viernes, 17 de febrero de 2023

Cuando las traducciones mejoran al original

El pasado 27 de enero, Javier Lorca (foto) publicó en la contratapa Página 12 el siguiente texto, que reproducimos a continuación. Es uno de esos artículos que justifican la lectura de los diarios.

Las traiciones sutiles

 La supremacía de la originalidad es un mito moderno, parte del credo que reza “nuevo es mejor”. De esa superstición proviene, en el campo de la literatura, el desprecio por las copias y las adaptaciones, también por las traducciones. Sin importar su valor estético, una obra traducida sería una versión degradada de su modelo (traduttore traditore). Por supuesto, estas afirmaciones no implican (ni pueden implicar sin autodenigrarse) ninguna pretensión de originalidad; como casi todo, ya fue dicho. Incluso hay traducciones que han sido consideradas superiores a sus originales. El desafío al mito tal vez haya nacido entre los románticos que estimaban a la traducción como un acto de creación y no como un pobre sucedáneo: “El Shakespeare alemán es mejor que el Shakespeare en inglés”, anotaba Novalis a fines del siglo XVIII, después de leer la traducción de A. W. Schlegel.

En el ensayo “Un poeta desconocido” (1941), el escritor Paul Valéry propuso al ignoto monje André de Compans (1605-1680) como “uno de los más perfectos poetas de Francia” por su traducción del castellano al francés del Cántico espiritual de Juan de Yepes Álvarez, más conocido como San Juan de la Cruz: “Hizo una suerte de obra maestra elaborando unos poemas cuya sustancia no es de él –escribió Valéry–. Casi me atrevería a decir que el mérito de llevar a cabo tan felizmente una obra semejante es más grande (desde luego es más raro) que el del autor, dueño absoluto y libre de sus medios”.

Algunos años antes se había señalado algo parecido pero a propósito de una traducción al castellano de poemas de… Paul Valéry. En su prólogo a El cementerio marino en versión de Néstor Ibarra, Jorge Luis Borges abogó por desacralizar el texto original, sostuvo que en literatura “no puede haber sino borradores”, que las traducciones son documentos de esas vicisitudes y que “el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”. Luego, le propuso al lector “saturarse de la estrofa quinta en el texto español, hasta sentir que el verso original de Néstor Ibarra: 'La pérdida en rumor de la ribera' es inaccesible, y que su imitación por Valéry: 'Le changement des rives en rumeur', no acierta a devolver íntegramente todo el sabor latino. Sostener con demasiada fe lo contrario, es renegar de la ideología de Valéry por el hombre temporal que la formuló”. De la superchería del original deviene (es inexorable) la del autor; la obra de arte y su valor estético prevalecen.

Los primeros párrafos del prólogo de Borges al Cementerio marino son idénticos a los párrafos iniciales de su ensayo “Las versiones homéricas” (ahí está, además, el germen de “Pierre Menard, autor del Quijote”). Ambos textos se publicaron en 1932 pero, curiosamente, el prefacio a Valéry apareció sólo en francés y recién 45 años después en castellano. Según recordó el escritor José Bianco, Néstor Ibarra tradujo para la misma edición bilingüe tanto Le cimetière marin (del francés al castellano) como el prólogo de Borges (del castellano al francés). Ibarra, que se convertiría en uno de los introductores de Borges en Francia, incluso hizo algunos cambios en el prefacio: por ejemplo, reemplazó a Cervantes y Don Quijote por Virgilio y La Eneida (así seguía figurando hasta hace poco en las Oeuvres complètes publicadas por Gallimard, donde también se afirmaba que el prólogo había sido escrito por Borges en francés).

Quizá con amor a la simetría, el mismo Pepe Bianco contó que al menos una vez prefirió una traducción a su original y que fue, justamente, aquella versión de Ibarra del prólogo de Borges: “He leído esas páginas muchas veces en francés, hasta que por fin este año (1975) las he leído en Prólogos, libro en el cual aparecen por primera vez en español –relató–. ¿Necesito decirlo? El original español se me antoja menos terso, menos discreto y persuasivo, me recuerda menos a un determinado Borges, al Borges que prefiero, que la traducción francesa”.

Además de escritor y secretario de redacción de la revista Sur, Bianco fue un reconocido traductor. Tradujo a Stendhal, Samuel Beckett, Roland Barthes, T. S. Eliot, también a Paul Valéry. Entre las versiones pioneras en castellano de Henry James están las suyas y gracias a él la novela The turn of the screw no es conocida como “La vuelta del torno” ni “El giro del tornillo”  (títulos dignos de una ferretería, diría Juan Villoro), sino como Otra vuelta de tuerca. En la década de 1960 fue, junto con Rodolfo Walsh, responsable de las primeras traducciones al castellano de Ambrose Bierce, el extraordinario cuentista norteamericano. Su versión del relato “Uno de los desaparecidos” podría integrar una precaria lista de traducciones que “superan” al original (una lista siempre provisoria, esclava del gusto de la época y el capricho del lector).

El relato de Bierce está en la serie conocida como Cuentos de soldados y civiles y transcurre en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Al soldado Jerome Searing se le ordena dejar las trincheras y explorar la posición del ejército confederado. Tras avistar al enemigo a distancia desde un monte, decide disparar. Apunta con su rifle, prepara el gatillo y, en ese momento, un cañonazo estalla cerca de él. Cuando se recupera, se encuentra atrapado entre escombros, inmovilizado, con su propio rifle gatillado a centímetros de su cabeza, apuntándole a la cara. Pronto el pánico lo domina, sabe que en cualquier momento, al menor movimiento, la bala lo destrozará. Intenta todo pero fracasa y, entonces, después de una espera que siente interminable, decide acabar con la tortura, decide presionar él mismo el gatillo. Lo hace, pero la detonación no se produce. El arma ya se había disparado antes, cuando lo derribó el cañonazo. De todas maneras, el efecto es el mismo: el soldado muere aterrorizado. Esa es la primera parte del cuento. En la segunda parte, Bierce vuelve atrás y narra cómo, desde la trinchera, el soldado Adrian Searing oye a las 6 y 18 minutos una explosión (el cañonazo) y, poco después, recibe la orden de encabezar otra expedición, en la misma dirección que emprendió su hermano. A las 6.40 encuentran el cadáver.

