martes, 27 de febrero de 2018

Una traducción que desató una polémica

La historia que se refiere a continuación tiene varios pasos que necesitan cada uno de ellos su correspondiente aclaración.

Desde hace ya varios años los coreanos, a partir de su Instituto de Literatura, están invirtiendo verdaderas fortunas con el objeto de que sus libros circulen por el mundo traducidos a las más diversas lenguas. El objetivo es lograr que su cultura no sea adscripta a la de China o Japón, los dos vecinos gigantes, con los que la mayoría de la gente suele confundirlos.


Han Kang es una autora surcoreana que publicó una novela, editada en la Argentina por la editorial Bajo la luna, como La vegetariana 

Posteriormente, ese mismo libro fue traducido en Gran Bretaña por Deborah Smith, una especialista en  ficción coreana, quien, además, en 2015, había fundadoTilted Axis Press, una editorial sin fines de lucro, que se centra en la ficción contemporánea específicamente de Asia. Asimismo, su ensayo sobre la traducción de libros, Fidelity, será publicado en el Reino Unido por Peninsula Press.



Por su traducción, Smith recibió, junto a su autora (foto), el Premio Man Booker International en 2016. 

Acto seguido, se desató una curiosa polémica en Corea del Sur a propósito de la calidad de la traducción que, según los especialistas de ese país, difería notablemente del original. La polémica fue levantada por el diario británico The Guardian, en un artículo publicado por Claire Armistead (https://www.theguardian.com/books/booksblog/2018/jan/15/lost-in-mistranslation-english-take-on-korean-novel-has-critics-up-in-arms)

Acto seguido, Deborah Smith publicó el siguiente artículo en Los Angeles Review of Books, que se ofrece a continuación en traducción de Silvia Camerotto


De qué hablamos cuando hablamos de traducción

En los últimos años, la traducción literaria ha tenido su auge en los Estados Unidos y, en especial, en el Reino Unido, y este nuevo estado de las cosas se renovó gracia sal Premio Internacional Man Broker que dio igual reconocimiento tanto al autor y como al traductor. Cuando premiaron a La vegetariana, de Han Kang, la traducción literaria también se convirtió en el centro de atención en Corea del Sur. Por supuesto, no hay consenso, y algunos críticos surcoreanos se quejaron de esta tendencia a tratar los premios extranjeros como una especie de referéndum sobre la calidad de la literatura coreana en su conjunto.

Pero hay dos cuestiones en juego ante la llegada de La vegetariana a nuestro país y al extranjero: la política cultural de los premios, y la naturaleza y el estado de la traducción. La creciente atención y aprecio que recibieron la traducción y el traductor socavó el mito del acceso al original sin mediación, una fantasía en la que tanto los lectores de una traducción como los del original tienen que ver. Lisa y llanamente, la gente piensa que han leído Guerra y Paz, y no una traducción inglesa de “Guerra y Paz, y que esa cosa que aman, -ya sea un libro particular o una cultura- es en realidad aquello realmente aclamado. Todas estas ansiedades surgen de que la traducción es un arte profundamente extraño y a menudo, contradictorio. También, quizás, el único arte que puede no ser solo malo, sino incorrecto, y siempre tendrá fallas.

Decir que mi traducción de La vegetariana es un “libro completamente diferente” del original coreano es, por supuesto, en un sentido, en todo correcto. Ya que no existe una traducción en verdad literal –no coinciden las gramáticas, el vocabulario difiere, incluso la puntuación tiene otro valor- no existe una traducción que no sea “creativa”. Y mientras muchos de nosotros, traductores, nos creemos “fieles”, las definiciones de fidelidad difieren. Porque las lenguas funcionan de modo diferente, mucho en la traducción es una cuestión de lograr un efecto similar por medios diferentes; no solo la diferencia, el cambio y la interpretación son normales, sino que son, además, parte integral de la fidelidad.

Creer que La vegetariana fue mejorado por la traducción porque el original no tuvo el mismo nivel de éxito implica un cierto nivel de pensamiento selectivo. Al fin y al cabo, su parte central obtuvo el Premio Literario Yi Sang, el premio más prestigioso de Corea del Sur. Más que nada, en realidad, no existe éxito comparable al otorgado por Man Brooker; el establishement literario coreano valora más los premios literarios internacionales antes que los nacionales. Según el resto de los estándares, Chaesikjuuija (el título coreano de La vegetariana) fue un éxito, con 20.000 copias vendidas (y en su 14º reimpresión) cuando se publicó mi traducción al inglés, siete años después que el original coreano. En ese momento, se publicaron traducciones en China, Argentina, Polonia y Vietnam, algo inusual para un libro coreano. Una vez más, el imperialismo cultural implica que ninguna de esas traducciones no inglesas, por bien recibidas que sean, podrían catapultar el libro al éxito internacional. Lo más significativo para mí fue que cada una de ellas surgió, así como mi versión inglesa, de un amor tan grande de un traductor por un libro como para querer dedicarle su tiempo.

