lunes, 7 de junio de 2010

Mona Baker, visitante ilustre


Mona Baker es catedrática de Estudios de la Traducción y directora del Centro de Traducción y Estudios Interculturales del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Manchester (UMIST). En esta última institución, obtuvo también su DSc (Higher Doctorate), tras haber completado un BA en Inglés y Literatura comparada en la Universidad Americana de El Cairo y un MA en Lingüística aplicada por la Universidad de Birmingham.

Es una de las principales autoridades del momento en estudios de la traducción y ha fundado instrumentos de divulgación muy importantes para esta disciplina académica, como la editorial St. Jerome Publishing y la revista internacional The Translator. Es, asimismo, Vicepresidenta de la Asociación Internacional de Traducción y Estudios Interculturales.

Como investigadora, se interesa principalmente por la traducción y el conflicto, el papel de la ética en la investigación y la docencia de la traducción, la aplicación de la teoría narrativa a la traducción e interpretación, las comunidades activistas y la traducción, y los estudios traductológicos basados en corpus. Cuenta con una amplia lista de publicaciones en estas áreas.

Además, se ha destacado como editora de grandes obras recopilatorias o de consulta, entre ellas los cuatro volúmenes de Critical Concepts: Translation Studies (Londres y Nueva York: Routledge, 2009), Critical Readings in Translation Studies (Londres y Nueva York: Routledge, 2009) o, junto con Gabriela Saldanha, Routledge Encyclopedia of Translation Studies (Londres y Nueva York, Routledge, 2008). En el ámbito de la formación de traductores, ha publicado la obra pionera In Other Words: A Coursebook on Translation, que, desde su aparición en 1992 de la mano de Routledge, ha sido reeditada en numerosas ocasiones. Se espera una nueva reedición, en versión revisada y aumentada, en el 2010.

domingo, 6 de junio de 2010

Otra de becas suizas

Segundo Taller de Traductores argentino-alemán en la Casa de Traductores Looren (Suiza)
28 de septiembre al 5 de octubre de 2010

Con el apoyo de Deutscher Übersetzerfonds, Schweizer Kulturstiftung Pro Helvetia, Goethe-Institut (Litrix), AVINA STIFTUNG, Fundación TyPA

Queda abierta la convocatoria para traductores literarios de la Argentina, Uruguay y países de habla alemana que deseen participar del Segundo Taller de Traductores argentino-alemán. El taller contará con seis vacantes para traductores del alemán al español y otras seis para traductores del español al alemán. Los textos presentados por los doce participantes serán discutidos grupalmente a lo largo de seis jornadas de trabajo, durante las cuales se desarrollarán, además, dos actividades especiales: una charla con un editor y un diálogo entre un autor y su traductor.

Cada uno de los participantes recibirá con anterioridad las traducciones presentadas por los otros traductores, y deberá analizarlas desde una perspectiva crítica. Se espera que la semana de intercambio intensivo favorezca el surgimiento de vínculos estables entre los traductores literarios del Río de la Plata y los de países de habla alemana.

En el marco de la participación de la Argentina como invitado de honor de la Feria del Libro de Frankfurt (del 6 al 10 de octubre de 2010), al finalizar las actividades del taller los traductores podrán optar por un viaje colectivo a Frankfurt el 6 de octubre para visitar la feria, en cuyo Centro Internacional tenemos planeado presentar nuestro trabajo de taller.

Organización: Gabriela Adamo, Svenja Becker, Carla Imbrogno, Silke Kleemann

Coordinación del taller: Silke Kleemann (Múnich) y Nicolás Gelormini (Buenos Aires)

Postulantes: Traductoras y traductores de narrativa, ensayo, teatro y poesía con experiencia de publicación. Entre los postulantes alemanes se dará prioridad a proyectos de autores argentinos.

Costo: La participación y el alojamiento son gratuitos. Gracias a los financiamientos podemos reembolsar costos de viaje (hasta 1000 euros para participantes procedentes de la Argentina).

Llegada: martes 28 de septiembre de 2010, por la tarde. Partida: martes 5 de octubre de 2010, al mediodía.

Viaje opcional a Frankfurt hasta el 7 de octubre de 2010.

Fecha límite para postularse: 1 de julio de 2010. La solicitud será válida sólo si se presenta todo el material requerido. El texto debe ser un fragmento de una traducción en proceso o, al menos, aún no publicada. La selección de los participantes se dará a conocer el 20 de julio de 2010.