¿Qué hizo Bianco en su versión? Dividió en dos la segunda parte del cuento original e intercaló un primer fragmento (el cañonazo, el anuncio de la nueva expedición) dentro de la narración principal. El otro fragmento lo dejó al final del texto. Así, el lector percibe dos aspectos de la historia en paralelo y sabe con antelación que se prepara una expedición para buscar al soldado. El lector sabe algo que el personaje ignora (la definición de suspenso, según Alfred Hitchcock), sabe que si el soldado resiste un poco más, vivirá.

La sutil traición de Bianco al texto original inscribió a un relato de 1888 en las estrategias narrativas del siglo XX, de las que el propio Bierce fue precursor. La generación adicional de suspenso en el cuento, esa expectativa finalmente frustrada, no habría disgustado a Bitter Bierce, que nunca se caracterizó por el exceso de optimismo. En su Diccionario del Diablo dejó definiciones como la siguiente: “Futuro: Período en que nuestros asuntos prosperan, nuestros amigos son sinceros y nuestra felicidad está garantizada”.

jueves, 16 de febrero de 2023

Palabras que nos tienen podridos (parte 2)

Ayer se presentó una lista parcial de palabras y frases que tienen podrido al poeta y traductor Jorge Aulicino, quien, según se explicó, fue subiéndolas a su Facebook, acompañándolas de distintos ejemplos comparables a los que Bioy Casares ofreció en su Diccionario del argentino exquisito. Suponemos que los traductores de otros orígenes lingüísticos van a agradecer todas estas gansadas.

Palabras y frases que me tienen podrido (parte 2)

I: conjugación del verbo ir en la segunda persona del imperativo:

“I vistiéndote”;
“I pensando en pagar porque debés un fangote”.

La data (los datos):

“Tengo la data de tus noviazgos, tarado”.

La previa:

“En la previa de la asamblea, se repartieron cazotes.

Lapsus: olvidar, pasar por alto, decir algo que no se quería decir:

“El buen hombre tuvo un lapsus y este mes no pagó la cuota societaria”;
“Tuvo un lapsus y le dijo mamita a la señora, pero sin mala intención”.

Las mamás y los papás (de uso en comunicados oficiales de las maestras jardineras).

Les comparto (por “comparto”):

“Les comparto estas rimas de mi autoría”.

Letal (por muy potente o efectivo):

“Soltó un cuesco letal”.

Los pibes: la juventud.

Marcó (por “dijo”).

Me ayudó a poder comenzar (dicho por una alumna de la escuela de periodismo de un diario)

Me hace ruido (por “no me gusta”):

“Ese amor desmesurado por la achicoria a mí me hace ruido”.

Metaverso: lo que está más allá de nosotros, llamado en otra época metafísica o más allá.

“El metaverso me produce angustia, Aldo”.

Militar como verbo transitivo (por “promover” o “propagandizar”):

“Hay que militar el gusto por el estofado de pesceto”;
“Va a costar mucho, pero tenemos que militar a fondo el cambio de mano en la Rotonda Alpargatas”.

Mi lugar en el mundo:

“Decididamente, Mar del Barquinazo es mi lugar en el mundo”.

Motivación (por estímulo, adoctrinamiento):

“Con vos no hay motivación que alcance, siempre panza arriba”.

Motivado/a, inmotivado/a:

“Totalmente motivado, pidió otro bife de chorizo”. 

Multiverso: en consonancia con la ciencia-ficción que propone la existencia de universos paralelos, el lexicógrafo se apresura a creer que todos juntos son uno y diverso.

Naturalizar (por volver aceptable):

“Pretende naturalizar el dedo en la nariz”. 

No creo en las casualidades: lugar común por “creo que fue a propósito”.

No es un dato menor (por “importante”):

“Lo echaron a patadas. No es un dato menor”.

No me cierra (por “no termina de convencerme”:

“La propuesta de abrir esa choricería no me cierra”;
“En esa descripción del pejerrey hay algo que no me cierra”.

No necesariamente (por no siempre):

“No necesariamente te mojás si llueve: llevá paraguas”.

Nueva normalidad (para todo lo sucedido después de la epidemia del llamado covid):

“Producto de la nueva normalidad, la emprendieron a cascotazos contra la vivienda del dicente”; “El chico adoptó la nueva normalidad y no quiere ir a la escuela”.

Obvio (por “así es” o “tal cual”).

Oxímoron (por contradicción):

“Que me digas que Galarraga es un tipo justo es un oxímoron”.

Pandemia. una enfermedad que afecta a todos los países, según la Organización Mundial de la Salud . Hasta 2020 significaba una enfermedad que afecta a todas las personas que habitan una región, una zona. 

Peli: infantilismo por película.

“Esa peli de Bergman es de una tremenda profundidad existencial”. 

Personalizar (ver “customizar”).

Perspectiva de género: que tiene en cuenta y respeta al género femenino:

“¡Que se cree! ¡Esta es una boite con perspectiva de género!”. 

Poder hacer (El segundo verbo, cualquier otro, siempre en infinitivo):

“Para poder cruzar la calle, hace falta poder caminar”, máxima china.

Porfis (infantilismo por “por favor”). 

Pospandemia (se aplica a todo objeto, suceso o fenómeno posterior a 2020:

“Me gustaría que vieses el Chascomús pospandemia”.

Premium: ídem

Priorizar (dar mucha importancia):

“Debemos priorizar la salida por la puerta de atrás; después ser verá”.

Proactivo (entusiasta):

“Estaba proactivo antes de hablar pavadas”.

Problemática (por problema):

“La problemática del alcanfor alcanzó los más altos estrados”.

Procrastinar:

“Mi nieto procrastina la siesta hasta que se le hace de noche”.

Puesta en valor (por volver a usar, restaurar, dar importancia):

“La puesta en valor del aura del medievo en las contiendas filosóficas del seleccionado checo” (A.S.R., Cuestiones que discutí con Cacho;
“La puesta en valor del bulín me costó un perú”)

Que fluya (reemplaza a “dejalo correr” o al más refinado “que sea él mismo”).

Recepcionar (por recibir):

“Lo recepcionó tirándole la pecera”;
“Recepcionó bien la pelota, pero luego no supo qué hacer y la pateó a la tribuna”. 

Registrate (de uso frecuente en publicidad): “Registrate y disfrutá de los beneficios del tiro al sapo”.

Reingeniería (reemplaza a “racionalizar”, echar gente de una empresa o dependencia).

Repensar (por cambiar de opinión):

“Hay que repensar el voto en las elecciones del Club Hípico”.

