio como fenómeno que sucede en la vida diaria de mucha gente.

–Rulfo, un encantador
–Una de las presencias de la literatura latinoamericana más importantes para Mohsen Emadi ha sido Juan Rulfo, esencialmente Pedro Páramo, libro que leyó muy joven y que le pareció una especie de mago literario.

–¿Rulfo es una presencia relevante?
–¡Mucho! Leí Pedro Páramo a los 17 años. Me pareció un encantador de historias. Me parecía que él estaba hablando de mí, sobre lo que yo estaba viviendo, pues vengo de una familia donde por un lado hay patrones y, por el otro, campesinos pobres. Por eso, en mi opinión lo que se dice acerca del realismo mágico en los cuentos latinoamericanos me parece un término falso.

–¿Por qué es falso?
–Porque es una literatura que también habla de mi vida cotidiana. Si yo escribiera los recuerdos de mi infancia parecerían cuentos latinoamericanos. Eso hizo que me identificara con la literatura de Juan Rulfo, pues de alguna forma le daba voz a mi propia infancia.

–¿El realismo mágico contiene una imprecisión de origen?
–El realismo mágico es una forma de lectura más del colonialismo, una interpretación imprecisa, porque esta literatura no es exclusiva de América Latina, quizá de lugares rurales donde los secretos caminan por la calle en forma de vida cotidiana. En Oriente Medio, por ejemplo, hay bastantes lugares similares. “Recuerdo que en Sári, el pueblo donde nací, no conocíamos los coches y entonces cuando llegó uno, las personas suponían que era un tipo de animal o de vaca, así que el ponían comida enfrente y le decían: “Anda, come”. Parece gracioso si lo escribes, pero era la realidad.

–¿Cómo enfrenta hoy el tema del exilio?
–De muchos lugares he escapado, pero no me gusta que utilicen el término exilio como una forma de categorizar. Para mí, el exilio es un problema existencial. Es una realidad existencial. Pienso que un escritor es un exiliado especialmente cuando es poeta, es exiliado dentro de su propio idioma.Vladimír Holan dice que lo que mata la poesía es la poética, pues ésta es un espacio común. Así que cuando un poeta escribe algo diferente, siempre será un exiliado dentro de su propio idioma..

–¿De qué forma conviven exilio y poesía?
–Para mí la poesía no es un género literario. Es la realidad. Desde este punto de vista la vida de un poeta es la vida de un exiliado en su propia sociedad. En mi espacio también tiene una dimensión política, porque cuando un gobierno invade todos tus espacios personales, tus espacios de ser, la cárcel se amplifica. He sido exiliado en mi propio país, pero tampoco tengo refugio en otro país, porque cuando soy un extranjero. Así que mi lugar de refugio es un tipo de condenación que me regala la poesía.

–¿Poesía y política coexisten en usted?
–Cuando hablamos de política, debemos tener cuidado. ¿En qué términos hablo de política? Hablo de política en términos antiguos griegos, como un acto político para la ciudad. No se trata de un partido político. Yo nunca estaré dentro un partido político porque huyo de la categorización y la reducción. “El acto del poeta no es un acto de conceptos, sino un acto de vida. Quizá por eso me identifico con los cuerpos muertos de todas las personas que están muriendo en estos días en Palestina.”

–¿Volverá pronto a Irán?
–No, no lo creo.

¿QUIÉN ES?
Mohsen Emadi (1976) es poeta, escritor y traductor. Nació en Sári, capital de la provincia de Mazandarán, al norte de Irán, cerca de las orillas del mar Caspio. Su primer libro lo compiló, en 2003, la poeta y traductora Clara Janés en La flor de los renglones. Cuatro años después publicó No hablamos de sus ojos y Las leyes de la gravedad. Su antología más reciente es Visible como el aire, legible como la muerte. En 2010 obtuvo el Premio Internacional de Poesía de Miedo y obtuvo la IV Beca Internacional Antonio Machado. Llegó a México en 2012, donde  vive exiliado en la Casa Refugio Citlaltépetl.