Documentación:
1. Biografía breve que incluya lista de traducciones/publicaciones (máximo 1 página)
2. Aproximadamente 5 páginas de la traducción que será discutida en el taller (interlineado doble, márgenes anchos para anotaciones, numeración de líneas)
3. Páginas del original correspondiente (de ser posible, también con numeración de líneas)
4. Breve presentación de la obra y del autor (máximo 1 página)

Por favor, consignar el nombre del postulante en toda la documentación y enviarla a la dirección correspondiente de las consignadas abajo. En el caso de los envíos postales, adjuntar dos juegos. Para envíos por correo electrónico, escaneado del original en formato pdf. Los postulantes de habla española podrán realizar su solicitud únicamente por correo electrónico.

Los postulantes seleccionados deberán asistir a la totalidad del taller. La visita a la Feria de Frankfurt es opcional. Indicar en la solicitud si se desea participar del viaje.

Enviar postulación a:

1) Postulantes de habla alemana:
Silke Kleemann
Fäustlestrasse 12
D-80339 München
E-Mail: sk@drachenbauch.de

2) Postulantes de Argentina y Uruguay:
Nicolás Gelormini
E-Mail: ngelormini@hotmail.com
Información sobre la Casa de Traductores Looren:
Gabriela Stöckli, directora
CH-8342 Wernetshausen
E-Mail: info@looren.net
 Web: http://www.looren.net/

sábado, 5 de junio de 2010

Conclusiones de la encuesta de editores

Segunda parte de las conclusiones sacadas por Andrés Ehrenhaus –a quien mucho agradecemos– a propósito de la encuesta para editores realizada por el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires durante el mes de mayo pasado.

¿Seré breve?
A modo de evaluación de la encuesta a editores 

2 El análisis ppd
Sólo un par de comentarios antes de pasar al análisis pormenorizado (es un modo de decir) de las respuestas.

Apenas se habla del papel del distribuidor en la cadena de comercialización y facturación del libro; de hecho, es un aspecto que ni siquiera suele surgir cuando editores y traductores nos tiramos los trastos a la cabeza al discutir las tarifas de traducción y su incidencia en el precio final de venta de cada obra en concreto. Su habla incluso del margen del librero, pero prácticamente nunca del distribuidor. Vaya, por tanto, algún dato interesente al respecto. Según un estudio de la FANDE, Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones de España (1), de los 3.185 millones de euros que produjo la facturación de libros en el mercado interno español en 2008, 1.819 millones, es decir, el 57%, cayeron del lado de los distribuidores que, entre pequeños, medianos, grandes y mixtos (o sea, participados por editoriales), no suman más de 120 empresas activas. Son cifras de facturación, no de beneficios, pero no por ello menos significativas.

Entre los espectros que hoy recorren toda Europa y buena parte del mundo está el de la crisis. Resulta curioso que los editores españoles no aludan directamente a ella, aunque quizá no tanto si se tiene en cuenta que el sector del libro suele vivir en crisis permanente y que los datos relativos a la producción y edición de novedades del primer trimestre de 2010 son similares a los de 2009 y 2008 o incluso ligeramente mejores. Ello no obsta para que muchos traductores hayan empezado a notar su efecto, aunque más no sea de rebote. No es nada descartable que esta coyuntura, sumada al atropellado y, por ahora, torpe desarrollo del libro digital y de la edición a la carta, ejerza un efecto regulador del mercado ante el que deberemos mantenernos vigilantes.

Dicho lo cual, pasemos a los bifes. Si bien las dos primeras preguntas de la encuesta a editores aluden a aspectos laborales de la relación con los traductores y la tercera, a un tema lingüístico relacionado con la linea editorial, lo primero que salta a la vista en una lectura general de las respuestas es la mención del mercado en muchas de ellas, cosa que, lejos de sorprender, nos ayuda a situarlas en su marco real. Lamento abrumar al respetable público con estudios e informes, pero hay todavía uno más, el del Espacio Iberoamericano del Libro (2), que, a pesar de estar necesitado de una urgente actualización (los datos llegan a 2005), ofrece comparativas muy interesantes de los países latinoamericanos entre sí y de éstos con España. Por ejemplo, da cuenta de las políticas estatales o no de ayudas y subvenciones, tan determinantes para la supervivencia de la edición en algunos países y para la pervivencia de numerosas lenguas indígenas.