Replicar (en el sentido de repetir):

“Los juanetes se le replicaron en el otro pie”.

Resiliencia:

“Qué resiliencia, qué resiliencia. Hay que tenerle paciencia”.

Ser de luz. con seguridad forma parte de un conjunto de ideas de la llamada new age, pero se aplica con el fin de exaltar la bondad y/o hombría de bien de una persona, esto último en el caso de que tal persona sea de género masculino, incluso no binario:

“El carnicero es un ser de luz, me regaló una molleja para fin de año”.

Ser “todo lo que está bien”:

“Me enteré de que adoptaste un colibrí: Sos todo lo que está bien”.

Serial (en sentido figurado):

“Soy un consumidor serial de milonguitas.

Se viene... (por “ya llega”, “se aproxima”, “viene”):

“Se viene el cumpleaños de don Pancho”;
“Se viene el cursillo de latín eclesiástico”;
“Se viene la fiesta de la vendimia”.

Se viralizó (por cualquier cosa que se supone rápidamente difundida):

“Se viralizó que al tipo le gusta el cuplé”.

Sinergia (reemplaza a “Tiremos todos para el mismo lado”).

Sí o sí (por “sin falta”):

“Tenés que abrazar la causa del empleado bancario, sí o sí”.

Situación de calle (precedido de “personas”, a veces, incluso, de “ciudadanos”): eufemismo por “indigente”, “sin techo”, “pordiosero”, “ciruja”, etc.:

“Un tipo en situación de calle me batió la justa”.

Sorry

Sustentable: que no daña demasiado el medio ambiente; por extensión, que es razonable: “¿Su plantación de rabanitos es sustentable, don Egidio?”;

“Te hice un precio sustentable, no pongas esa cara”.

Tienda (por cualquier negocio):

“Me compré esta excelente nabiza en la tienda de verduras de acá a la vuelta.

Tóxico (por dañoso o inconveniente):

“Nuestra relación es tóxica, Doña Elvira”;
“El pollero es un ser tóxico”.

 Transversal (de uso indefinido en política).

 Visibilizar (por ver o hacer ver):

“Visibilizar al mosquito para darle el toallazo es una tarea ímproba”;
“Hay que visibilizar la extrema necesidad de una fotocopiadora en esta dependencia.

 Vivenciar (por vivir o percibir):

“Vivencié una experiencia inaudita”;
“Vivencié un poco el ambiente y me tomé el raje”.

Volvió a renacer (en lugar de “renació”).

Y tan humilde (al final de un elogio).

Zona de confort (por rutina o hábitos): 

“El idiota no sale de su zona de confort”.

miércoles, 15 de febrero de 2023

Palabras que nos tienen podridos (parte 1)

Existen muchos ilustres ejemplos de diccionarios dedicados a la estupidez y al ridículo, desde Voltaire a Bioy Casares, pasando por Flaubert, Bierce y muchos otros autores que se hicieron una fiesta riéndose de la afectación de sus contemporáneos. En esa serie corresponde incluir la siguiente entrada (que continuará mañana), constituida por una lista de palabras y expresiones absolutamente funcionales a la lengua actual de Argentina, promovidas por académicos pedantes, periodistas culturalmente indigentes y cristianos en general. Esos engendros fueron reunidos por el poeta y traductor Jorge Aulicino, quien fue subiéndolos a su Facebook, acompañándolos de distintos ejemplos comparables con los que Bioy Casares ofreció en su Diccionario del argentino exquisito. Suponemos que los traductores de otros orígenes lingüísticos van a agradecer todas estas gansadas. El título con que se presentan fue sugerido por el recopilador.

Palabras y frases que me tienen podrido (parte 1)


Acceder (por “entrar”, “tener conocimiento”, “recibir”, etc.):
“Accedió sin más al baño de damas”;
“Accedió a documentos secretos de Defensores de Belgrano”;
“Accedió a un crédito para comprarse el cortapelos para la nariz”.

Al interior (reemplaza “en el interior”, por imitación literal del francés).

Alta gama: Cualquier cosa cara:
“El tipo solo anda con chancletas de alta gama”.

Amigable y friendly:
“El packaging de este puré de tomates es amigable con el medio ambiente”;
“Esta fonda es pet friendly”.

Aplica y no aplica (por corresponder o por solicitar una beca u otro beneficio:
“Purgarse con pasto solo aplica en el caso de los gatos”;
“Aplicó a un subsidio para bailarines de tap.

A ver... (al comienzo de una respuesta, una explicación).

Bajate la aplicación (en su carácter publicitario):
“Ya hay una guía de vendedores de salamines. ¡Bajate la aplicación!”.

Cartografía: En crítica literaria, panorama y/o temas principales:
“Se intentó sin resultado hacer la cartografía del género cumbia”.

Central (por muy importante, sobre todo referido a un artista o una obra):
“El Casamiento de Laucha es un libro central en la actual problemática”.

Claramente (por “está claro”, “sin duda”, etc.):
“Esa pedorreta fue una provocación. Claramente”.

Cognitivo,
cognición (reemplaza a inteligente e inteligencia):
“Su falencia cognitiva lo impelió a tirar de la cadena antes de orinar”;
“Le faltó cognición para darse cuenta de que el zaguero venía dispuesto a quebrarle la pierna”.

Con todo respeto (al comienzo de una crítica):
“Con todo respeto, mi coronel: usted es un pelotudo”.

Corpus (por un conjunto de escritos):
“Ese corpus de las canciones de murga ofrece muchas dudas”.

Coyuntura (política).

Cuidate (en lugar de “chau”, “hasta pronto”, etc.).

Cultura de...:
“Hoy triunfa la cultura del paparulo, mi querido doctor”.

Customizar: elegir entre unas pocas opciones para modificar programas digitales:
“Podés customizar la pantalla de inicio con imágenes de zorrinos o flores silvestres”; “Customicé las paredes de mi escritorio con fotos del Ancho Peucelle y Wanda Nara”.

De cara a... (imitación de los periódicos españoles).

Disruptivo (por revolucionario, inesperado, excéntrico o provocador):
“El mamarracho que hizo por firma fue disruptivo”;
“No toleraré que el tipo se venga a hacer el disruptivo en el bufet”.

El día a día:
“Vos no manejás el día a día de la enfardadora”.

Empoderar:
“O empoderamos al tipo, o nos da el esquinazo”.