Algo más sucedió en el transcurso de esos siete años: Corea del Sur criminalizó la violación marital. Entonces no es tan difícil entender por qué un libro que expone esta violencia estructural pudo haber sido recibido de otro modo por el establishment literario (mayormente masculino) antes que por muchas mujeres coreanas que no lo consideraron ‘extremista y estrafalario’ de ningún modo. Quizás el enfoque abrumador sobre la estética del La vegetariana es una manera de evitar hablar sobre su política.

Han Kang ha sido elogiada altamente por cosas que no tienen nada que ver con el traductor, como las ‘potentes imágenes’ (The Guardian),’(brillante) estructura tripartita’ y ‘climax demoledor, fantasmagórico, aunque emocionalmente verdadero’ (Publishers Weekly). La estructura, el argumento, temas, caracterización, etcétera, son todos obra de la autora. Los traductores, en su mayoría, se ocupan de la lengua: estilo, tono, ritmo. Y los lectores coreanos de Han Kang siempre han destacado su estilo ‘poético’. Una nota del 2011 la presenta como aquella que obtuvo notoriedad ‘por su lirismo y estructura detallada’; un artículo del 2017 del Kyunghyang Shinmun sostiene que la ficción en Han ‘parece poesía’, lo que es apropiado para la prosa de alguien que es poeta édito, y menciona también su ‘estilo delicado y sensual’. Es cierto que este lirismo es menos marcado en La vegetariana que en Actos humanos y especialmente en su último trabajo, El libro blanco, que es casi una serie de poemas en prosa, pero aun está allí –un sutil estilo poético que es sobrio y discreto. Por cierto, no era mi intención producir un estilo pretencioso y florido en inglés (aunque las novelas tienden a no ser monocordes, tienen momentos de mayor o menor intensidad), y tampoco creo que ocurriera inconscientemente. Lectores y críticos describieron el estilo de la traducción como ‘sutil’ (Independent), ‘preciso y discreto’ (Irish Times), y ‘discreto hasta la médula’ (New Statesman). Ellos se refieren a su poesía también, sin implicar que estos pudieran ser mutuamente excluyentes- el autor Deborah Levy lo llamó ‘poético pero realista’.

Aun así, algunos creen que mi traducción ‘sobre poetizó’ un original que era sobrio y discreto antes que poético. Como traductores, somos por lo general nuestros críticos más duros; creo que hay mucho qué criticar en mi traducción. Lo que me preocupa es cuando el deseo de demostrar una idea en particular sobre una traducción alienta a una visión engañosa sobre el original –en este caso, pasando por alto la poesía que yo y muchos otros ven en la escritura de Han. El estilo literario no es tan solo una marca de identidad, como una huella digital –también tiene una función y un sentido. La función es la parte más sencilla:la prosa fría y discreta de La vegetariana sirve para contrarrestar la violencia febril, para evitar que parezca sensacionalista y excesiva, un recordatorio de los horrores más oscuros de la vida cotidiana. El sentido es más complejo porque dependerá del contexto: ¿qué estilos usan los contemporáneos del autor? ¿Cuál es la corriente dominante? ¿Qué es lo que se elogia: ser etiquetado como ‘moderno’, ‘original’, ‘experimental’, o incluso, solo ‘literario’? Traducir del coreano al inglés implica pasar de una lengua más adaptable a la ambigüedad, la repetición y la prosa simple, a otra que favorece la precisión, la concisión y el lirismo.

Esto es una generalización grosera y un fenómeno observable al mismo tiempo. Porque el estilo individual de cada autor se distingue por el grado en que diverge de este término medio, y porque el sentido del estilo es, por lo tanto, inseparable del lenguaje, y su traducción parece imposible. Lo que podemos hacer, al menos, es reconocer que el ‘polo’ de lo que se registra como, por ejemplo, repetición o prosa poética se establece en diferentes puntos en las lenguas de origen y de destino –y también que si las convenciones de la lengua de origen se transfieren tal como están, es probable que se confundan con la idiosincrasia del autor, o peor aun, con una mala escritura. La calidad es otra cosa a la que los traductores pueden elegir ser fiel; muchos creen que deberíamos, cuando sea posible, resistir la domesticación, y Kitchen Table Translation, editado por Madhu Kaza, es una lectura obligada sobre la política generativa de la ‘traducción errática y desobediente’.

Con La vegetariana tomé conciencia de que si me alejaba demasiado de las convenciones literarias de la lengua inglesa disminuiría y me desviaría de la fuerza de la escritura como un todo, que tiene un considerable poder disruptivo en sí misma.