Así, pues, dos terceras partes de los encuestados aluden de manera directa al mercado para explicar sus políticas tarifarias o su enfoque lingüístico. Esto contrasta a su vez, y todavía en términos generales, con la visión que algunos editores tienen del traductor, al que prefieren ver como un ente ajeno al mercado y, en todo caso, más ligado a la vocación. Esto se percibe con relativa claridad en el uso de la palabra profesional que hacen los distintos encuestados. En un caso (Julieta Obedman), se identifica al profesional con el titulado, aunque no como característica necesariamenete positiva o deseada; en otros (Guido Indij, Mariana Rey, Jonio González, Pablo Harari), no se especifican los rasgos que distinguen al profesional aparte de su trayectoria o antecedentes; otros más (Luis Solano, Francesc Farràs González, Anna Prieto) hilan algo más fino y se decantan por la profesionalidad del traductor (compromiso, responsabilidad, fiabilidad, seriedad, experiencia); hay quienes (Leonora Djament, JG, GI, Jesús García Sánchez, AP. Paulo Slachevsky) valoran la especialización o, en todo caso, cierta afinidad del traductor con la obra o el autor; finalmente, y en especial para los editores de poesía, si bien no son los únicos (JO, Manuel Borrás, JGS, Víctor Manuel Mendiola), prima la experiencia autoral, las dotes como poetas o escritores de los traductores contratados.

De la encuesta se desprende que la manera más habitual de establecer contacto con un traductor es a través de la recomendación, tanto de colegas editores como de traductores o colaboradores habituales, y del conocimiento de la experiencia previa, aunque son varios los editores, sobre todo entre los –digámoslo así– menos “industriales”, que esperan recibir propuestas de traducción (PS, PH, José María Espinasa, LD); en un caso (VMM), el editor publica sólo lo que le ofrecen, ya que “las traducciones por encargo suelen fallar, incluso en los casos de traductores muy avezados”. En cambio, los más “industriales” y, entre ellos, todos los españoles, prefieren la vía del encargo, rasgo quizá sintomático de las pautas laborales que rigen en los distintos mercados. De un modo u otro, la mayoría pide una prueba de traducción o un fragmento del trabajo propuesto antes de cerrar el trato con un traductor nuevo.

Las respuestas a la segunda pregunta (en especial, a la segunda parte de la pregunta) muestran una coincidencia –con excepciones– apabullante: 17 de los 21 encuestados reconocen, con mayor o menor grado de convencimiento o contundencia, que la remuneración de la traducción no es justa, equitativa o suficiente. Los cuatro restantes dejan entrever la dificultad que existe para establecer una tarifa aceptable o afirman (María Fernanda Pampín, FFG) que su tarifa es justa. Tanto unos como otros apelan, como ya hemos señalado, al mercado (la oferta y la demanda, la realidad laboral) como causa y efecto de esta situación, que muchos de los editores latinoamericanos afirman tratar de paliar mediante ayudas, subvenciones o subsidios estatales. El motivo específico más mencionado de la precariedad de la remuneración es la necesaria viabilidad del precio de venta del libro; hay quienes (PH, PS) indican incluso que hay autores peor pagados aun que los traductores, que la remuneración es baja para todos los sectores implicados en la producción de libros (Leopoldo Kulesz, LD), o que ningún trabajador [argentino, en este caso] percibe una remuneración justa (Daniel Divinsky). A tenor de las respuestas, y a pesar de la socorrida mención del mercado, no existe una referencia tarifaria clara y estable, ni siquiera en cada uno de los mercados internos.

De los 7 editores españoles, la industria que en principio ofrece (en términos relativos además de absolutos) las tarifas más elevadas, 6 admiten que éstas son precarias. Algunos editores aseguran supeditar la tarifa a la dificultad de la obra (DD, JO, MR, LD, AP, Pablo Larraguibel) o al grado de espacialización (GI, JG –si bien este último se muestra crítico con los criterios de cuantificación de la especificidad o dificultad de obras o géneros) de la obra original; un encuestado (LK) manifiesta pagar un 10% más de lo que ofrece el mercado local. Sólo 2 editores, ambos latinoamericanos (MB, PS), mencionan el insoslayable tema de los royalties, derechos de autor o regalías. El hecho de que ningún editor español lo haga reside, queremos creer, en que se trata de un tema zanjado por la Ley de Propiedad Intelectual española (3), que declara nulo todo contrato no escrito o que no mencione explícitamente la remuneración, el número y extensión de las ediciones y el porcentaje de regalías en caso de que la edición de la traducción no sea única, es decir, sólo la primera; la LPI se ampara, a tal efecto, en el principio de autoría de las traducciones y en el de la remuneración proporcional y equitativa, aunque, por desgracia, no cuantifica la proporcionalidad y equidad exigidas. En cualquier caso, empieza a ser práctica habitual en el sector editorial español la liquidación de derechos de autor y el pago de la tarifa como anticipo a cuenta de esos derechos.