Encendió las alarmas (en sentido figurado):
“Cuando la fiebre le subió a 38 se nos encendieron las alarmas”;
“La amenaza de cortarles la cabeza a todos encendió las alarmas del partido”.

Es muy fuerte (por “intenso”, “emocionante”, “conmovedor”, “agobiante”, etc. ):
“Me ofreció un pedazo de sándwich. Fue muy fuerte”;
“El gato me pide comida todo el día. Es muy fuerte”.

Empatía, empático (prodigadas a veces como “identificación”, otras como “solidaridad” y, otras, como “simpatía”):
“Soy totalmente empático con el perro que lo mordió al cretino ése”;
“Hay que tener empatía con la pobre gente perseguida por los carpinchos”.

Épico (por “¡memorable!”, “¡genial!, muy bueno”, etc.).

Expresó (por “dijo”).

Finde: infantilismo por fin de semana.

Fulano, querido (en lugar de “Querido Fulano”):
“¡Fulano, querido! Te estábamos esperando para que invitaras unos vinachos”.

Funcionar (casi siempre en primera persona y en pasado):
“En los granitos pasate aceite de auto, a mí me funcionó”.

Generar (por “hacer”, “iniciar”, “producir”, etc.):
“Generó entusiasmo el reparto de váuchers”;
“Me generó esperanza el crecimiento de la radicheta”;
“Generando todo tipo de gansadas”.

Gestionar (por “gobernar”):
“La verdad es que gestionó como el orto”.

Gobernanza (por “gobierno”):
“Para mejor gobernanza del club, propongo suspender las bebidas alcohólicas”.

Gran, seguido de un nombre propio, de escritor o artista.

Hater (por “odiador”):
“A la chueca García, de la otra cuadra, los haters la tienen de punto”)

Hegemonía (dominio, preponderancia, monopolio):
“Esa empresa tiene la hegemonía del chimichurri en todo el país”;
“Ejerce la hegemonía / con la mayor armonía”, Tito Lusiardo, Mis rimas.

Híbrido, hibridar:
“Su poesía hibrida elementos mancomunados de la tradición celta con toques del más salvaje vanguardismo neobilardista”.

Holis (infantilismo por “hola”).

Inmenso/a, seguido de un nombre propio, de escritor o artista.

Instalar (una opinión, una idea):
“Hay que instalar que de noche en esa carretera no se ve un pepino”.

Interpelar (de uso aproximado):
“La presencia de una mosca en el café con leche nos interpela”.
“Me interpela la posición ambigua del diputado”.

martes, 14 de febrero de 2023

Traducir a Javier Marías: un mar de dificultades

Lo que sigue es un artículo de Margaret Juli Costa, traductora británica de Javier Marías, donde da cuenta de algunos de los problemas que supuso la traducción del escritor español. Traducido al castellano por Daniel Gascón, se publicó en la revista mexicana Letras Libres, el 1 de octubre de 2022.

Traducir a Javier Marías

Cada vez que termino de traducir una novela de Javier Marías y pasan unos meses, no puedo recordar qué era lo que me resultaba tan difícil. Luego, en cuanto empiezo a trabajar en una nueva novela suya, pienso: “No puedo hacerlo.” Afortunadamente, esa sensación desaparece, pero, de entrada, es como si todos mis músculos para traducir a Javier Marías hubieran perdido el tono en el ínterin. Así que quizá, en una pausa entre traducciones, este sea el momento correcto para observar algunos ejemplos de lo que parecía, al principio, tan abrumador.

El obstáculo más obvio para el traductor es la mera longitud y complejidad de las frases, que a veces ocupan media página, una página o incluso dos páginas. Esta es la primera (y relativamente breve) frase del volumen ii de la trilogía Tu rostro mañana:

“Ojalá nunca nadie nos pidiera nada, ni casi nos preguntara, ningún consejo ni favor ni préstamo, ni el de la atención siquiera, ojalá no nos pidieran los otros que los escucháramos, sus problemas míseros y sus penosos conflictos tan idénticos a los nuestros, sus incomprensibles dudas y sus meras historias tantas veces intercambiables y ya siempre escritas (no es muy amplia la gama de lo que puede intentar contarse), o lo que antiguamente se llamaban cuitas, quién no las tiene o si no se las busca, “la infelicidad se inventa”, cito a menudo para mis adentros, y es una cita cierta cuando son desdichas que no vienen de fuera y que no son desdichas inevitables objetivamente, no una catástrofe, no un accidente, una muerte, una ruina, un despido, una plaga, una hambruna, o la persecución sañuda de quien no ha hecho nada, de ellas está llena la Historia y también la nuestra, quiero decir estos tiempos inacabados nuestros (y hasta hay despidos y ruinas y muertes que sí son buscados o merecidos o que sí se inventan).”

Cuando me enfrento a una frase así, me limito a traducirla tal como está y luego regreso a ella una y otra vez hasta que cada parte conecta como debería y se mantiene el flujo de ideas y lenguaje. Esta es mi versión:

Let us hope that no one ever asks us for anything, or even inquires, no advice or favour or loan, not even the loan of our attention, let us hope that others do not ask us to listen to them, to their wretched problems and their painful predicaments so like our own, to their incomprehensible doubts and their paltry stories which are so often interchangeable and have all been written before (the range of stories that can be told is not that wide), or to what used to be called their travails, who doesn’t have them or, if he doesn’t, brings them upon himself, ‘unhappiness is an invention’, I often repeat to myself, and these words hold true for misfortunes that come from inside not outside and always assuming they are not misfortunes which are, objectively speaking, unavoidable, a catastrophe, an accident, a death, a defeat, a dismissal, a plague, a famine, or the vicious persecution of some blameless person, History is full of them, as is our own, by which I mean these unfinished times of ours (there are even dismissals and defeats and deaths that are self-inflicted or deserved or, indeed, invented).

Lo que pierdo en las primeras palabras, me doy cuenta, es la concisión del español, así como todas esas negativas –“Ojalá nunca nadie nos pida nada”–, pero, como sabe cualquier traductor, hay pérdidas y ganancias en cada traducción, y por mucho que te esfuerces en ser fiel, a veces tu propia lengua te obliga a apartarte. Por lo demás, espero, he seguido tan cerca como me era posible la estructura del original.