La razón de ser de cada traducción es el lector que no podría acceder al original de otro modo. Y Daniel Hahn, nominado para el MBI 2016 y jurado en 2017, así lo explica, los jurados ‘no comparan el original y la traducción y evalúan el proceso (las decisiones, las ingenuidades, los deslices…) de pasar de una lengua a otra’, sino que tratan de evaluar el trabajo terminado en inglés en sus propios términos’. Esta es un modo de evaluar la calidad de la traducción; no es el único. La traducción literaria puede tanto resistir como perpetuar el imperialismo cultural; como traductores es necesario ser conscientes de nuestros propios perjuicios, y de la pluralidad de enfoques propugnados por aquellos cuyos perjuicios y objetivos son distintos a los nuestros.

Ganar un premio no hace de mi enfoque sobre la traducción el mejor o el único, y también hay una política, en el sentido de que habrá sido moldeada en gran parte por vivir y trabajar en el Reino Unido, donde el ansiado éxito (para algunos) es terminante.

En parte porque la evaluación de traducciones literarias en Corea del Sur implica, por lo general, una comparación; algunos no comprendieron por qué esos ‘errores’ que Hahn menciona no invalidaron mi traducción para el elogio y los premios. Todos los traductores se preocupan en profundidad por la precisión; todos los traductores cometen errores, porque somos humanos. Como principiante, ser bombardeada con artículos y correos con listas de errores me dejó preocupada. ¿Era real que había traicionado la obra de Han Kang por negligencia o arrogancia? No conscientemente, porque la amo hasta la reverencia y creo que su obra es objetivamente genial, ¿o fuepor atreverme a traducirla de un idioma que aun no dominaba? Han pasado cuatro años desde que traduje La vegetariana, siete desde que comencé a estudiar coreano, y comprendo ahora lo que entonces no sabía: que aprender un idioma no es el camino hacia el ‘dominio’, y que nada te enseña a traducir como el hacerlo. Estoy feliz de haber presentado la obra de una escritora brillante a una audiencia internacional, de una manera lo suficientemente fiel para una recepción cualitativa, si no cuantitativa a su vez. Algunas personas me dicen que debo estar orgullosa, pero para ser honesta estoy feliz de sentirme conflictuada: esta actitud es más útil para aquellos en posición de privilegio, alentándonos a actuar con responsabilidad y generosidad hacia los textos, autores, y otros traductores.

Sin embargo, si al menos me hubiera me hubiera acercado a esa perfección imposible, ¿habría obligado a los críticos a involucrase más con el libro en sí? ¿Lo harían ahora que Han y yo hemos tenido tiempo de corregir el texto para futuras publicaciones? Tal vez sí, tal vez no, dado que mucho de lo que fue catalogado como ‘error’ no era otra cosa que una diferencia. Han misma se ha tomado el tiempo para explicar que los traductores consultan tanto a sus editores como al mismo autor, y que ella leyó mi traducción y la amó sobre todo por capturar el tono de su propia escritura, pero eso no impidió que algunas personas hablen sobre ella.

Las traducciones deben ser criticadas, absolutamente; con interés, el compromiso crítico forma parte de una cultura de la traducción floreciente. Pero sin tener en cuenta cómo las normas de traducción varían entre países y contextos, y cómo esto puede afectar el enfoque individual, es difícil avanzar sobre la diferencia en lugar de solo remarcarla.  A esta altura, lo que un determinado crítico declara como admisible no nos dice mucho más allá de las preferencias personales. Además, es difícil, y con certeza, engañoso, evaluar el efecto retraduciendo al idioma original, o comparando con una traducción literal imaginaria; al fin y al cabo, ambos métodos alternativos implican tanta subjetividad como una traducción considerada liebre o creativa.

Espero que todos sigamos hablando de la traducción, porque siempre hay algo más para decir, especialmente lo placentero que es, y porque necesitamos enfocarnos si queremos hacer que esté a la altura de su potencial, para romper las hegemonías, trabajar sobre la diferencia sin borrarla, y desafiar el mito del genio solitario –para dar lugar a nuevos encuentros a voces y perspectivas que de otro modo podrían ser silenciados o vituperadas, y obras de arte, sin las que nuestras vidas se verían disminuidas.

Como traductores, debemos aprovechar estos logros, que tienen un impacto directo en nuestra habilidad para exigir un salario digno, en lugar de ser intimidados. Es esta combinación de salarios bajos justificados por el abandono de la creatividad y la insistencia en la ‘humildad’ que significa que, con frecuencia, se hable de la traducción como una profesión feminizada. La humildad no es igual a auto-modestia; no es arrogancia estar orgullosos de nuestro trabajo.

No existe mejor manera de traducir, pero hay algunas propuestas con respecto a la traducción que, si son aceptadas en términos generales, pueden lograr charlas más constructivas: el cambio no es traición; los editores existen, por lo general con opiniones arraigadas; elogiar una traducción no es devaluar el original. En conclusión, ninguna traducción es definitiva. Es solo un modo de ‘Fracasar otra vez. Fracasar mejor.’ Creo que fracasé bien.




No hay comentarios:

Publicar un comentario