Llegamos por fin (no lo digo sólo por ustedes, sino por mí también: aquí son las 3 de la mañana) a la última pregunta de la encuesta. Aquí se decanta la cosa en dos grupos bastante netos, aunque con matices y variantes intermedias, casi siempre definidas por el mercado o área de incidencia de cada editorial. Hay un grupo que tiende a preferir una lengua de la traducción neutra o, al menos, libre de localismos (GI, MR, LK, LD, Silvia Sesé, FFG, AP, PL, PS), en tanto que otro rechaza tajantemente la hibridación de la lengua de la traducción (JO, Miguel Balaguer, MBo, JGS, JME, PH) y propone en cambio la búsqueda y defensa de un castellano vivo. En medio, hay editores (DD, MFP, JG,Gustavo García) que se muestran más pragmáticos y supeditan el carácter de la lengua a las expectativas de distribución y venta de cada libro. Este grupo intermedio se muestra en general escéptico respecto de la posiblidad de alcanzar o fijar un castellano neutro (intento que, como señala JG, siempre “se ha mostrado tan ineficaz como utópico”), incluso a pesar de su pragmatismo. Como se ve, entre los que se esfuerzan por “eliminar los argentinismos” (GI) o evitar que un texto suene muy “mericano” o muy “gallego” (PL), los pasan de puntillas sobre la cuestión (MFP, FFG, VMM) y los que no conciben más lengua de la traducción que la que se habla “allí” (sea la de Argentina, España, Uruguay o Venezuela, suponiendo que “allí” se hablase y escribiese en una sola lengua) se abre un enorme abanico de opiniones, planteamientos, interpretaciones y visiones de la lengua y del papel de la traducción –y de la edición– en el desarrollo, la construcción y la evolución de esa lengua. Aunque en algunos aportes (JO, MB, JG, Mbo) se percibe una preocupación más honda y razonada, este es un aspecto de la traducción que a ninguno de los encuestados deja indiferente.

Ya sólo resta agradecer al Club, a los 21 respondones y a los lectores del blog su paciencia, amabilidad e indulgencia para con este mal aprendiz de sociólogo.

Aclaraciones
(1) http://www.fande.es/Ficheros/XIV_Estudio_Perfil.pdf
 
(2) http://www.ediciona.com/documents/recursos/espacio_iberoamericano_del_libro.pdf
 
(3) http://www.mcu.es/legislacionconvenio/downloadFile.do?docFile=/HTTPD/deploy/pedpas/datos/LegislacionConvenio/legislacion/rd%20legislativo%201-1996.pd,
artículos 60 y 61.

viernes, 4 de junio de 2010

Conclusiones de la encuesta de editores: algunas consideraciones previas

Entre el 19 y el 26 de mayo del presente año, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires realizó una encuesta entre 21 editores de lengua castellana procedentes de la Argentina, Colombia, Chile, España, México, Venezuela y Uruguay, preguntándoles por sus puntos de vista a la hora contratar y retribuir a los traductores, poniendo también el acento en el tipo de castellano al que se traduce.

Concluida la encuesta, es la hora de sacar alguna conclusión. La responsabilidad recayó en la ocasión en el escritor y traductor Andrés Ehrenhaus, hasta hace pocos días, vicepresidente de ACEtt, una de las más activas organizaciones de traductores de España.

Dada su mucha experiencia en estas lides, Andrés consideró oportuno ofrecer sus conclusiones luego de suministrar una serie de datos que permitirán entender el marco en el cual, al menos en los casos de la Argentina y España, se desarrolla la labor del traductor. Mañana, entonces, las conclusiones propiamente dichas.

¿Seré breve?
A modo de evaluación de la encuesta a editores

(1) Algunas consideraciones previas:
Antes de pasar al vaciado y análisis de las respuestas, he creído oportuno situar la muestra en un panorama más amplio y concreto, de manera que se entienda mejor qué grado de significación pueden tener la encuesta y las distintas respuestas en un medio tan complejo y heterodoxo como el de la edición de libros en lengua española.

En primer lugar, conviene resaltar algo que ya se dijo anteriormente, y ponerlo en términos algo más absolutos: las 21 respuestas obtenidas corresponden aproximadamente a una tercera parte de las solicitadas. De estas 21, 8 corresponden a editores españoles, 7 a argentinos, 2 a mexicanos, y siguen 1 chileno, 1 colombiano, 1 uruguayo y 1 venezolano. Habida cuenta del enorme universo de editores de libros (en las tres variedades que nos interesan particularmente: narrativa, poesía y ensayo) en lengua española, la muestra obtenida no puede considerarse todo lo representativa y extrapolable que nos gustaría, aunque tampoco fue ésa la voluntad con la que se realizó. De todos modos, algunos datos estadísticos oficiales nos permitirán hacernos una composición de lugar más o menos clara del terreno en el que nos movemos y se mueven, a su vez, las respuestas.