A veces, la frase es tan complicada que requiere muchos intentos antes de que me parezca que tiene sentido completo en inglés. En uno de los ensayos de Javier Marías, por ejemplo, hay una endiabladamente difícil que trata el más complejo de los asuntos: las relaciones familiares:

“Que yo tenga noticia, la primera persona de mi familia que escribió alguna novela fue mi bisabuelo cubano, Enrique Manera y Cao, padre de mi abuela Lola Manera, nacida en La Habana, y por tanto abuelo de mi madre, Lolita Franco, ya nacida en Madrid, pues la que sería su progenitora salió de la isla a los siete u ocho años, en 1898, junto con sus padres y hermanos, y los que sobrevivieron a la travesía se instalaron en la capital de España.”

El español puede indicar el género a través de la concordancia de los adjetivos, en este caso “nacida”, lo que ayuda un poco al lector, pero pasarlo al inglés fue inicialmente difícil. Tras forcejear con la frase durante semanas, he encontrado de repente una (posible) forma de hacerla funcionar al releerla ahora:

As far as I know, the first person in my family to write a novel was my Cuban great-grandfather, Enrique Manera y Cao, the father of my Havana-born grandmother Lola Manera and the grandfather of my Madrid-born mother, Lolita Franco, her mother, the aforesaid Lola Manera having left the island in 1898, along with her parents and brothers and sisters, when she was only seven or eight, with the survivors of the voyage settling in Madrid.

Para que el inglés sea tan compacto como el español, he recurrido a la capacidad de mi lengua para hacer un adjetivo de cualquier cosa, de manera que “nacida en La Habana” se convierte en “Havana-born”; de forma similar, “nacida en Madrid” se convierte en “Madrid-born”. He puesto en cursivas un “her” para que el énfasis dé al lector una clave más fuerte acerca de quién es “her”, y he sustituido “la que sería su progenitora” con “her mother, the aforesaid Lola Manera”. Al principio, traduje travesía como “crossing”, pero en la última parte de esa frase, se podía confundir con otro gerundio, así que he optado por “voyage”, que es, de todos modos, una palabra más evocadora, tan evocadora como “travesía”. ¡Uf!

Por supuesto, este es el tipo de jugueteo obsesivo al que dedican horas los traductores –y que en realidad les encanta.

Aparte de la complejidad de las frases, lo que hace que la prosa de Marías sea tan excitante (tanto para el lector como para el traductor) es el cuidado con que trata las palabras y su manera de cambiar de registros con naturalidad, pasando de un vocabulario muy formal y culto a expresiones muy coloquiales.

En el pasaje anterior, por ejemplo, utiliza un término bastante arcaico, “cuitas”, para el que tuve que encontrar un equivalente arcaico en inglés, en este caso “travails”. Un personaje de la trilogía, el egregio e intermitentemente malhablado De La Garza, un agregado de la embajada española en Londres, era un particular desafío para el dominio de la jerga por parte de la traductora.

“–Como que me llamo Rafael de la Garza que esta noche no se me escapa viva alguna de estas guarras. No he venido hasta aquí para irme de vacío, no te jode. Hoy yo mojo, por encima de mi cadáver.”

“I’m going to have one of these sluts tonight or my name’s not Rafael de la Garza. I didn’t come here in order to go away empty-handed, damn it. I’m going to dip my wick if it kills me.”

Y en el tercer volumen le oímos cantar un rap que ha inventado:

“Te convierto en un pelele que me rasca el ukelele […] Soy el pasto de las cobras, se alimentan de mis sobras, te inoculo mi veneno, contra él no tienes freno, no me piques las espuelas si no quieres perder muelas, juu-yu, yu-jú […] Que mis balas tienen hambre y están llenas de cochambre, y te buscan el cerebro pa dejártelo bien cerdo, chamusquina entre las cejas, la sesera en las orejas, vomitando por los poros y eres mierda de inodoro, juu-yu, yu-ju.”

Por razones de ritmo y rima, es imposible ser fiel al original en ningún sentido literal. Además, lo que de verdad importa es preservar la inanidad de los versos, el vocabulario violento y la referencia escatológica, porque De la Garza acaba de ser víctima de un ataque violento durante el que han estado a punto de ahogarle metiéndole la cabeza en un váter. Copio debajo el pasaje completo en inglés para demostrar cómo se mueve Marías entre el lenguaje de repugnancia remilgada del narrador y los nefastos esfuerzos “poéticos” de De la Garza:

It was truly pathetic, as were his awful so-called verses, a ghastly dirge accompanied by a constant bending of the knees in time to the supposed rhythm of some thin, imaginary tune: ‘I’m gonna turn you baby into my ukelele,’ – was how it began, with that so-called rhyme, ‘I’m food for the snakes, like a fine beefsteak, I’ll fill you up with venom just for wearin’ denim, don’t go stepping on my toes if you want to keep your nose, hoo-yoo, yoo-hoo.’ – And then, without even pausing to take a breath, he attacked another strophe or section or whatever it was: ‘My bullets want some fun, no point in trying to run, and they’re looking for your brain and are out to cause you pain, to burn up your grey matter, send it pouring down the gutter, flushing down the can, you’ll be shit down the pan, hoo-yoo, yoo-hoo.’

A menudo Marías comenta el lenguaje que utilizan su narrador o sus personajes. Un ejemplo: cuando el narrador repara en su uso de una expresión española –“no hacer ascos”–, dice (de una manera no particularmente alentadora para sus traductores): “no hay rival para ‘no hacer ascos’ en otras lenguas”. A pesar de eso, y porque, obviamente, el trabajo del traductor consiste en encontrar equivalentes para el lector no español, me incliné por un cauteloso “although ‘to turn up your nose at something’ comes close…”.

Marías también utiliza a menudo términos taurinos, que han entrado en el idioma español como los términos de cricket en el inglés. Hay un pasaje crucial, en el que el padre del narrador describe un episodio que ocurrió durante la Guerra Civil española, donde varios republicanos fueron seleccionados por los nacionales y estaban a punto de ser ejecutados sumariamente. Uno de esos hombres, Emilio Marés, se negó a cavar su propia tumba antes del fusilamiento y dijo desafiante: “A mí me podréis matar y me vais a matar. Pero a mí no me toreáis.” El verbo “torear” significa “luchar con un toro”, pero también significa “jugar con alguien” o “reírte de alguien”. Sin embargo, puesto que después los verdugos de Marés lo martirizaron y lo mataron como si fuera un toro, es esencial mantener esa referencia a los toros en la traducción al inglés. Mi versión: “You can and will kill me, I know that, but I’m not a bull to be baited.” Sus torturadores se lanzaron sobre sus palabras y las llevaron a su lógica y cruel conclusión.

Por regla general, me gusta permanecer junto a un autor y traducir todos sus libros, porque, para señalar lo obvio, es la única manera de desarrollar una idea de la obra en conjunto. Esto ha resultado aún más importante con la obra de Javier Marías y, en particular, con la traducción de su trilogía Tu rostro mañana, porque cita a menudo no solo de los otros volúmenes de la serie, sino también de sus novelas anteriores (he traducido todas menos dos). Eso requiere una memoria muy atenta por mi parte, porque tengo que (a) reconocer que es una cita de otro sitio y (b) recordar de dónde viene la cita y cómo la traduje esa primera vez, para poder encontrarla en mi traducción. Una vez la he localizado, tengo que compararla con su última manifestación en la trilogía porque el autor a menudo amplía o adapta esa autocita. Cuando participaba en esta caza encontré un nuevo problema: descubrir que no me gustaba demasiado cómo había traducido esas palabras en el Volumen i o ii o en una de sus novelas anteriores (traduje la primera –Todas las almas– en 1991).

No obstante, en aras de la consistencia entre volúmenes, me vi obligada a mantener la versión original. Era un recordatorio (por si lo necesitaba) de lo cambiante que es la traducción, por mucho que nos esforcemos en producir algo sólido, perfecto y aparentemente fijo.

Marías también cita a otros autores, en particular británicos o estadounidenses, a menudo sin reconocer que lo está haciendo. Eso pone a prueba la memoria literaria y el estado de alerta del traductor. Por ejemplo, abundan las citas de Ricardo III y Enrique V, pero las palabras de Shakespeare –como las de Javier– a menudo se amplían o adaptan para que encajen en una situación específica o para crear ecos adicionales. En el caso de Tu rostro mañana, fui afortunada por tener acceso a un ensayo valiosísimo de Antonio Iriarte, que enumera las listas y rastrea todas las citas utilizadas en libros anteriores.

Ciertamente, este artículo no pretende ser un lamento sobre los escritores “difíciles”, y espero que no lo parezca, porque disfruto de veras tratando las “dificultades” y, por raro que parezca, me parece más fácil –y sin duda más interesante– traducir un texto “difícil” de un gran escritor que uno “fácil” de un autor mediocre. Puedes confiar en que el primero sabe con precisión lo que hace, pero en el caso del segundo estás en tierra poco firme. Los grandes escritores del pasado (y algunos, aunque menos, en la actualidad) traducían a los clásicos porque les parecía que era una manera de mejorar su escritura y su estilo, y traducir pone a prueba y aumenta el dominio que un traductor tiene sobre su propia lengua. Una vez oí decir al poeta, novelista y traductor David Constantine que la traducción empuja al traductor “hacia un conocimiento cada vez más grande de su propia lengua, hacia un descubrimiento de lo que puede y no puede hacer”. Y así, en cuanto dejo atrás esa primera y perturbadora sensación de no ser capaz de hacerlo, me zambullo alegremente en ese mar de dificultades y nado lo mejor que puedo.

lunes, 13 de febrero de 2023

Más sobre la crisis del papel en la Argentina


A pesar de que en los tres últimos días de la semana pasada ya nos ocupamos de la cuestión, dada la gravedad del asunto, hoy volvemos a plantearlo desde la perspectiva de otro diario. En la ocasión, se trata del artículo publicado por Silvina Friera, en Página 12, el pasado 18 de enero. En su bajada se lee: “La Cámara Argentina del Libro y las editoriales vuelven a advertir sobre un problema que, lejos de resolverse, se profundiza cada vez más, con situaciones abusivas y poca firmeza desde el Estado”.

La crisis del papel pone en peligro a la Feria del Libro

 

Una “herida tremenda” impacta en la industria editorial. Peligra la producción para la próxima Feria del Libro por el costo y el abastecimiento del papel, que aumentó un 150%, muy por encima de la inflación. El papel ilustración para tapas y para interiores de libros infantiles se incrementó en torno al 300%. La Cámara Argentina del Libro (CAL), entidad que aglutina a editoriales medianas y pequeñas, alerta sobre la gravedad del problema en un mercado que se ve cada vez más empobrecido en términos de bibliodiversidad porque se recortan los planes editoriales, se limitan las tiradas y se suspenden reimpresiones.

El papel escasea y si se consigue hay que pagar aumentos desmesurados, establecidos por un mercado oligopólico con dos productores nacionales, Celulosa y Ledesma, “que fijan el precio como ellos quieren y abastecen como ellos quieren”, advierte Martín Gremmelspacher, presidente de la CAL, a Página/12. Un fenómeno reciente añade más preocupación el papel tiene una participación de más del 50% en el costo general de un libro. Como expresa la CAL en un comunicado “la materia prima cuesta más que el trabajo de autores, editores, diseñadores, imprentas y encuadernadores sumados”, cuando históricamente representaba entre el 30 y 35%.

La ley de la selva
El avance de la incidencia del papel en el costo de un libro -y como los editores no pueden trasladar los aumentos recibidos en forma completa al precio de venta al público- “provoca una pérdida de rentabilidad de la industria editorial a manos de los grupos concentrados que producen papel en la Argentina”, plantea la CAL. Gremmelspacher confirma que el papel obra, el que se utiliza para la edición de libros, ¿comenzó a faltar en octubre de 2021. “Uno llama a los distribuidores o a los propios fabricantes y no tienen papel o el papel que reciben es para abastecer pedidos que tienen hace tres meses parados. El Estado está haciendo compras interesantes de libros para chicos y libros de textos y eso también absorbe papel que el mercado no había previsto”, explica el presidente de la CAL.

Gremmelspacher aclara que el papel aumentó más en Argentina que en otros países. “El papel obra está dos dólares en el mundo y nosotros lo estamos pagando tres, un cincuenta por ciento más caro”, puntualiza el presidente de la CAL. “A esto se suma las distribuidoras que traen papel ilustración, que en el mundo está dos dólares, dos dólares cincuenta, y nosotros lo estamos pagando entre cinco y siete dólares, cuando lo están importando en un dólar veinte, un dólar treinta. Además el Estado está dando dólares a valor oficial y estos importadores están haciendo lo que quieren con el mercado”. Desde la CAL están analizando alguna medida legal, en Defensa de la Competencia o en alguna dependencia, que “pueda poner esto en orden”. Gremmelspacher resume el cuadro de situación. “Es tremendo lo que está pasando: el desabastecimiento continuo del papel hace quince meses, más el aumento desmedido del papel obra y el papel ilustración”.