En España, por ejemplo, donde unas casi 26.000 editoriales (entre grandes, medianas y pequeñas; pero ojo: un 4% es responsable del 35% de la producción privada) han publicado 85.871 nuevas ediciones en 2009 (1) , en torno a un 33% de esa producción corresponde a títulos de narrativa y ensayo y, de éstos, algo más de la tercera parte son traducciones. Estamos hablando, pues, de un volumen aproximado de 10.000 novedades traducidas al año. El informe anual de la Federación de gremios de editores de España (2) sitúa en 367.460.000 los ejemplares editados y en 3.185 millones de euros las ventas en el mercado interior, con una tirada media por título de 5.000 ejemplares.

En Argentina, en cambio, los datos son muy otros. No he conseguido averiguar fehacientemente cuál es el número de editoriales en activo pero sí cuántos nuevos títulos se publicaron en 2009: 20.308, con una producción de 75 millones de ejemplares (3) (como dato curioso: de esos 75, casi 14 millones se agrupan bajo el epígrafe de Espiritualidad, al que le sigue de lejos el de Libros para Niños, con 6 millones de ejemplares publicados, cifras que contrastan con el núnero de novedades, donde Narrativa Argentina se lleva la palma con 1.800 títulos nuevos, seguido de Poesía Argentina, con 1.200). Ahora bien, aunque la publicación de novedades literarias y de ciencias sociales o humanas constituye el porcentaje más elevado, en Argentina apenas un 2% de la producción editorial corresponde a obras traducidas. Esto es, de los 15.000 nuevos títulos publicados en 2009, aproximadamente sólo 300 fueron traducciones.

Es asimismo interesante contrastar los datos relativos al comercio exterior del libro a uno y otro lados del así llamado charco. España exportó en 2008 libros por valor de 334 millones de euros, con un precio medio de 5,64 € por libro. Aproximadamente el 20% fue a parar a México, un 9% a Argentina, un 6% a Venezuela, un 4% a Colombia y otro 4% a Chile, y un 1% a Uruguay, por citar a los países latinoamericanos con representación en la encuesta a editores. A la vez, importó “libros extranjeros” (en contraposición a “encargos de imprenta-coediciones”) por valor de 65 millones de euros, 35 de los cuales corresponden a obras literarias y de ciencias sociales. El precio medio por ejemplar importado fue de 3,69€.

En lo que hace a Argentina, el informe preliminar de la Cámara Argentina de Publicaciones sobrel sector editorial en 2008 arroja las siguientes cifras respecto de la balanza comercial de libros con España: mientras que las exportaciones rondaron los 3 millones de dólares (no especifica la relación entre divisas), la importación de libros españoles se situó en torno a los 52 millones de dólares (una cifra cercana a los 31 millones de euros que citan tanto la Panorámica de la Edición en España como el informe de comercio exterior de la FGEE). En términos relativos, España es con mucho el principal proveedor de libros extranjeros. Asimismo, Argentina exporta muchos más libros a México, Chile o Uruguay que a España.

De este baile infernal de cifras pueden sacarse varias conclusiones, una de las cuales es sin duda la enorme distancia cuantitativa que separa a las industrias editoriales de ambos lados del charco, distancia que se vuelve cualitativa cuando se la contrapone al comportamiento y las costumbres del sector en temas laborales, contractuales, ideológicos incluso, es decir, cuando nos sumergimos en el proceloso mar de las relaciones particulares entre editores y traductores. Precisamente allí donde chapotearemos en la segunda parte de deste intento de análisis y evaluación de la encuesta.

Aclaraciones
(1) Datos obtenidos de la Panorámica de la Edición en España, publicada por el Observatorio del Libro y la Lectura del ministerio de Cultura: http://www.mcu.es/libro/MC/PEE/index.html
 
(2) http://www.federacioneditores.org/SectorEdit/DatosEstadisticos.asp

(3) Datos obtenidos de las Estadísticas del libro 2009, publicados por la Cámara Argentina del Libro: http://www.editores.org.ar/estadisticas.html

jueves, 3 de junio de 2010

Para historiadores de la traducción


La revista 1611 abre el plazo para la presentación de artículos para el cuarto número correspondiente al año 2010.

La revista 1611 es la única publicación en el mundo hispánico dedicada a la historia de la traducción de España y de América. Su objetivo es ofrecer reflexiones y documentos sobre las diferentes tradiciones que componen un espacio multicultural fruto de una historia discrepante y común.