¿Cómo se compone el costo de un libro? Según datos recopilados por la CAL a través de encuestas propias, el 54% del costo lo encabeza el papel, el 20 % pertenece a la impresión, el 15% a la encuadernación, el 6% al diseño y el 5% a la edición. “El libro no aumentó un 300% o un 150%, aumentó menos, con lo cual el diseñador, el ilustrador, el corrector y los editores estamos perdiendo rentabilidad porque cobramos menos por nuestros servicios. El papel va por un ascensor y el resto de los costos vamos por una escalera sinuosa”, compara Gremmelspacher. “Las papeleras están haciendo lo que quieren con una desfachatez total porque cuando se sientan a una mesa para conversar mienten o dan una excusa para seguir protegiendo la quintita que tienen con el oligopolio de la venta de papel”, precisa el presidente de la CAL.

Menos margen para la crisis
Desde Córdoba capital, Gabriela Halac, directora editorial de DocumentA/Escénicas, un sello extraordinario que tiene en su catálogo la obra teatral y narrativa de Emilio García Wehbi, revela que el problema del papel afectó el plan editorial. “A pesar de las estrategias que aplicamos para soportar la situación ha sido un proceso demasiado largo y desgastante. No es solo en relación a los libros nuevos, también a los que se agotan y no es posible pensar en planes de reimpresión ya que su circulación es mucho más lenta. El año pasado fue imposible hacer previsiones económicas y esto ha generado permanentes desfasajes que se fueron acumulando. Somos una editorial pequeña radicada fuera de Buenos Aires y esto suma también costos de circulación que incluso cuando aplicamos a convocatorias de compras nacionales no son contemplados. La desigualdad es tan real como invisible. Por lo tanto, las ganancias se reducen todo el tiempo y la economía deja menos márgenes para enfrentar las crisis”, evalúa Halac.

La editora cordobesa cuenta que fue soportando las subas del papel con algunos aportes institucionales y tratando de asistir a todas las ferias posibles. “La realidad hoy es que esos aportes ya no alivian como en otros momentos porque no se relacionan con los costos de producción de un libro. El cuerpo a cuerpo de un editor independiente tiene una energía limitada. El agotamiento va desgastándonos en muchos sentidos. La trashumancia de un editor que va de feria en feria para evitar el costo de la cadena puede resultar si vivís en Buenos Aires, pero no si vivís en una provincia y tenés que agregar los gastos de traslado y alojamiento”, reconoce Halac. “La situación es crítica y si bien nos anima a seguir los compromisos asumidos y la calidad de los proyectos que llegan, nos vemos en problemas reales de difícil solución”.

Halac dice que el abastecimiento del papel los excede como editores y se refiere a la permanente lucha por reinvertir todo ingreso en comprar papel para momentos críticos. “En mi caso trabajo con una imprenta hace muchos años y esa variable está presente de manera permanente. Creo que los vínculos sólidos entre editores e imprenteros son fundamentales. Buscamos opciones, pero en cuanto te movés a otro papel interior porque un papel chino se consigue al mismo precio que un papel nacional y hay stock en Córdoba a los dos meses ese papel subió y genera discontinuidad en las ediciones. Los papeles de tapas en este momento se han vuelto inaccesibles, y muchos de los papeles con los que trabajamos no entran o son carísimos. Estar en Córdoba es más complejo aún porque el abastecimiento es menor”, asegura la editora.

Una salida colectiva
Damián Luppino, de Omnívora Editora, admite que la mayor parte del presupuesto en la producción de un libro se va en imprenta, principalmente en papel. “El constante aumento del papel va mucho más adelantado que los precios de los libros. A lo único que se puede aspirar en este momento es a no perder tanto, a recuperar el capital que pusimos para la producción del libro para ponerlo en el próximo título. Esto afecta a las pequeñas y medianas editoriales y de esta manera se hace casi imposible pensar en vivir de la edición”.

Luppino subraya que se necesita la intervención del Estado. “Hay subsidios, ayudas estatales, pero no son suficientes, no son para todas las editoriales y tampoco ayudan a cubrir el presupuesto de imprenta. Entre las editoriales tendríamos que empezar a buscar respuestas, juntarnos, conocernos más, mirar por ejemplo lo que están haciendo la Unión de Escritoras y Escritores. Tenemos que buscar una salida colectiva porque la situación nos afecta a casi todas las editoriales, y de esta manera las únicas que van a beneficiarse son las grandes multinacionales. Esto también es un problema porque las llamadas editoriales independientes hacemos un aporte muy importante para la bibliodiversidad que se vería perdida al no poder seguir sacando libros”, reflexiona el editor de Omnívora. “Todos miramos y pensamos en el Estado para tratar de que haya una regulación que contemple al insumo del papel destinado a hacer libros. Pero insisto que también deberíamos juntarnos las editoriales y empezar a pensar una solución entre nosotros. Pedir la solución desde arriba pero también motorizarla desde abajo”.

Cautivos de Celulosa
Matías Reck, de la editorial Milena Caserola, recuerda que en la Feria del Libro, desde el stand colectivo “Todo libro es político”, se preguntaron cuánto vale un río, cuánto vale un libro. “El rol de las editoriales independientes es hacerse preguntas, poetizar, estar cerca de la naturaleza y no seguir el camino de los monstruos que es imprimir cantidades inusitadas de libros para luego mandarlos a la trituradora. Nosotros no entramos en el juego de los números, hace años que imprimimos lo que en Estados Unidos se llama print on demand y seguimos ese camino”.

El editor de Milena Caserola coincide en que hay que pensar en forma colectiva propuestas para alcanzar una solución. “Yo traigo una experiencia de Cuba. En lavarropas en desuso que les habían mandado de la Unión Soviética, la editorial Papiro metía papel usado y con agua y otros elementos crearon una pasta y fabricaron su propio papel. De Cuba venimos y hacia Cuba vamos”, concluye Reck.