El plazo para la presentación de artículos estará abierto hasta el día 15 de septiembre del 2010.
Tras su recepción, los artículos serán revisados por al menos uno o dos miembros del Comité Científico y uno o dos miembros del Consejo Editorial. Esta revisión puede significar la aceptación del artículo, la petición de realizar modificaciones o la no aceptación.

NORMAS DE PUBLICACIÓN
Los originales se enviarán en formato digital para su consideración por parte del comité evaluador a cualquiera de las siguientes direcciones electrónicas: anamaria.gargatagli@uab.es o gabriel.lopez@uab.es. Los artículos deben ir acompañados de un resumen de unas 150 palabras en inglés, así como de tres o cuatro palabras clave en la misma lengua.

Los textos se presentarán en un archivo Word, con letra Verdana 10 e interlineado sencillo. Los párrafos deben separarse por línea blanca y no se sangrarán. En caso de utilizarse rayas y comillas, deberán ser guiones largos (alt-0151: —) y comillas angulares (alt-174 y alt-175: «»). Las notas, reducidas al mínimo, se añadirán manualmente (sin utilizar la función de Word) al final del documento, con la llamada de nota entre paréntesis y en negrita. Los libros se citarán siguiendo el siguiente orden: autor, título (en cursiva), lugar, editor, año y página(s) (p. o pp.), todo ello separado por comas. En los artículos, el orden de cita será el siguiente: autor, título (entre comillas), publicación (en cursiva, seguido opcionalmente del lugar, entre paréntesis), número (seguido del año, entre paréntesis), página(s) (sin mención de p. o pp.). Sólo cuando el orden alfabético sea pertinente en la cita de una referencia bibliográfica (por ejemplo, en una bibliografía, pero no en las notas al pie), el nombre del autor se presentará con inversion de nombre y apellidos. En este caso, además, el apellido del autor se escribirá en mayúsculas, De ser necesarias fuentes tipográficas especiales, se adjuntará al artículo un juego de dominio público.

Para quien no conozca la publicación y desee hacerlo, puede consultarla en http://www.traduccionliteraria.org/1611/conv2010.htm

miércoles, 2 de junio de 2010

Como un elefante sobre las cuerdas del pentagrama

Carla Imbrogno (Buenos Aires, 1978) se desempeña como traductora, editora y periodista cultural. Se formó en las universidades de Buenos Aires y Friburgo. Especializada en traducción de nueva dramaturgia alemana, ha traducido entre otros a Elfriede Jelinek, René Pollesch y Armin Petras. Además, prosa de Jeremias Gotthelf, Franz Rosenzweig, Georg Simmel, Witold Gombrowicz, Mauricio Kagel y Alexander Kluge. En la actualidad colabora para diversos medios gráficos de Argentina y Alemania, y para la editorial Caja Negra. Es encargada de Relaciones Institucionales en el Instituto Goethe de Buenos Aires. El presente artículo fue previamente publicado en el número especial de la revista Humboldt, dedicado a la traducción. (http://www.goethe.de/wis/bib/prj/hmb/the/kul/esindex.htm)

El traductor inmediato
A propósito de la traducción de obras dramáticas

Si pensamos la traducción según los géneros literarios, más que ningún otro tipo, la del texto dramático (el escrito para ser representado) concierne a un mundo posible. Un mundo posible, real o fabulado, del que, como insistía Friedrich Dürrenmatt, es parte inescindible el espectador: “Refiero personas, no marionetas, refiero un argumento, no una alegoría, erijo un mundo, no una moral (…). Ni siquiera pretendo confrontar mi pieza teatral con el mundo, porque todo esto sobreviene naturalmente por sí mismo en tanto también el espectador hace al teatro”.

Con esto, el autor suizo buscaba poner de relieve la inmediatez, y en este sentido, la unicidad esencial a la situación teatral: “Un libro puedes leerlo dos veces, puedes volver las páginas atrás; en el teatro todo es presente. (…) A través del teatro, de la representación de la pieza teatral, ésta deviene visible, escuchable, tangible, y con esto también inmediata”.

Vemos así también cómo el drama se distingue de su puesta en escena: una interpretación del mismo a cargo del director. En el caso de obras extranjeras, el director se encuentra a su vez con un texto que ya ha sido objeto de traslación por arte de un traductor.