Un grupo de editoriales independientes, entre las que estaba Las Cuarenta, se contactó el año pasado con Papelera Mitre para consultarles sobre la posibilidad de producir papel obra ahuesado de 65 y 80 gramos. “Nos dijeron que podían conseguir la pasta para producir”, comenta Néstor González, editor de Las Cuarenta. “La empresa tenía una capacidad productiva de 600 toneladas mensuales, pero tenía un conflicto por el pago de facturas con su proveedora de energía, CAMMESA. Esta última le solicitaba el pago total (40 millones de pesos). Le pedimos al ministerio de Producción de la Provincia de Buenos Aires que intercedió y habló con la secretaria de Energía de la Nación, Flavia Royon, para que interviniera y pudieran pagar los 70 millones (capital más intereses hasta noviembre) y un plan de pagos por los intereses restantes. Nos respondieron que es muy difícil tratar con CAMMESA (donde el Estado es socio con el 50%) y que no se podía hacer nada. Desde fines de noviembre 77 trabajadoras y trabajadores están en la calle y nosotros perdimos la posibilidad de tener otro proveedor de papel. Seguimos cautivos de Celulosa”.

¿Por qué el Estado no interviene para encontrar una solución? “Es interesante la pregunta, pero yo no tengo la respuesta”, contesta Halac desde Córdoba. “Las políticas de apoyo al sector han sido dirigidas a la compra de libros. Las editoriales ofrecen libros con un 50% de descuento. Un editor aplica a una compra del Estado en marzo y quizás tardan 12 meses en ejecutar un pago que se realizará en base a un precio fijado en marzo. Con la inflación es inverosímil pensar que esto tiene buenos resultados”, analiza la editora cordobesa. “Encontrar soluciones requiere en primera instancia asumir que existe un problema que se llama inflación y que es deber del Estado trabajar en relación a la fragilidad extrema que está sufriendo el sector cultural. El tema del papel en Argentina es histórico, el cupo de importaciones, los precios, la especulación, la suba en dólares. Es sumamente complejo y merece quizás otras leyes que nos ayuden a prevenir esta herida tremenda a la producción de libros. Una crisis que sostenida en el tiempo no hace otra cosa que hacernos perder la diversidad del sector en todos sus aspectos y dejar que sobreviva el más fuerte”.

viernes, 10 de febrero de 2023

Inflación, falta de papel: un cóctel peligroso

“Así definió la situación Martín Gremmelspacher (foto), presidente de la Cámara Argentina del Libro. Denuncia un oligopolio de las pasteras y la ausencia del Estado. ‘Lo que vivimos es Goliat contra David’, resume.” Tal es la repetida bajada de la nota publicada por Luciano Sáliche, en InfoBAE, el pasado 18 de enero.



“Aumentos, desabastecimiento y concentración en la industria del libro: ‘Si no conseguís papel no podés editar’”

Martín Gremmelspacher entra y sale de reunión en reunión. En uno de esos impasse que se forman en el medio, atiende el teléfono. La palabra que usa para describir la situación de la industria editorial es: incertidumbre. “Esta incertidumbre no es de ahora, viene de larga data”, dice del otro lado del teléfono el presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL). No es una palabra nueva, hace ya varios años, tantos, incontables, que el mercado argentino del libro trastabilla. Los motivos son varios pero el primero, el gran descalibrador, es la inflación. La semana pasada, el Indec informó que el registro de diciembre del Índice de Precios al Consumidor fue de 5,1%. Eso da como resultado una inflación interanual del 94,8%. Un récord que golpea de lleno al sector del libro.

 

Pero la inflación no es la única variable que explica el problema. La primera particularidad de esta industria es su insumo básico: el papel. “Hace quince meses que hay desabastecimiento del papel. Es una locura el aumento del costo, muy lejos de la inflación“, asegura Gremmelspacher. Horas antes de esta breve conversación, la CAL publicó un comunicado titulado: “Peligra la producción editorial para la próxima Feria del Libro”. Ahí denuncian aumentos de papel obra, ahuesado y ecológico en torno al 150% y de papel ilustración del 300%. Entonces señala uno de los puntos nodales: “Hay una transferencia de muchos a unos pocos”. Quienes dirigen el mercado del papel tienen nombre: “Celulosa y Ledesma y algunos distribuidores. Es un oligopolio”, asegura.

“El problema está en la concentración: siempre existió, pero también fue empeorando. En otro momento había otra fábrica que dejó de producir, o decidió cambiar a papel kraft, que es papel de embalaje. Las empresas actuales llegaron a la ecuación económica ideal: producen poco y caro”, dice con un dejo de ironía. Según la CAL, el costo del libro se divide así: edición (5%), diseño (6%), encuadernación (15%), impresión (20%) y papel (54%).

La Feria del Libro es el centro del año editorial: los sellos ordenan su calendario en torno a este megaevento literario que en 2022, su gran vuelta a la presencialidad, asistieron 1.324.500 personas. “La Feria es como un cuello de botella: todos nos ponemos trabajar sobre reimpresiones y novedades para esa fecha. La producción empieza a ponerse en marcha en marzo para llegar a mayo y abril, los meses en que se hace la Feria. Ahí está el problema: se empieza a demandar papel que no hay en el mercado”, dice Gremmelspacher –quien además es director del sello Bonum–, y continúa: “Lo que seguro va a suceder es que las editoriales, al menos las pymes que están representados en la CAL, se van a ver perjudicadas: si no conseguís papel no podés editar”.

 

Al poco tiempo de que se publicó el comunicado de la CAL, la Fundación El Libro –los organizadores de la Feria del Libro– publicaron el suyo. En una especie de respuesta, aseguran que ya está “reservada en más de un 95% la oferta de stands”. En cuanto al encarecimiento del papel, la Fundación sentenció que si bien “es un problema recurrente en la historia económica de nuestro país”, “no afectará la vitalidad y pujanza de la Feria 2023”. Ahora, en diálogo con Infobae Cultura, Gremmelspacher aclara que “la feria en sí no peligra, lo que peligra es el contenido: la oferta que podemos llevar. Lo que peligra es la bibliodiversidad. Si el editor puede editar menos y sacar menos títulos significa que peligra en ese sentido”.

 

Mientras la industria editorial gira, trastabilla siempre a punto de caer, la respuesta del Estado no llega. “Tenemos diálogo con la Secretaria de Comercio, digamos que son empáticos, pero el resultado es que no hacen nada. Y no es la primera vez que no hacen nada. Desde la CAL creemos que un camino es que el Estado intervenga. El otro camino, en caso de que siga ausente, es hacer la denuncia en Defensoría de la Competencia. Lo que vivimos es Goliat contra David”, concluye.