Desde un análisis lingüístico, podríamos hacer una enumeración de “problemas de traducción” que a primera vista parecen incumbir específica o especialmente al traductor de textos dramáticos. Sin embargo, pronto caeremos en la cuenta de que éstos alcanzan también a otros géneros: el problema de la deixis –los indicadores de espacio, tiempo y persona–, el problema de cómo traducir metáforas, juegos de palabras, de cómo traducir toda una cultura– ¿acaso se debe acercar el texto a la cultura local, familiarizarlo, o conservar su inexpugnable extranjería? –; la cuestión, por último, de la oralidad. Una versión para el teatro debe poder “ser dicha”, debe fluir en boca de los actores. No obstante, no olvidemos que la del teatro es una oralidad específica, ceñida a la escena, un habla dramaturgizada que no necesariamente es idéntica al lenguaje coloquial. En el teatro, el habla cumple una función estética, sale a escena maquillada y no consiente, por ejemplo, la redundancia.

Por todo esto, propongo pensar que la primera singularidad que deberá considerar el traductor de obras de teatro es la misma que hace al género que la motiva: la presencia inmediata del espectador. El drama sólo ofrece un posible mundo acabado en la medida que existe una audiencia que asiste a lo representado. Ahora bien, ¿cuál es el medio entre el texto dramatizado y la audiencia? El lenguaje, sí, pero, pongámonos minuciosos: el sonido. Y junto a éste, un sinnúmero de elementos paraverbales constituyentes de sentido, que se desprenden denotativa o connotativamente del texto mismo: pausas, entonaciones, inflexiones de la voz y sincronía de gestos, distancias entre los parlamentos; un ritmo, un tono más o menos palpable que el traductor deberá oír para recrear en el sistema de su versión.

El oído del traductor
Si el sonido es la materia de la música, el texto dramático es la partitura que ha de ser interpretada. La idea no es novedosa; se remonta al británico Harley Granville Barker (1877-1946): “The text of a play is a score waiting performance.” Después Dürrenmatt dijo casi lo mismo: “El texto de una pieza teatral es una partitura, que ha de ser convertida en obra sobre el escenario. Esta conversión es lo que llamamos labor teatral”.

Así, al igual que en la partitura original, la música de la traducción será consonante o disonante, será susceptible de afinación, tendrá tonalidades, voces diferentes, movimientos. Como un elefante sobre las cuerdas del pentagrama, malabarista de sutilezas, el traductor trasladará las notas y recreará en la lengua meta una nueva partitura. No es un compositor, no, el traductor de teatro es un tipo de particular de intérprete.

El traductor literario en general, y el de teatro en particular, se siente huérfano de bibliografía, de literatura que si no enseñe, al menos de pistas sobre qué recursos emplear para ejecutar su versión. Pero basta una pequeña vuelta de tuerca a la consideración del objeto para que se abra un mundo de herramientas por fuera de la lingüística, por fuera, incluso, de cualquier compendio de traductología. El traductor de teatro, artista de su versión, podrá nutrirse por ejemplo del tratado de armonía de Arnold Schönberg, quien escribe del arte que: “no expone simplemente los objetos o circunstancias que producen la sensación, sino, sobre todo, la sensación misma; eventualmente sin referencia al qué, al cuándo ni al cómo”. Ya en 1420 Leonardo Bruni escribió en su De interpretatione recta que “es preciso que tu oído (traductor) posea un juicio riguroso a fin de que no desordenes ni confundas lo que se ha expresado pulida y rítmicamente”. Humberto Eco incluso dice que para preservar el nivel rítmico el traductor puede eximirse de la obediencia a la letra del texto fuente. Para eso propone decidir cuál es el verdadero propósito del texto. Es lo que dicen quienes abogan por la funcionalidad de una traducción: ésta debe producir el mismo efecto que pretendía el original. El texto dramático se presenta así como un fresco, en el que el sentido de cada parlamento se desprende sólo de la totalidad de la obra. Para que cumpla su propósito, para que funcione, el traductor hará una lectura integral y construirá una hipótesis de trabajo sobre el mundo posible que el texto busca representar. “El teatro consiste en producir representaciones vivas de hechos humanos tramados o inventados, con el fin de divertir. Aquí nos referimos al teatro, sea antiguo o moderno”, proclama Brecht en el primer ítem de su Breviario de Estética Teatral. Un buen punto de partida para el traductor teatral.

Sobre la traducción al castellano de la Nueva Dramaturgia de habla alemana
Si el texto dramático recién verifica su aptitud teatral sobre el escenario, la traducción de obras de teatro es un arte vivencial emparentado con la labor del dramaturgista (el que vela por la concepción escénica para la representación de un texto dramático).

Sobre la base de esta idea, hace años que el Internationales Theaterinstitut (ITI), viene realizando encuentros internacionales de traductores especializados en el marco del festival de obras dramáticas de Mülheim (Stücke) con el objeto de que el traductor, sujeto poco gregario, pueda empaparse de las últimas tendencias en la dramaturgia de habla alemana e intercambiar puntos de vista con colegas de otros países. En 2009, por iniciativa de Hartmut Becher, el ITI organizó junto con el Goethe-Institut el primer taller exclusivo para traductores al castellano. Guiados por Andrea Zagorski y Thomas Brovot, colegas de toda América latina asistimos a un encuentro cuyos momentos más sublimes coincidieron tal vez con la lectura en voz alta de las versiones bosquejadas durante la jornada de trabajo: la hora de la verdad, por decirlo de alguna manera. Durante el taller se comprobó que una dificultad recurrente para el traductor de teatro es la fragmentación de la lengua española, con sus múltiples centros de irradiación, cada uno con peculiaridades expresivas. Si bien tradicionalmente, y dadas las exigencias del mercado editorial, existe un acuerdo tácito entre los traductores literarios de utilizar una suerte de lingua communis, cuyos rasgos más notorios serían el empleo del tuteo (aun en aquellos lugares donde prevalece el voseo) y de un vocabulario falazmente llamado “neutro”, el problema específico del teatro actual es que suele estar escrito en una lengua coloquial, a veces incluso socio o idiolectal, en que las palabras tienen un valor más bien expletivo. Si en un escenario de Buenos Aires se conservara aquel vocabulario de pretendida neutralidad o uniformidad, escoltado de acartonado tuteo, no sólo se perderían matices de sentido sino que los términos que tienen por misión exclusiva dar énfasis y color reales pueden pasar desapercibidos, o lo que es peor, terminar disgustando al espectador. De ahí el acuerdo unánime entre los traductores asistentes a Mülheim sobre que las obras deben traducirse al lenguaje del lugar en que serán representadas. En todo caso, se propone realizar dos versiones: una destinada a la representación y otra en ese híbrido que sería una lengua común, de inteligencia universal, destinada a ser impresa y a circular por todo el ámbito hispanohablante. Una versión mejor o peor en este sentido, no obstante, también dependerá de la ductilidad del traductor elefante para hacer equilibrio sobre las filigranas del lenguaje.

Referencias
Bertolt Brecht, Breviario de estética teatral, Buenos Aires : La rosa blindada, 1963.

Uumberto Eco, Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción, Bs. As./Uruguay : Lumen, Sudamericana, 2008

Norbert Greiner / Andrew Jenkins, Sprachwissenschaftliche Aspekte der Theaterübersetzung en Übersetzung Translation Traduction (Eds. Harald Kittel et al), Berlín / New York : de Gruyter, 2004.

Jaime Rest, Reflexiones de un traductor, Buenos Aires : Revista SUR, 1976.

Thorsten Roelcke, Dramatische Kommunikation. Modell und Reflexion bei Dürrenmatt, Handke, Weiss. Berlín / New York: de Gruyter, 1994.

Arnold Schönberg, Harmonielehre, Viena : Universal Edition, 1922.

George Steiner, Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción, México : FCE, 2001.

martes, 1 de junio de 2010

Lo que vale la pena traducir

Allá por la prehistoria –vale decir, el 25 de junio de 1999–, Juan Gabriel López Guix publicó un brevísimo texto en El Trujamán, que ahora, gracias a la nueva ordenación en items temáticos a la que la publicación virtual ha sido sometida, resulta más fácil localizar. Como de costumbre, muy pocas palabras le han sido suficientes al administrador del sitio dedicado a Saki (http://sakipedia.blogspot.com/) para decir lo suyo y lo bueno, como de costumbre, es que sus ideas nos ayudan a pensar más allá de los lugares comunes sobre la traducción.

El loco y el lápiz

Fue el poeta Robert Frost (foto) quien dijo aquello de que poesía es todo aquello que se pierde en la traducción. Como frase no está mal. Con ella Frost se une a quienes consideran la traducción como un proyecto inherentemente fallido. No se trata de una imposibilidad absoluta o filosófica, al estilo de Ortega o Schleiermacher, quienes hablan de la traducción como una empresa «utópica» o «descabellada» en el sentido de considerar como tal toda empresa humana; sino de una afirmación literal: la poesía es intraducible.

No obstante, es mucho menos arriesgado sostener que la poesía es intraducible... para casi todos. (Del mismo modo que es imposible para casi todos hacer los cien metros en menos de diez o doce segundos; lo cual no excluye que el entrenamiento pueda servirnos para mejorar nuestras marcas.) Lo cierto es que siempre habrá un loco con un lápiz capaz de lograr cosas asombrosas. Y, en el camino, hacer que su solución parezca sencilla.

Quizá resulte más acertado afirmar que poesía es todo aquello que merece ser traducido. Y como frase tampoco está mal.